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Tuesday, April 28, 2015

Un día de caravana y encuentro

El domingo 26 de abril de 2015 se celebró el 5º Tour de Clásicos por Hurlingham y la posterior muestra estática en el Polideportivo Municipal de la ciudad de Hurlingham, en la provincia de Buenos Aires, organizado por La Barra de los Clásicos Automoto Club.

Los autos esperando el inicio del 5º Tour de Clásicos por Hurlingham.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.


Arrancó temprano a las 9:30 horas cuando los autos y las motos de todos los tiempos se reunieron en la Plaza Ravenscroft de la ciudad de Hurlingham para prepararse para la caravana que comenzaría a las 10:15 horas. Casi una hora más tarde los automóviles arribaban al Polideportivo Municipal.

Muchos se sumaron para dar la vuelta por las calles de la ciudad de Hurlingham por quinta vez y para celebrar los primeros 15 años de la fundación de La Barra de los Clásicos Automoto Club.

Rodolfo Mombelli con los afiches que les dieron a los participantes del
encuentro en Hurlingham. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Como siempre se recibe a los participantes con un cafecito y alguna medialuna. Ahí estaba Rodolfo Mombelli vestido de gaucho para darnos la bienvenida a todos los participantes. El día desde el comienzo fue espectacular en materia de clima. Tuve la suerte de participar nuevamente, por quinta vez, de esta reunión fierrera.

La primera vez fui por invitación de mi amigo Víctor Caputo junto a su Chevrolet Champion modelo 1928 de color amarillo. Este año también estuvo presente. Haciendo cuentas Archivo de autos, de una forma u otra, está presente desde el principio en los Tours de Hurlingham. Así que ahí estaba de nuevo para ver, y ahora, contarles lo que vi y viví ese domingo otoñal con categoría de verano.

Los amigos fierreros de San Miguel. En primer plano el Chevrolet Champion 1928,
detrás el Messerschmitt 1958 y al fondo la rural Mercedes-Benz 170 SD 1955.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Se tardó en llegar al Polideportivo Municipal, y eso que no había tantos autos y motos como en otras ocasiones. Eso fue en la caravana, tal vez, las elecciones primarias en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires les restara vehículos a la caravana. Lo que no fue así en el predio. Pero ya vamos a llegar a eso.

Igual el 5º Tour por Hurlingham fue colorido y vistoso, como siempre. Con vecinos que se paran para apreciar el paso de los autos y las motos. Siempre le digo a todo el mundo que si no fue participante de una caravana de autos antiguos y clásicos no sabe de qué hablo. Lo digo por experiencia.

El público en el Polideportivo Municipal de Hurlingham por la mañana. En la
tarde se hacía difícil caminar por el lugar. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Esta vez estuve a bordo de la rural Mercedes-Benz 170 SD modelo 1955 de color celeste que es propiedad de mi padre José Lorenzo Uldane y que estaba a su mando. Yo solo era el copiloto y veedor de todas las cosas que pasan en el entorno de un espectáculo de estas características.

¿Cuándo algunos municipios del conurbano bonaerense tomarán conciencia de este tipo de atracción para los vecinos y los sentimientos que provocan? Creo sinceramente que son parte de la cultura de los argentinos. Quien más, o quién menos, tiene un contacto con los autos, en especial los viejos. Aquellos viejos autos que supimos conseguir, como pregona Archivo de autos. Y dentro de esa categoría están los que llamo "autos vivos".


El Messerschmitt de San Miguel elegido entre los mejores autos para ser expuesto.
Está al lado de un BMW Isetta, detrás el Chevrolet Sedan dos puertas 1938.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Como el caso de un Messerschmitt modelo 1958 armado por la empresa Panambí en Argentina que llegó en caravana desde la ciudad de San Miguel para participar del 5º Tour de Clásicos por Hurlingham. Un amigo fierrero, Jorge, que usa a diario su moto cabina, tal la denominación. En San Miguel es conocido y el chiste es que parece escapado de la calesita de la plaza.

Dentro de esos "autos vivos" encuadra la rural Mercedes de mi padre que la usa, no todos los días, pero si sale periódicamente. Y al igual que el Messerschmitt ya es conocida de la zona. Eso es un auto antiguo o clásico en funcionamiento con un uso cotidiano. Menciono esto porque durante el desarrollo de la caravana vi varios autos con problemas o fallas. Y eso es por no usarlos. 

Más autos antiguos en la cancha de básquet del Polideportivo
Municipal de Hurlingham. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Volviendo a la caravana y al llegar al predio la marcha se hizo más lenta por la cantidad de autos, que incluso era menor a otros años. Pero en el predio del Polideportivo Municipal las cosas eran bien distintas. Muchos autos, pero muchos, en especial después del mediodía seguían arribando autos de todo tipo. Algunos dicen que se llegaron a 400 autos. Creo tal vez eran un poco menos, pero no mucho menos.

En la puerta y organizando la entrada estaba Christian Grillo un integrante de La Barra de los Clásicos Automoto Club, y seguidor de Archivo de autos. A quien conozco de antes gracias a las gestiones de Guillermo Piano. Nos guiaba para que nos ubicáramos correctamente. Fue él quien eligió a un Chevrolet Sedan dos puertas del año 1938 de color verde en un estado inmaculado para estar en un lugar preferencial en la cancha de básquet del predio. Ese auto es de un seguidor de Archivo de autos y vino por la convocatoria de la página en Facebook. Jorge su propietario era la primera vez que estaba en un encuentro de autos. Me dijo que fue una experiencia magnífica para él.

El Chevrolet Sedan dos puertas 1938 del seguidor de Archivo de autos.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Una vez que se acomodaron los autos del grupo de amigos fierreros que fuimos desde San Miguel salí a visitar el sitio. Pronto me topé con Guillermo Piano socio fundador de La Barra de los Clásicos Automoto Club. Hablar con Guillermo de autos es un placer. Pero no solo es de autos sino de sentimientos que van más allá de los fierros mismos. Lo conozco de hace años y gracias a mi amigo Víctor, el del Champion amarillo.

Fotos saqué en cantidad pero en esta nota solo publico algunas a modo de crónica de lo que pasó ese domingo 26 de abril. Como para que tengan una idea de los vehículos expuestos y la calidad de los mismos.

Las motos a la sombra mezcladas las antiguas con las clásicas.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Un párrafo a parte fue la presencia de Luis Giribone, de José C. Paz, con sus esculturas realizadas con partes mecánicas que normalmente van a parar al desarmadero. Fue su primera vez en Hurlingham gracias a Guillermo Piano que le permitió asistir y exponer sus obras. Un éxito total se pasó todo el día hablando con el público que se acercaba a su stand. Giribone vino con la barra de amigos fierreros que partimos desde San Miguel.

En la tarde fue un constante encuentro con amigos y conocidos fierreros. En especial dos. Christian Bottiggi que se encontró con mi padre en la planta de la VTV (Verificación Técnica Vehicular) de Malvinas Argentinas, en el control anual de la rural Mercedes de su propiedad, y quería conocerme por ser seguidor de la página de Archivo de autos en Facebook. Un verdadero tipazo que hasta me presentó a su esposa. Poseedor de un DKW que está aprontando para unirse al grupo de amigos de San Miguel.

Dos alemanes: la rural Mercedes-Benz 170 SD 1955 de mi padre José Lorenzo
Uldane al lado de un Escarabajo. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

El otro encuentro fierrero fue con F62 un viejo seguidor del blog de Archivo de autos. Son cuatro años de intercambiar mails y participar en "La Preguntita del Domingo" o de aportar datos. Además fuimos a la misma escuela primaria pero en distintas épocas. Puse una cara y una calidez a un seudónimo de un entusiasta de los autos viejos. Otro fierrero que me presentó a su esposa. Ahora ya es otra la relación: más humana con el cara a cara.

A la tarde el Polideportivo Municipal explotó de concurrencia de público se habla de cifras cercanas a las 3.000 personas. El día contribuyó mucho para la masiva asistencia del público al predio. Más que una tarde de otoño era de verano. En otras ocasiones me ha tocado días fríos y nublados. Cerca de la finalización del encuentro, 18 horas, el público seguía siendo numeroso.

Un auto de cien años: un Dodge de 1915, que vino andando como
en sus mejores épocas. Una joya. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

El Messerschmitt de Jorge tuvo el honor de ser seleccionado para ser expuesto en el playón, o cancha de básquet, para que el público lo pudiera admirar. Ahí estuvo junto a otros dos micro autos: un BMW Isetta y Minicar De Carlo. Junto con el Messerschmitt, la rural Mercedes, emprendió el regreso a San Miguel y el día había terminado con mucha satisfacción.

Como editor de Archivo de autos no tuve muchos momentos de descanso. Me la pasé de un lado a otro saludando seguidores y amigos. Así es como en la tarde hablé con Gustavo Feder, de Autohistoria, Fernando Gómez, Juan Pablo Arrighi y Alberto, de quien no conozco su apellido, todos seguidores de Archivo de autos. Terminé ese domingo algo disfónico de tanta charla fierrera. Otro que llegó tarde, pero su Kaiser Carabela estuvo temprano al mando de su hijo, fue Jorge Navill otro amigo de Hurlingham.

Las esculturas de Luis Giribone que están realizadas con partes mecánicas
de diferentes marcas y modelos. Un artista de José C. Paz y un amigo fierrero.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

El balance fue muy positivo máxime si tomo las palabras de agradecimiento que Guillermo Piano publicó en Facebook, tanto en mi cuenta personal, como en la página de Archivo de autos. Solo se me ocurre una palabra: gracias.

Será hasta el año que viene con el 6º Tour de Clásicos por Hurlingham, si todo va bien estaremos nuevamente para luego contarles a los seguidores de Archivo de autos, que no pudieron asistir al encuentro, lo que pasó ese domingo fierrero. 

Hasta el 2016.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Thursday, April 23, 2015

Caravana y encuentro en Hurlingham

El próximo domingo 26 de abril se realizará el 5º Tour de Clásicos de Hurlingham organizado por La Barra de los Clásicos Automotoclub para celebrar sus primeros 15 años de vida. La concentración de los automóviles y motocicletas se hará, como siempre, en la Plaza John Ravenscroft ubicada en Avenida Roca y Gobernador O' Brien de la ciudad de Hurlingham. La hora para reunirse es 9:30 horas de ahí se partirá en caravana por las calles de la ciudad para luego finalizar, a las 11:30 horas, en el predio del Polideportivo Municipal ubicado en la Avenida Vergara y Paso Morales, donde se realizará la muestra estática de los vehículos participantes hasta las 18 horas. La entrada será libre y gratuita, pero los organizadores piden que acerquen un alimento no perecedero que luego será donado a una institución de Hurlingham.



Archivo de autos estará presente junto a un grupo de amigos amantes de los fierros viejos que partirá en caravana desde la ciudad de San Miguel. El autor de estas líneas estará a bordo de la rural Mercedes-Benz 170 SD modelo 1955 propiedad de mi padre José Lorenzo Uldane. Que una vez más, la rural Mercedes, estará presente en la caravana y posterior encuentro.

Para aquellos que disfrutan de los autos y motos antiguas y los autos clásicos es una hermosa oportunidad para verlos reunidos en una caravana colorida y original. Luego tienen otra chance más, a partir del mediodía dominguero, para verlos detenidos en el predio del Polideportivo Municipal de Hurlingham y admirarlos de cerca. Además de cansarse de tomarles fotografías.

¡No se lo pierdan yo sé porque se los digo!

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

Tuesday, April 14, 2015

Expo Auto Argentino 2015

El domingo 12 de abril de 2015 se realizó la 6ª Edición de Expo Auto Argentino 2015 en el predio del Campo La Tradición en la localidad de Francisco Álvarez, partido de Moreno, en la provincia de Buenos Aires. La muestra de automóviles argentino se realizó entre las 10 y 17 horas con una concurrida presencia del público.

Los ganadores de Expo Auto Argentino 2015 junto con los
organizadores el domingo 12 de abril de 2015.


Unos 240 vehículos, según los organizadores, se dieron cita en la exposición anual que rescata la producción de la industria automotriz argentina. Como ya es costumbre los organizadores son las páginas Autohistoria y Coche Argentino en conjunto con el Rotary Club de Francisco Álvarez.

Archivo de autos estuvo presente como acreditado de prensa, por primera vez en su existencia, como sitio dedicado a los viejos autos que supimos conseguir. Todo un logro. La muestra estuvo llena de seguidores de Archivo de autos. Me la pasé charlando con muchos de ellos. Por ejemplo con Walter Garrido del Club del Siam, que me dio refugio en su gazebo del sol implacable; otro seguidor fue Diego de Uniendo los Clásicos de Argentina con quien mantuvimos una linda charla.

Algunos de los automóviles expuestos en Expo Auto Argentino
el domingo 12 de abril de 2015.

En el espacio de Uniendo los Clásicos de Argentina conocí a varios fierreros más que son fervorosos seguidores de las notas publicadas en Archivo de autos. Está demás decir que pude entrar al predio como acreditado de prensa por la gentileza de Gustavo Feder, de Autohistoria, y de José Luis Murgo, de Coche Argentino, a quienes conozco de hace un tiempo.

Ni bien llegué me topé con Diego Abal que estaba recibiendo en la puerta a los expositores previamente inscriptos, como es la costumbre en Expo Auto Argentino desde sus inicios. Más de 20 minutos mantuvimos de una charla fierrera, es lo que pasa en este tipo de encuentros.

La presentación del libro escrito por James McCloud, que fuera el presidente
de IKA (Industrias Kaiser Argentina SA) en Expo Auto Argentino 2015.

También vi de refilón, y muy ocupado a Emiliano Passarelli, de Camión Argentino, y al fotógrafo oficial de Expo Auto Argentino, Fernando Gómez, otro fierrero irredento. Otro que estaba en la muestra junto a Kaiser Carabela de color gris era Jorge Navill, otro conocido que ama los autos del pasado.

Un Siam Di Tella 1500 con un poco más de 32.000 kilómetros
reales en Expo Auto Argentino 2015.

La presentación del libro “Del Jeep al Torino: la historia de IKA, primera planta automotriz integrada de Sudamérica” de James McCloud fue uno de los puntos alto de la tarde del domingo. La presencia de los hijos de McCloud, Kimball y James James que vinieron, uno de Las Vegas en Estados Unidos y el otro de Santiago de Chileespecialmente para la presentación del libro escrito por su padre, le pusieron un marco familiar. Pero también estuvieron en la presentación Heriberto Pronello diseñador de autos de carrera y Juan Carlos López que fuera ingeniero de IKA (Industrias Kaiser Argentina SA).

Un Kaiser Bergantín Super 6 con su pintura de fábrica y motor Continental
de seis cilindros en Expo Auto Argentino 2015.

La presentación estuvo a cargo de Eduardo Smok del programa televisivo Auto al Día, Claudio Castro el editor del libro (Lenguaje Claro) y Eduardo Liotta restaurador de autos. Todo fue ameno con las anécdotas que contaron Pronello y López. Esa tarde conocimos un poco más de cómo se gestó esa empresa pionera llamada IKA.

Heriberto Pronello también expuso su prototipo de auto de carrera para competir en el Dakar. Y si de autos de carrera hablamos hubo dos leyendas en el predio que son los Torino 1 y 2 que participaron de las 84 Horas de Nürburgring en Alemania. Restaurados como si estuvieran listos para otras 84 horas.

Los Torino 1 y 2 que corrieran las 84 Horas de Nürburgring en
Alemania expuestos en Expo Auto Argentino 2015.

El día estuvo espectacular con un sol a pleno y rodeado de autos magníficos en su estado de conservación, como el Siam Di Tellacon un poco más de 32.000 kilómetros reales que me mostró Walter Garrido. O el Kaiser Bergantín Super con el motor Continental de 6 cilindros que parecía sacado del pasado con su pintura original. Solo se pueden ver esos autos en una muestra como Expo Auto Argentino.

El prototipo de Heriberto Pronello para participar
en el Dakar en Expo Auto Argentino 2015.

Pero hubo otro vehículo que no tenía motor y que fue armado por Alejandro Ochnio para la presentación del libro de la historia de IKA: el ¼ de Liebre, un triciclo a pedales de chapa galvanizada que le costó una noche de trabajo. Ochnio no solo es un incansable buceador de Internet en busca de datos para responder las preguntas de Archivo de autos, sino que también demostró sus capacidades constructivas.

El ¼ de Liebre de Alejandro Ochnio, ideal para repartir helados en época estival en
Expo Auto Argentino, frente al stand donde se presentó el libro de James McCloud.

El año que viene será otra oportunidad para encontrarse con el pasado de la industria automotriz argentina desde mediados de los años cincuenta cuando comienza la producción de la empresa IKA. Tan solo han pasado 60 años.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Saturday, December 6, 2014

Un Chivo azul

Mi relación con el Chevrolet Super del año 1969 comenzó hace más de 10 años. Lo rescaté de la ruina, casi total, y luego de más de 3 años logré que luciera como salido de fábrica. Estaba tan original, fue un intenso trabajo, que le agregué algún que otro toque para que no pareciera tan frío, sin vida. Porque esos autos que uno se encuentra en algunos encuentros son tan perfectos, tan lindos, tan originales, que parecen no tener vida.



Uno admira y reconoce el trabajo de rescate y restauración que le dedicó su dueño. Pero es como hacerlos tan perfectos, como recién salidos de la concesionaria, que les quita vida. Desearía un rayoncito, o una calcomanía, o algo que me dijera que el auto está vivo y no embalsamado.

Hasta a veces pienso que los trajeron en helicóptero, porque ni siquiera tienen la tierra, o polvo, que se puede acumular al circular por una ruta o camino, aunque sea sobre un tráiler. Lo interesante de tener un automóvil clásico es que uno pueda usarlo. Sin maltratarlo, claro, pero poder salir a dar una vuelta cada fin de semana. Cosa que muchos amantes de los fierros viejos hacen. Lo veo en la ciudad donde vivo, a unos pocos kilómetros de esa inmensa ciudad llamada Buenos Aires.

Conozco algunas personas que se cansaron de los nuevos autos de este siglo y cambiaron su cero kilómetro, con todas las ventajas que estos tienen, por un auto clásico. Sin levanta vidrios eléctricos, sin aire acondicionado y menos aún con dirección hidráulica. Y son inmensamente felices yendo todos los días a trabajar en su clásico. Muchos lo miran por detrás de sus vidrios polarizados con envidia. Ese clásico muchas veces cuesta como un cero kilómetro, pero la prestancia es infinitamente superior a manos, o ruedas en este caso, del veterano automóvil.

Esos autos recuperados del óxido y la destrucción son los que más admiro: sus dueños o dueñas, porque hay una legión de mujeres fierreras, que va en aumento, que usan sus autos, cuidándolos, pero los disfrutan. No entran en pánico por dos gotas de lluvia que moja sus parabrisas. Hace cosa de un año atrás en un encuentro de autos, con un día que amenazaba con llover desde media mañana, en un predio alejado de los centros urbanos escuché decir a uno de los dueños de los autos expuestos: “mi auto hace tres años que no conoce la lluvia”. Uno de mis amigos por lo bajo me dijo, “hoy la va a conocer”. Y así fue. Llovió para hacer dulce y guardar para tiempo de seca.

Pero este relato no es un tratado de cómo cuidar tu auto clásico sino contar un suceso que tiene que ver con automóviles de ese tipo y no me refiero a mi Chivo azul. Sino qué nos pasó a un amigo y a mí arriba de ese auto.

Todo comenzó una mañana de primavera esas que son fresquitas y luego se ponen cálidas sin fanatizarse. Un saquito de lana o chalequito alcanza para soportar el frío. Poco abrigo, pero del tipo ropa de cebolla, esa que nos vamos sacando por capas, sin llegar al striptease, se entiende.

Ese día de primavera me iba a encontrar con un amigo fierrero, que se encuentra en proceso de restauración de su auto, y no quería perderse la caravana y encuentro al que asistiría ese domingo. Como iba solo la compañía no me vendría nada mal. Y lo bueno que fue tener un amigo donde apoyarse en los sucesos que nos tocó vivir.

Arranqué el Chivo en el garaje de casa y esperé a que se templara un poco su ronroneante motor y salí rumbo al encuentro de mi amigo Lucas, tal su nombre. Quedamos que lo pasaría a buscar por su casa. Le tuve que insistir en eso, quería venir a mi casa. “Pero si para el punto de encuentro de la caravana paso por tu casa”, le dije. Eso lo convenció que hasta podría dormir unos minutos más ese domingo. Lucas es de trasnochar los sábados y le cuesta horrores levantarse temprano.

“Cuando tengas listo el Torino, cómo vas hacer para ir a los encuentros”, le pregunté. “Eso es otra cosa. Por el Toro me levanto a las 6 de mañana”, dijo Lucas. Para mis adentros pensé que no se iba a dormir si se queda de joda hasta tarde, o muy temprano, como las 6 de la mañana.

Ahí estaba Lucas preparado en la puerta de su casa mirando el reloj. Pero yo estaba llegando puntual. Solo era para molestarme. Hasta se había traído una heladerita y todo. Por suerte el baúl del Chivo es amplio para meter bártulos de todo tipo. Heladera portátil, mesa de camping, sillas y reposeras entran con suma comodidad.

Recuerdo que mi viejo tuvo un 400 al que le metió en el baúl una puerta completa de un Fiat 600, que estaba reparando. Me quieren decir en que auto nuevo se puede hacer esto, sin irnos a automóviles de altísima gama y altísimo precio. Pero no es tema nuestro discutir si los baúles de los nuevos autos que nos supieron conseguir son amplios o no. El tema nuestro es los raros sucesos que vivimos ese domingo de primavera.

Luego de los saludos y las chanzas de Lucas arrancamos hacia el punto de reunión donde nos concentraríamos los automóviles antiguos y clásicos que partiríamos en caravana y el posterior encuentro con la muestra estática en un predio parquizado, que por suerte estaba plagado de árboles. Sabía que el lugar era bueno, por eso era que invité a Lucas. No soporta estar mucho tiempo al sol. Necesita la sombra de un viejo y querido árbol. Como los autos clásicos.

Una interesante cantidad de autos se comenzaron a sumar alrededor de la plaza que era el punto de salida de la caravana. Autos de todas las épocas se comenzaron a dar cita. Hasta aparecieron motos antiguas y clásicas, una verdadera belleza. La gente que paseaba a sus perros o los que caminaban por el lugar se acercaron  a los autos estacionados como moscas a la miel.

Lo de siempre: fotos con el celular y exclamaciones ante cada nuevo descubrimiento de un auto antiguo o clásico. Luego empiezan a aparecer los gustos personales, pero eso cuando se disipa la sorpresa de encontrarse en un lugar habitual con semejante espectáculo matutino.

Luego de unos 40 minutos avisaron que en unos 5 minutos más partiríamos en caravana. Por delante iría un patrullero municipal abriendo el camino de los casi 100 autos y motos que se habían sumado. “Vamos a hacer un lindo despelote”, le dije a Lucas que era debutante en esto de las caravanas de autos clásicos. La verdad que estaba contento como chico con juguete nuevo. No paraba de sacar fotos de todas las formas posibles.

“Vas a acabar la batería de la cámara antes que lleguemos al predio”, le dije. “Traje otra batería de repuesto”, fue su respuesta. Así que pensé que no solo serían fotos sino que también tomaría más de un video para luego subirlo a su muro en Facebook. Cosas de la modernidad y de los más jóvenes, como Lucas. Que en realidad es hijo de un amigo, pero a esta altura del partido es un amigo más aunque le lleve más de 30 años de edad.

Nos aprestamos a partir. Todos los autos y motos pusieron sus motores en marcha y arrancó la caravana. Lentamente los vehículos fuimos dejando la plaza para adentrarnos en las diferentes calles de la ciudad. En ese preciso instante Lucas comenzó con su filmación. Creo que estaba esperando ese momento desde el día que lo invité a la caravana y posterior encuentro. Lo que no esperaba es lo que sucedió más tarde.

Delante nuestro iba un Ford Falcon modelo 1965 de color rojo que estaba impecable. A esta altura del relato debo confesarles que no tengo fanatismo de marcas. Así que me da lo mismo estar arriba de un Chevrolet como de un Ford. Pienso que es una estupidez soberana ese tipo de fanatismo. Como siempre digo con un fanático no se puede ni dialogar, ni razonar. Y eso se aplica a cualquier orden de la vida.

Esta aclaración la hago porque con Lucas habíamos estado admirando el Falcon y el dedicado trabajo de restauración que le habían realizado al auto. Hablé con su dueño y lo felicité por el trabajo que había hecho. Se sorprendió un poco que se lo dijera el dueño de un Chivo azul. Pero se sintió halagado por el cumplido merecido.

Lucas comenzó a filmar al Falcon que iba por delante y giró la cámara y enfocó a los autos que nos seguían. También hizo un paneo por la gente que en las veredas saludaba el paso de los autos y las motos. Para mí, que ya tengo alguna experiencia en las caravanas, es un clásico la reacción del público. Por eso siempre recomiendo con énfasis que este tipo de actividad debe contar con el apoyo de las autoridades municipales para su realización. Todos, o casi todos, se ponen contentos ante el paso de los autos.

Como un chico se puso a ver lo que había filmado con su cámara de alta definición. “¡No puede ser!”, exclamó casi en un grito. “¿Qué es lo que no puede ser?”, pregunté con algunos años más de vida. Justo se produjo una parada y me pasó la cámara para que lo viera con mis propios ojos. En el Ford Falcon rojo aparecían dos personas sentadas en el asiento trasero. Pero el dueño del Falcon estaba solo. Lo estábamos viendo ahora mismo detenido delante de nosotros.

Un escalofrío recorrió mi espalda, aunque la mañana comenzaba a entibiarse notablemente. Qué carajo había pasado. Porque los dos pasajeros traseros no existían. De eso estábamos segurísimos. Teníamos el auto delante de nuestras narices. “Prepará la cámara para filmar”, le dije a Lucas. “¿Qué vas hacer?”, me preguntó. Le dije mi sencillo plan. Cuando arrancáramos de nuevo me pondría a la par del Ford Falcon rojo, del lado derecho.

Lucas entendió mi maniobra. Lo hicimos y al ponernos al lado del Falcon le toqué bocina y su dueño agitó su mano. Mientras tanto Lucas no se perdía detalle con su cámara. “¿Los ves en la pantalla?”, pregunté. Temía la respuesta de Lucas. Un no rotundo retumbó en mi cabeza. Imaginaba que las personas estarían en el video. Lo que no esperaba era que fueran más.

Así fue. En otra parada vimos los dos que en el Falcon iban más personas parecían tres adultos más un pequeño que apenas se asomaba. Un nuevo frío recorrió mi espalda y llegó a mis manos. Nuestro silencio por el resto de la caravana fue sepulcral. Qué eran esos pasajeros invisibles para nuestros ojos, pero no para la cámara. Muertos. Eso era seguro. Pero qué hacían en nuestra caravana.

Lucas seguía impresionado por esos seres que había visto en el Falcon rojo. Tomó la cámara, que había dejado abandonada, y disparó varias veces, a través del parabrisas hacia adelante. “No aparecen en las fotos”, dijo en tono pensativo. Era verdad los acompañantes del más allá no se veían en las fotos de la cámara, solo aparecían en los videos. Cosa de mandinga o de otro lado.

Llegamos al predio parquizado y el lugar era tan espectacular que nos hizo olvidar de los espectros del Falcon rojo. Como íbamos por nuestra cuenta sin pertenecer a ningún club adivinen a dónde nos ubicaron, exacto al lado del Falcon rojo.

Lucas estaba como paralizado cuando se dio cuenta que el Falcon con su carga de seres etéreos sería nuestro compañero en el encuentro por todo el resto del día. “Vamos que tenemos que disfrutar del encuentro. Para eso vinimos”, le dije a modo de arenga para sacarlo del trance que parecía estar teniendo. Acató la orden y salió del Chivo. Siempre con la mirada clavada en el Falcon, ahora vecino.

“Parece que vamos a estar juntos en el encuentro”, comentó el dueño del Falcon rojo mientras se bajaba. Claro lo tendríamos de vecino, pero el tipo no parecía nada raro y encima era muy simpático. “Tengo una mesa de camping en el baúl. Claro si quieren compartirla conmigo. Total estoy solo”, nos dijo a Lucas y a mí. De reojo miré a Lucas que se puso pálido. “Está bien”, le contesté ante la mirada inquisitoria de Lucas.

Pensé que hablando con el tipo del Falcon, Marcos, así se llamaba, lograría indagar sobre sus fantasmales compañeros de ruta. Marcos era muy extrovertido así que me imaginé que no sería nada difícil escrudiñar un poco con cierto tacto.

“Nos vamos a recorrer un rato. ¿Vos te quedas?”, le dije como para ganarme la confianza de Marcos. “Vayan tranquilos que yo me quedo cuidando los autos”, me respondió. En la recorrida por el predio Lucas me preguntó porqué había aceptado compartir la mesa con él si nosotros habíamos traído la nuestra. “Quiero saber quiénes son los pasajeros del Falcon”, le contesté. Lucas me miró entre asombrado y asustado. Le dije que de última eran almas, espectros o fantasmas que estaban dentro del Falcon por algo.

Imaginaba que por un accidente o algo parecido. Por una situación traumática no resuelta o algo por el estilo. Pero era evidente que no querían molestar, solo viajaban con Marcos y este parecía contento y acompañado. Al menos eso me parecía a mí. Pero Lucas no lograba reponerse de la impresión de lo visto a través de las imágenes del video de la mañana durante la caravana.

Marcos resultó ser un tipo muy entrador y charlatán. Agradable y de buen trato. Destilaba algo de buena persona. Como con brillo especial. Y eso lo terminaría de confirmar en el transcurso del día durante ese encuentro en un parque hermoso y debajo de una refrescante sombra de los árboles que rodeaban el predio.

En un momento de la tarde, luego que almorzáramos los tres juntos, Lucas se había relajado y no estaba tan tenso como al principio. Ahí me dije que era la oportunidad de indagar un poco. Justo por los altoparlantes anunciaron que tocaría una banda de blues que le gustaba mucho a Lucas. “Andá más cerca del escenario. Yo me quedo con Marcos”, le dije. No lo dudó un instante y marchó a la carrera para donde comenzaba a tocar la banda.

Ese era el momento a solas para encarar a Marcos. Pero creo que Marcos leía la mente o era un tipo muy intuitivo. “Los vieron en el video. ¿No?”, me soltó sin anestesia. “¿A quienes?”, le respondí haciéndome el soberano boludo. “A mis acompañantes”, me contestó. Listo no tengo escapatoria, el tipo está al tanto de todo. Y era cierto sabía mucho más de lo que creía.

Marcos compró el Ford Falcon rojo en un estado lamentable. Había sido abandonado en una casa luego que casi toda una familia muriera en un accidente de tránsito en la vieja Ruta 2 camino a unas vacaciones en Mar del Plata en el año 1966. No tenía un año de uso y apenas unos 15.000 kilómetros recorridos cuando chocó de frente con un camión que circulaba de contramano. El chófer del camión estaba totalmente borracho en tal grado que su recorrido original era hacia Mar del Plata y no a Buenos Aires, como estaba circulando.

Una historia repetida en las rutas argentinas por décadas, pero en este caso con seres que habían quedado atrapados por algún motivo entre nosotros los seres vivos. El único que se salvó, vaya paradoja, fue el chófer. Un joven de 18 años que era el hijo mayor de la familia y que ese viaje a la Costa Atlántica era un primer viaje en ruta y el estreno de su registro de conductor. Todo terminó en tragedia y con él como único testigo vivo del accidente. La carga para ese joven fue demoledora.

Se pasó mucho tiempo en un estado catatónico culpándose de la muerte de toda su familia, pero él no era el culpable. A su padre, un piloto de competición experimentado le hubiera pasado lo mismo. El camionero iba tan borracho que chocó al Falcon rojo del lado del acompañante y lo hizo volcar dentro de la zanja. Los que no murieron por el impacto se ahogaron. Un verdadero siniestro que Marcos se encargó de rastrear y encontrar en los diarios de la época.

“Toda una familia muere en la Ruta 2”, fue el título catástrofe del diario Crónica. Marcos no puede determinar si este accidente no fue uno de los que le puso el mote de “Ruta de la Muerte” a la vieja Ruta 2, hoy devenida en autovía. El joven de 1966 se llamaba Jorge y fue a él al que le compró el Falcon rojo. El auto estaba a su nombre, su padre se lo había prometido para cuando tuviera su licencia de conductor. Era una familia muy acomodada.

Después de años de internaciones psiquiátricas y visitas al psicólogo, Jorge, logró reponerse del trágico accidente. Pero para eso había pasado unos 40 años y ya estábamos en el siglo XXI. Se decidió a vender esa chatarra que estaba en su casa y Marcos, que conocía el auto, porque vivía cerca lo compró para restaurarlo. Tardó más de cinco años para dejarlo impecable, casi como estaba antes del fatal accidente.

Un día le dijo a Jorge si se animaba a dar una vuelta en el Falcon. Jorge lo pensó un tiempo y un día lo llamó y le dijo que estaba listo. Marcos lo pasó a buscar y juntos salieron a dar una vuelta. Jorge lloró una parte del camino. Imagino lo que volvía a sentir un hombre de casi 60 años. En eso le preguntó a Marcos “¿puedo manejarlo?”. “Claro era tuyo como no lo vas a poder manejar”, le contestó.

Jorge se puso al volante y en forma temblorosa empuñó el volante. Era parte de un exorcismo, por decirlo de una forma. Era como volver a 1966 antes del choque. Lo hizo, manejó el Falcon y una alegría inmensa se le pintó en el rostro. Se había curado luego de 40 años de angustias, sufrimiento y largos tratamientos. Ahora está en pareja, cosa que no había podido realizar durante todos esos años, y tiene una vida feliz y normal. Hasta lo acompaña a Marcos en algunos encuentros. Hoy no había venido porque era el cumpleaños de Marta su pareja.

Mi duda era porqué la familia de Jorge se aparecía dentro del Falcon de Marcos. Se lo hice saber. “Me acompañan cuando estoy solo sin Jorge”, me respondió de la forma más natural. Para una situación de lo más sobrenatural. Me contó que la primera vez que vio a los familiares de Jorge fue cuando su novia le tomó un video desde otro automóvil cuando salía a dar una vuelta con algunos amigos.

No se dieron cuenta hasta que a la noche, de regreso en casa, vieron el video. Marcos pensó inmediatamente en la familia muerta en el choque, sabía del accidente desde hacia muchos años antes de comprarlo. Se lo contó a Jorge. Este no se impresionó, al contrario le dijo “te están cuidando. Se alegraron que me volvieras a la vida. Yo era un muerto de este lado.” Ahí le contó que más de una vez sus padres y hermanos se le habían aparecido diciendo que no era el culpable y que tenía que superar la situación. Pero a Jorge le llevó cuatro décadas hacerlo y en parte el artífice de eso era Marcos, que le compró el auto, luego de insistir por años. Esa venta produjo un quiebre que logró que Jorge se recuperara y tuviera un vida como la gente.

Así que ahora la familia de Jorge, los García, lo cuidan a Marcos. Y no es chiste. Un día el Falcon no arrancó. No hubo forma de ponerlo en marcha. Luego de una hora de intentar por todos los medios, y viendo que llegaba tarde a un encuentro en Lobos, puteó y giró la llave de contacto. Como si nada hubiera pasado por una hora el Ford Falcon rojo ronroneó como siempre.

Marcos no entendía que había pasado hasta que llegó a la Ruta 205 y se enteró del choque y vuelco de dos camiones justo a la hora que tendría que haber pasado él, con su novia, por ese lugar. Ahí se dio cuenta que estaba protegido, más si viajaba solo.

Había terminado de contarme la historia de su Falcon rojo cuando apareció Lucas eufórico por el recital de su amada banda de blues. Estábamos tomando gaseosa con Marcos y propuse un brindis por los García. “¿Quiénes son los García?”, preguntó inocentemente Lucas y añadió “¿son una banda?”. Reímos a carcajadas con Marcos. Ya habría tiempo de explicarle a Lucas quiénes eran los García.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Thursday, November 6, 2014

Tercer Encuentro de Don Torcuato

El próximo domingo 9 de noviembre se realizará el 3º Encuentro de Motos y Autos Clásicos en la ciudad de Don Torcuato, provincia de Buenos Aires, en el Club de Caza y Pesca ubicado en la Ruta 202 y Balbastro que organizará el Club de Leones Don Torcuato Centro. La entrada será un alimento no perecedero y la muestra se realizará a partir de las 11 horas hasta las 18 horas.



Pero lo interesante de este encuentro es que aquellos que expongan sus autos o motos recibirán un vale para obtener un 50% de descuento en el buffet del club. Además de llevarse, como recuerdo, un diplomay una medalla que hace mención a su participación en este encuentro solidario. También habrá una feria de artesanos junto con los autos y motos expuestos en el predio del Club de Caza y Pesca de Don Torcuato.

Los alimentos recaudados serán entregados a comedores de la zona de Don Torcuato, donde realiza su acción solidaria el Club Leones Don Torcuato Centro. En caso de lluvia la fecha se pasa para el domingo 16 de noviembre en el mismo lugar y a la misma hora.

Cualquier información adicional la pueden obtener en este mail:


Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Saturday, October 25, 2014

El extraño caso del Falcon y los sucesos que le tocó vivir

Mi amigo es digno de confianza, pero la historia que les contaré a continuación, pusieron en duda su credibilidad. Desde que le sucedió el episodio con su Falcon modelo 1966, un clásico, las cosas no volvieron a ser como antes, y eso que nos conocemos desde la infancia.


El Falcon es muy importante en la vida de mi amigo. A veces pienso que le dedica más tiempo que a su bella esposa. Pero esta tolera la situación, tal vez porque desde que lo conoce sabe de la pasión que tiene por su Falcon. Hasta le habla cuando el auto tiene alguna “nana” como dice mi amigo. Eso ya es un poco raro, pero los amantes de los fierros son así: creen que los autos sienten y te dicen cosas.

Pero no quiero hablar de ese tema en este momento. Sino que les quiero contar los sucesos extraños que le acontecieron a mi amigo hace ya un tiempo. Normalmente, mi amigo, concurre a muchos encuentros de autos en distintas partes. Incluso ha viajado una pila de kilómetros para ir a un encuentro en alguna provincia.

En general su bella esposa lo acompaña y a veces pienso que no se que le admiran más a mi amigo, si su Falcon clásico o su esposa. Pero no es cuestión  mía analizar esos conceptos, sino contarles que en aquella ocasión su esposa no fue porque tenía que encontrarse con sus ex compañeras del secundario y no se lo quería perder. Así que mi amigo partió solo, en realidad acompañado por su amado Falcon.

El encuentro no era muy lejos. En una localidad de la provincia de Buenos Aires que mantendré en el anonimato dadas las circunstancias de lo que les voy contar. El viaje de ida fue sin inconvenientes con reiterados mensajes de texto y llamados de su esposa para saber cómo le iba en el viaje, ya que estaba solo. En realidad no lo estaba el Falcon lo llevaba y sería su gran compañía en lo que vendría hacia el final de la jornada.

Mi amigo llegó al encuentro y se encontró con otros integrantes del club de los Falcon al que pertenecía. En realidad se los había encontrado antes en una estación de servicio en la ruta hacia el predio donde se realizaría el encuentro de autos antiguos y clásicos. Pero para los que hemos tenido la suerte de concurrir a reuniones de este tipo sabemos que el encuentro comienza cuando nos reunimos en un punto acordado con los que vamos hacia el lugar donde se realizará la muestra.

Todo se desarrolló sin inconvenientes y la concurrencia de autos fue numerosa y de gran calidad los vehículos expuestos. Todo esto según mi amigo, porque ese día no pude ir a ese encuentro por problemas laborales. Pero eso me lo contó tiempo después cuando logró recuperarse, es una forma de decir, de los extraños acontecimientos que le tocaron vivir a bordo del Falcon de sus amores.

El día fue espectacular, según mi amigo, hasta que volvieron a la tardecita. Salieron un poco tarde porque la entrega de los trofeos y los diplomas se alargó mucho. Eran muchos clubes los que asistieron y una gran cantidad de autos que se presentaron al encuentro.

Comenzaron el regreso en caravana hacia sus respectivas casas. Era domingo y el lunes había que ir a trabajar como todas las semanas. Había que pagar los gastos que genera un auto clásico de los años sesenta. Salieron a la ruta y comenzaron a desandar los kilómetros que los separaban de sus respectivos hogares. Su bella esposa lo esperaba, ya en casa, como le avisó a su celular.

En la ruta había ocurrido un accidente así que los desviaron por unas calles vecinales. La idea, según les dijeron los policías que desviaban el tránsito, era seguir por dentro del pueblo hasta el final donde había un retome hacia la ruta. Así que todos los autos tomaron por esas calles pueblerinas, despacio, y ante la mirada de los vecinos que tendrían para hablar dos o tres días en la semana. No siempre pasa una caravana de autos clásicos por la puerta de tu casa.

Todo iba bien, pero despacio. Hasta que al final del pueblo una niebla espesa comenzó a reducir la visibilidad. Era primavera y esas cosas pasan cuando hay mucha humedad en el ambiente. Pero esa niebla no parecía muy normal, según me contó mi amigo. Primero que apareció de golpe en las últimas casas del pueblo y segundo que se tornó tan densa que él dejó de ver el auto que venía por delante.

Para ese momento los autos de la caravana habían encendido las luces de posición porque casi era de noche. Niebla y noche no son un buen dúo. La niebla seguía espesándose y mi amigo cada vez veía menos. Varias veces sacó la cabeza por la ventanilla para ver mejor para adelante, pero era una tarea inútil. No se veía nada y tampoco se oía nada. Tanto era así que dejó de oír el escape del Torino que iba delante de él.

Mi amigo comenzó a sospechar que estaban perdidos, él y el Falcon. Pero por otro lado pensaba cómo nos vamos a perder si no giramos en ningún lado. Tal vez ese era el error y no había visto la salida a la ruta para retomar el rumbo a casa. Pero la niebla era tan espesa que no era posible ver donde cuernos estaba.

“Pero que salame si tengo el celular”, se dijo para sus adentro. Mientras manejaba marcó el número de su amigo que iba en otro Falcon, por delante de él, en la caravana. Ese amigo no contestaba. Mi amigo no quería detenerse porque no quería que lo chocaran de atrás. Sabían que por detrás venían muchos otros autos que habían estado en el encuentro.

Vuelve a intentar con el llamado por el celular y ahí se avivó que estaba muerto, el teléfono digo. No había la mínima rayita de señal. “Y la puta que lo parió a todas las empresas de celulares”, rezongó por lo bajo mi amigo. Cuando más necesitas del celular este te abandona, como el desodorante de la publicidad de la tele.

Siguió manejando más que por ver el camino por instinto. El siempre me dijo que se llevó muy bien con su Falcon. Pero las cosas pueden fallar. Alguien famoso lo decía continuamente ¿no? Falló. El Falcon tosió y se apagaron todas las luces junto con el motor. “No me podes hacer esto ahora”, le dijo mi amigo a su auto. Miró por el espejo esperando el topetazo del que venía atrás de él. Cerró los ojos y apretó los dientes. Nada pasó. El silencio de un cementerio lo rodeaba, donde los vecinos no charlan con nadie.

Intentó darle arranque al Falcon y este tosió nuevamente, pero no arrancó. “Vamos por la segunda y ¡la puta madre arrancá!”, le gritó a su auto. Parece que eso surtió efecto y el Falcon comenzó nuevamente a ronronear debajo del capot. Las luces se encendieron nuevamente y todo comenzó a funcionar como si nada hubiese pasado. Hasta la niebla comenzaba a disiparse.

“Al fin algo bueno”, dijo mi amigo que paulatinamente recuperaba el paisaje que lo rodeaba en aquel pueblo perdido al borde de la ruta. No tenía la menor idea de donde estaba. “Calma. Ante todo calmémonos”, se dijo para sus adentros. Instintivamente encendió la radio, que como corresponde era la que traía de fábrica el Ford Falcon. Le había costado dos años de intensa búsqueda por Internet, cuevas y desarmaderos de todo tipo y pelaje.

“Bienvenida primavera de 1966”, vociferaba el locutor de la radio. “Qué dijo este imbécil”, pensó mi amigo. “Acá estamos en el desfile del Día de la Primavera”, agregó el locutor de la radio. Mi amigo comenzó a ponerse muy serio, ese domingo era 21 de septiembre, ahora no importa el año, pero lo cierto que no era 1966, sino que habían pasado casi 50 años de esa fecha.

“Ja, la radio atrasa”, pensó mi amigo. Pero no era así la había usado muchas veces y funcionaba correctamente. Había escuchado programas de la época actual. Giró la perilla del dial y sintonizó otra radio que pasaba una publicidad del aceite Ybarra, ese que había en su casa cuando era un niño. Todas las demás estaciones de la radio del Falcon trasmitían programas del año 1966.

Mi amigo no sabía qué pensar. Lentamente la niebla se disipó y descubrió que todavía estaba dentro del pueblo de al lado de la ruta. Pero no era de noche como el creía que debería ser por la hora que habían salido del predio del encuentro. Siguió por la calle que venía buscando una explicación. Nada de nada. Dobló en la esquina siguiente. “Produzcamos un cambio”, se dijo.

Y el cambio se manifestó en unos pibes que jugaban a la pelota en medio de la calle. Esto no le llamó la atención a mi amigo. Lo que despertó su interés era que todos tenían pantalones cortos, pero no de un equipo de futbol. Eran parecidos a los que usaba su padre cuando era chico. “Cuidado que viene un auto”, gritó uno de los pibes de la calle. Mi amigo lentamente se acercó a los chicos totalmente extrañado por todo lo que estaba sucediendo.

“¿Qué día es hoy?”, le preguntó mi amigo a uno de los chicos de la cuadra. “Hoy es el Día de la Primavera, don”, fue la respuesta que mi amigo no quería escuchar. “¿Y en qué año estamos?”, arriesgó a fuerza de que lo consideraran algo loco. “Don, es el año 1966. ¿No lo sabía?”, le dijo el pibe con cara intrigada. “Quería saber si vos lo sabias” y de esta forma, a mi amigo, eludió elegantemente la situación. “El don no sabe que año es”, gritó el pibe a toda la barra que jugaba a la pelota. Las risas de todos lo repuso un poco a mi amigo, que los saludó con la mano y tocando la bocina del Falcon.

“¿Es nuevo el Falcon?”, le preguntó el pibe. En ese momento mi amigo tuvo un rapto de lucidez y le contestó que sí que lo había comprado hacía una semana. En realidad mi amigo tiene el Falcon desde hace 15 años y le llevó unos 5 años dejarlo como salido de la concesionaria en 1966… Se ve que el trabajo de restauración lo hizo en forma excelente para que un pibe de la época lo reconociera como contemporáneo.

Porque eso era lo que le pasó a mi amigo por una causa que no sabe terminó en un pueblo perdido en el Día de la Primavera del año 1966, el mismo año que construyeron su Falcon. Ahora el tema era cómo volver a la época actual. “Pibe decime cómo hago para salir a la ruta. Parece que me perdí”, así salió de la dificultad de mayores preguntas sobre cómo había llegado hasta ese lugar. “Siga por esta calle y doble en la estación de servicio a la izquierda. Derecho se va a topar con la ruta. ¿Va para Buenos Aires?”, le respondió el chico con la pelota bajo el brazo. Pelota que parecía ser de la marca Pulpo de la cual su padre se había cansado de hablar. Ya no tenía dudas que había viajado en el tiempo, o a otra dimensión, el tema era volver a casa.

Arrancó la marcha con el Falcon y saludó a los pibes de la cuadra con la bocina. Todas las manos se levantaron para saludarlos. Esos chicos no veían todos los días un cero kilómetro. Al llegar a la estación de servicio dobló a la izquierda y enfiló para la ruta. “Y ahora que carajo hago”, pensó mi amigo. En eso la imagen de su esposa le invadió la cabeza. “¡El celular!”. Lo había olvidado.

Ahí estaba al lado de su pierna y por suerte el pibe no lo había visto. Las explicaciones no las habría encontrado. Como correspondía el celular no tenía señal. Muerto, o no nacido. Dobló por la calle que lo llevaría a la ruta y comenzó lentamente su camino. Seguía pensando cómo volver a su tiempo y a la caravana desviada por el accidente en la ruta.

Al avanzar una niebla tenue comenzó a cubrir la calle en la que circulaba. “¡Otra vez la puta niebla!”, vociferó mi amigo. Pero la niebla sería su retorno a la actualidad. Como lo llevó al pasado lo devolvió al presente. Creer o reventar. Así comenzó a visualizar la ruta, luego que la niebla pasara de espesa a desaparecer por completo. Cuando eso ocurrió la ruta estaba delante suyo y lo más cómico de todo el Torino que venía delante de él estaba a tan solo cinco metros.

Mi amigo no podía creer lo que le pasó. En una parada en una estación de servicio, para cargar nafta, les preguntó como les había ido con la niebla a los autos que venían delante de él. “¿Qué niebla?”, fue la respuesta. “Debe haber sido humo”, tiró mi amigo para no entrar en explicaciones de su corto viaje al año 1966. Todos se rieron un poco de la supuesta broma de mi amigo. Pero él necesitaba tomar algo, aunque sea agua.

“¿No quieren tomar un café?”, ofreció mi amigo y aceptaron así que estacionaron los autos. Entraron en el barcito de la estación de servicio y tomaron el cafecito que le repuso algo las fuerzas para poder llegar hasta su casa, donde su bella esposa lo esperaba.

A nadie le comentó lo que le pasó, ni siquiera a su esposa, solo me lo dijo a mí. Ahora ustedes conocen la historia, casi de primera mano, diríamos que de segunda. Nada mal para una anécdota, algo sobrenatural, que le sucedió a mi amigo, o eso dice que le pasó. A veces creo que lo inventó todo. No se si para llamar la atención o porque tiene muchas ideas en la cabeza que pugnan por salir. “¿Por qué no escribís un relato con lo que te pasó?”, su respuesta fue “No, porque lo vas hacer vos”.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

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