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Friday, October 17, 2014

La Respuestita del Sábado

Un colectivo con doble tracción


El colectivo Mercedes-Benz de la fotografía lo raro era que estaba equipado con doble tracción. Los ganadores de esta semana fueron: Antonio Ferraro, Fernando Bongiovanni, F62 y Santiago Petrungaro. Los felicito por su capacidad de observación porque en la misma imagen estaba la repuesta a esta incógnita de la semana que termina.



El Mercedes-Benz 1112, eso al menos parece o sino un 1114, con doble tracción y carrozado como colectivo tenía como destino la Dirección de Tránsito del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sud, todavía no había logrado ser provincia.

La fotografía está tomada de un suplemento del diario La Prensa del día 9 de octubre de 1977 por el aniversario del nacimiento del colectivo porteño, el 24 de septiembre de 1928.

La carrocería parecería ser El Detalle, pero no me animo a afirmarlo, hay seguidores con mayores conocimientos en material de colectivos que el que firma estas líneas. Lo que si podemos ver es que tenía puerta atrás, así que la unidad no es tan antigua, y probablemente sea de un año cercano a 1977.

Otro detalle es que las defensas del paragolpes delantero tienen los círculos para colocarle dos faros halógenos, algo que muchos colectivos de la ciudad de Buenos Aires tenían. Recuerden que el territorio de Tierra del Fuego dependía de la ciudad de Buenos Aires, antes de ser provincia.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Saturday, October 11, 2014

Una camioneta llamada Mercedes

Era de segunda mano, esas que se armaron en el país, una cosa rara que solo se vendieron por acá. Hoy son buscadas por los coleccionistas de Europa por ser un vehículo que en su país de origen, Alemania, no existen. No sé si el señor Eduardo sabía todo esto, pero igualmente la compró: una camioneta Mercedes-Benz modelo 1971, o tal vez 1972.



Blanca como la nieve que estaba en muy buenas condiciones. La compra fue para su estancia, esa de cuyo nombre no me quiero acordar, como le pasaba al hidalgo de la península ibérica. El nombre de la estancia y la marca de yerra irían a parar a las puertas de la Mercedes, eso fue una mala idea que luego comprobaría in situ.

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos de la camioneta llamada Mercedes. Vayamos por parte como decía el célebre inglés, ese que por hobby se dedicaba a descuartizar personas, ¡la gente no sabe como entretenerse! Lo cierto es que la Mercedes estaba en buenas condiciones. Tuve la oportunidad de verla en un garaje de Buenos Aires, el cual mantendremos en el anonimato.

Mi padre supo acompañar al señor Eduardo en un viaje, previo a los acontecimientos que más tarde les narraré. En ese viaje iniciático, digo para la Mercedes, se adentraron por los caminos de la provincia de Córdoba buscando el norte, allí donde la lluvia no abunda, pero cuando cae ¡mamita mía!

Eso fue lo que pasó en el camino rumbo a la estancia del hermano del señor Eduardo. Comenzó a llover como si el pronóstico del tiempo lo hubiera escrito el mismísimo Noé. Claro que la Mercedes no era un arca y menos aún llevaba animales a bordo. Salvo los dos pasajeros…

La lluvia no se hizo esperar y luego de una parada técnica en la estación de servicio en la ruta reanudaron la marcha en búsqueda del campo. A esta altura del partido debo decirles que la Mercedes era diésel, porque fueron los únicos motores que equiparon a esas camionetas. Es fundamental conocer ese dato técnico para tener en cuenta en la parte que viene del relato.

Como dije es una zona en la que llueve poco, pero cuando lo hace ¡busquen los botes! Eso precisamente es lo que pasó en el camino hacia la estancia del hermano del señor Eduardo. Literalmente el camino era un río, pero el suelo era firme aunque de tierra.

Ahí comenzó a “nadar” la Mercedes primero un poco de agua, luego un poco más hasta llegar a la mitad de las puertas. Por último lo único que se veía de la trompa de la camioneta era la estrella del capot que parecía flotar en medio de la ruta anegada.

Mi padre miró para la caja de la Mercedes y lo único que vio fue agua y las cosas que llevaban flotaban graciosamente dentro. Por suerte las valijas estaban en la parte de atrás del asiento de la cabina. La Mercedes seguía en marcha como si se tratara de una lancha con las burbujas saliendo del caño de escape.

Más de una vez tuvieron que darle marchas atrás por alguna encajadura. Y nuevamente para adelante. Para atrás y para adelante. En el camino de tierra, perdón de agua, esa acción la tuvieron que repetir varias veces. De bajarse ni hablar, no se podía solo era seguir hacia la estancia y rogar que el agua bajara. Cosa que pasó y lentamente esa inmensa laguna, que era la ruta, se fue secando.

Cuando llegaron a la estancia la pregunta del millón era “¿cómo lo hicieron. Porque nosotros ni nos animamos con la F-100?”. Claro era la Mercedes la que había caminado bajo, o sobre, el agua de la ruta. A la vuelta el tiempo estuvo seco y que de ida era una laguna ahora era una ruta de tierra. Así es el tiempo por esos parajes cordobeses.

Una vez retornados a Buenos Aires se procedió a pintar el nombre de la estancia y la marca de yerra en las puertas de la Mercedes, como para que todos supieran de dónde venía aquella camioneta blanca. Pero fue una mala idea que en un viaje de vacaciones se haría muy manifiesto.

El señor Eduardo, vaya a saber en que sueño o borrachera, se le ocurrió que podría llevar a su esposa y sus dos hijos de vacaciones en casa rodante tirada por la Mercedes. El destino: las cataratas del Iguazú. Nada menos que un viaje de unos 3.500 a 4.000 kilómetros.

No es algo que no han hecho otras familias, pero una burguesa acomodada dueña de una estancia era como bajar a la plebe para ver cómo vivían. Pero lo hicieron. Alquilaron una casa rodante por un mes o más, no recuerdo ese dato con exactitud, colocaron el gancho para poderla remolcar en las vacaciones y partieron.

No hay partida sin dolor, pero ellos iban alegres. La alegría se iría transformando con los kilómetros y las provincias dejadas detrás. No es nada fácil para una familia acomodada vivir casi un mes en una casa rodante para cuatro personas. Aquellos que alguna vez lo hicieron saben a que me refiero.

El contacto físico es como en el rugby, intenso y puede llegar a ser doloroso. O pero aún si le sacamos la letra “d”… Porque ese fue lo que pasó cada vez que el señor Eduardo necesitaba de los servicios esenciales del baño. Esos servicios sanitarios que no se pueden eludir por más que hagamos fuerza… perdón no era esa la palabra. Por más que nos esforcemos… peor. No por más que pongamos empeño, ¡eso sí!

Empeño tuvo que poner el resto de la familia ante la concurrencia al baño del señor Eduardo para desalojar por completo la casa rodante y retornar luego de pasada la baranda, que no voy a describir por buen gusto y apego a las tradiciones de la mejor estirpe.

Casa chica, problemas grandes. Recuerdan que les dije lo del contacto físico, esto era parte de esas acciones. Pero como estaban de vacaciones diferentes todo se toleró y la meta era llegar a las cataratas para contemplar su espectáculo. Por suerte no les tocó sequía como alguno que conozco, que luego de ahorrar por años, para pagar el viaje, cuando llegó solo había un hilo de agua.

La Mercedes se portó de maravillas, si lo había hecho bajo el agua en Córdoba, como no se iba a portar bien en la Mesopotamia. La humedad le sentaba bien. Porque si quieren humedad vayan a Misiones. Tanta era la que había que la cámara réflex constantemente tenía la lente empañada. Vi fotos como tomadas en nebulosa, o con un filtro, por esa humedad que hay en el medio ambiente.

El único problema grave lo tuvieron con las inscripciones en las puertas de la Mercedes. En todos lados les preguntaban dónde quedaba la estancia y si eran los dueños y demás. Era como si le hubieran pintado un cartel que dijera “miren aquí estoy”. El señor Eduardo se arrepintió más de la cuenta por haber pintado el nombre de la estancia en las puertas de la camioneta blanca. Ni hablar de su esposa que se lo recriminó en otros términos y con epítetos que no mencionaré por el uso de las buenas costumbres.

Pero todo tiene su lado bueno. La familia tuvo un contacto del tercer tipo con la naturaleza, la gente preguntona, la casa rodante y la vida familiar estrecha, todo conducido por nuestra Mercedes testigo muda de toda estas vacaciones en Misiones y sus aledaños.

Si el señor Eduardo tenía la fantasía de cumplir un viaje en casa rodante, lo logró, pero no entusiasmó al resto de su familia. Para muestra basta y sobra un botón. Debut y despedida. Menos mal que no compró la casa rodante, porque se la tendría que haber metido en el… justamente de donde salían aquellos efluvios nocivos que obligaban al resto de la familia a abandonarla cada vez que él concurría al baño.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Saturday, April 26, 2014

Un camión de carne

Mi padre fue chofer buena parte de su vida laboral y entre los trabajos que tuvo fue manejar un camión carne. Y hoy les contaré algunas de las anécdotas, que de tanto en tanto, menciona sobre ese trabajo y que vengo escuchando de cuando era un chico como mi sobrino de cinco años.

El camión de carne Ford modelo1940 en la localidad de Grand Bourg. Detrás, a la izquierda se puede apreciar la iglesia de Grand Bourg. El primero de la izquierda es mi padre. La fotografía fue tomada el 16 de marzo de 1958.


Nació en, la hoy ciudad, de Tres Lomas en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Nombre que recibió el pueblo por tener tres lomas en su geografía. Ya que la localidad era José María Blanco y por aquellos años, 1930, era parte del partido de Carlos Pellegrini.

Allá se crió y siendo un joven emigró, por falta de trabajo en la zona, con toda su familia al sur de conurbano bonaerense, para ser preciso a Avellaneda, a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Ese inmenso monstruo para cualquiera que venga de un pueblo chico de cualquier provincia de la Argentina. Pasó por algunos trabajos y las cosas de la vida lo llevaron, a él, y su familia a San Miguel en el noroeste del Gran Buenos Aires y de donde escribo estas líneas.

Ya estando radicado en San Miguel le ofrecieron ser conductor de un camión de reparto de carne para abastecer las carnicerías de la zona norte del Gran Buenos Aires. Para ubicarnos en el tiempo hablamos de mediados de los años cincuenta cuando el conurbano bonaerense, en pleno gobierno peronista, se encontraba en plena expansión. Hasta llegar a ser un gran conglomerado de población como sucede hoy en pleno siglo XXI.

El tema es que por aquel entonces no había frigoríficos de carne en la zona de San Miguel, así que la carne había que traerla desde la ciudad de Pergamino al norte de la provincia de Buenos Aires. El viaje era diario. Todos los días ida y vuelta de Pergamino a San Miguel, más el reparto de carne. Ahí es donde comienzan las anécdotas que escuchaba de chico.

El mal dormir era una cuestión a diario. Además de tener los horarios cambiados y dormir en el día. El padre de mi padre, mi abuelo paterno, era mecánico, como ya conté en alguna ocasión, así que durante el día en la casa, donde estaba el taller había ruido. Pero mi viejo dormía a pata suelta dado el cansancio que tenía acumulado por las horas de manejo diario.

Dormir era el tema de muchas anécdotas como en la curva pronunciada del arroyo Pinazo, donde luego estaría el frigorífico de pollos San Sebastián, la curva de San Sebastián para los que conocen la vieja Ruta 8 camino a Pilar. Allí el camino hace una especie de rulo. Por ese entonces la línea de colectivos 141 iba de Pilar hasta Chacarita en la ciudad de Buenos Aires. Mi padre conocía a un chofer de uno de los colectivos que realizaban el recorrido mencionado.

Más tarde se encontró que este amigo que le dijo: “¡te vas a matar!”. Cuando mi padre le requirió porque le decía eso, el amigo, le contestó que era porque en la curva de San Sebastián lo vio como la iba a tomar con el camión de carne, viendo desde Pergamino. Derecho venía mi viejo. Ante esta situación el colectivero amigo se cruzó de mano y lo dejó que “enderezara” la curva. Mi viejo tomó la curva totalmente dormido y nunca vio al colectivo que venía de frente. Hoy tomar esa curva de esa forma implica no solo un accidente sino muertos.

Junto al camión Mercedes-Benz están mi mamá y mi papá. Mi padre manejaba ese camión de transporte de carne modelo 1952 o 1953. La foto fue tomada en el balneario de Quilmes en 1955 o 1956. Para que no quedaran dudad de la marca del camión mi padre le colocó esa “estrellita” en el frente. Un lindo accesorio para la trompa del Mercedes-Benz.

Otra vez se despertó justo delante de la barrera del ferrocarril San Martín en la estación José C. Paz. La barrera bajaba recién y por aquellos años no había barreras automáticas sino que un guardabarrera la operaba. Todavía al día de hoy no sabe cómo dobló en la vieja Ruta 8 y el cruce con la, que por entonces era la Ruta 197, hoy Ruta 24. Después de décadas hoy ese cruce tiene semáforos y está ensanchado en la Ruta 24. Doblar dormido en ese lugar produciría una tragedia para que los canales cables de noticias se hagan el festín macabro por días.

Pero no todo era dormir arriba del camión de carne. El viaje era duro, en especial por la frecuencia diaria, la vieja Ruta 9 era angosta. Tanto que en un puente había que dejar paso al camión que venía en sentido contrario. Porque los dos camiones no podían pasar juntos sobre el puente. La niebla era otra de las dificultades como el humo de las quemas a la vera de la ruta. Todo para llegar temprano al frigorífico de Pergamino para estar primero en la cola de la carga de la carne.

No solo mi padre sufría las consecuencias del cansancio crónico. Otro de los camioneros que iba a buscar carne a Pergamino volcó dos veces en el mismo lugar de la ruta. Lo curioso es que volcó de ida… y de vuelta. Nada le pasó porque como la caja para la carne era más ancha que la cabina, no tocó el suelo.

Una vez la carne no tenía el suficiente frío así que el roce que tuvieron las medias reses en el camino estropeó la carne. El dueño del camión de carne le dijo a mi padre que tirara las medias reses en un campo que tenía sobre la Ruta9. Allí criaba chanchos y esas medias reses le servirían de alimento. El olor a podrido estuvo presente en el lugar por semanas. Algo así hoy no sucedería.

Tampoco que las entrañas, ese exquisito corte que solemos asar a la brazas, y que no es otra cosa que el diafragma de las vacas, solían no estar incluidas en las medias reses. No todos los carniceros las reclamaban. Una vez mi padre llevó a su primo hermano que luego sería mi padrino, todavía mis padres estaban de novios en aquellos años, para que sacara las entrañas de las medias reses cuando iba en marcha por la ruta. Los golpes que recibió de las medias reses bamboleantes justificó el trabajo para saborear las entrañas a la parrilla.

Mi viejo tuvo diferentes camiones a su mando, de diferentes dueños, entre esos camiones se encontraba el Ford modelo 1940 que está en la vieja fotografía tomada en la localidad de Grand Bourg, hoy partido de Malvinas Argentinas, y por aquellos años partido de General Sarmiento. Al fondo se ve la iglesia de Grand Bourg que ahora está en medio de la ciudad a unas cuadras de la estación ferroviaria de Grand Bourg. Por supuesto que las calles eran de tierra.

Como la calle de tierra de una de las carnicerías de esa localidad que el día de lluvia, mi viejo y el camión, no podía ingresar. Así que tenía que dejar el camión y caminar las cuadras para avisarle al carnicero que enganchara el caballo al carro para acercarse hasta el camión para volver con la carne a la carnicería. Faltaban décadas para el asfalto y los teléfonos celulares. La vida en el conurbano bonaerense ha cambiado en los últimos cincuenta años. Para bien o para mal.

Otro camión que manejó mi viejo fue uno de los primeros Mercedes-Benz que se fabricaron en la planta de González Catán en la provincia de Buenos Aires. Como camión cero kilómetro era una maravilla en comparación de los otros camiones más viejos que le tocó manejar. Para no dejar a dudas de la marca del camión mi viejo le hizo poner una “estrellita” en la trompa, como se puede apreciar en la fotografía que fue tomada en el balneario de Quilmes, en el sur del Gran Buenos Aires, allá por los cincuentas cuando estaba de novio con mi madre.

Luego de ese trabajo de conductor de camiones de carne se casó con mi vieja y consiguió trabajo como chofer de un abogado de la ciudad de Buenos Aires, como les he contado en otros relatos dominicales. Ahí las cosas cambiaron. Como todo tiene un lado malo y otro bueno, pero eso es otra historia que nada tiene que ver con manejar un camión lleno de medias reses bamboleantes.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Monday, October 15, 2012

Mercedes-Benz SL-Class

2011 Mercedes-Benz SL-Class SL550 Convertible Shown
Available Models
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SL550
  • 5.5L V8 engine 
  • Automatic transmission 
  • Up to 14 cty/22 hwy mpg 
  • Navigation System 
  • Bluetooth 
  • iPod input 
  • Satellite radio 
  • Side/Curtain Airbags 
  • Stability Control 
  • Traction Control 
  • DVD player 
MSRP from $103,650
PRICE WITH OPTIONS
SL63 AMG
  • 6.2L V8 engine 
  • Automatic transmission 
  • Up to 12 cty/19 hwy mpg 
  • Navigation System 
  • Bluetooth 
  • iPod input 
  • Satellite radio 
  • Side/Curtain Airbags 
  • Stability Control 
  • Traction Control 
  • DVD player 
MSRP from $140,440
PRICE WITH OPTIONS

Introduction

Most cars get redesigned every five to six years, which makes the 2012 Mercedes-Benz SL-Class all the more impressive. This old soldier is entering its 10th year since its last complete redesign, and even though it has been updated over the years with new engines, updated gizmos and an aggressive new face, the SL still retains the seamless blend of luxury and performance this retractable hardtop convertible has had since the very beginning. To be trite, it's an oldie but a goodie.
However, the current SL's life is coming to a close and several of its sub-models have already been put out to pasture. The SL600 and SL63 Black Series disappeared last year, and the twin-turbo V12 SL65 AMG has been discontinued for 2012. That's an awful lot of automotive fun resigned to the big used car lot in the sky, but any grief should be mitigated by the fact that the SL550 and SL63 AMG are still very appealing cars.
Either version of the SL can serve as a smooth-riding boulevard cruiser and capable back-road stormer, walking the fine line between comfort and performance in a way that Mercedes does so well. The SL's retractable hardtop roof is also available with a glass skylight, something that sets this car apart in a market segment that includes nothing but soft tops. Of course, when the competition includes such cars as the Aston Martin V8 Vantage, Audi R8, BMW 6 SeriesJaguar XK, Maserati GranTurismo and Porsche 911, it can certainly be hard to choose. Each is spectacular in its own right, yet also very different.
In a way, the fact that the 2012 Mercedes-Benz SL-Class is still relevant after 10 years is a testament to how truly excellent it is.

Body Styles, Trim Levels, and Options

The 2012 Mercedes-Benz SL-Class is a two-seat convertible with a retractable hardtop that is available in SL550 and SL63 AMG trim styles.
The SL550 comes standard with 18-inch wheels, bi-xenon headlamps, a wind deflector, heated wiper and washer nozzles, automatic wipers, remote roof activation, a power trunk closer, keyless ignition/entry, auto-locking interior storage bins, dual-zone automatic climate control, eight-way power seats (with heating, ventilation, four-way lumbar adjustment, adjustable bolsters and memory functions), the AirScarf passenger-warming system, leather upholstery, a power tilt-and-telescoping steering wheel, auto-dimming rearview and driver-side mirrors, Bluetooth, a navigation system, real-time traffic, voice controls and a 10-speaker Harman Kardon surround-sound audio system with a six-CD/DVD changer, satellite radio, HD radio and an iPod/USB media interface. The SL Wheel package adds 19-inch AMG wheels, high-performance tires, upgraded brakes, shift paddles and dark-tinted head- and taillights.
The SL63 is a high-performance variant that features a more powerful engine, a high-performance transmission, different 19-inch AMG wheels and various AMG-tuned components (suspension, brakes, exhaust) and different styling. Inside you get AMG-specific styling flourishes, different leather upholstery and a sport steering wheel. The AMG Performance package adds a limited-slip differential, a more aggressively tuned suspension, forged alloy wheels, a beefier steering wheel and a higher top speed.
Both SL-Class models can be equipped with front and rear parking sensors, adaptive cruise control and a glass moonroof. There are also a number of "Designo" special-order options that bring special exterior and interior colors.

Powertrains and Performance

The 2012 Mercedes-Benz SL550 is powered by a 5.5-liter V8 that produces 382 horsepower and 391 pound-feet of torque. Rear-wheel drive and a seven-speed automatic transmission are standard. Mercedes estimates that it will go from zero to 60 mph in 5.3 seconds. EPA-estimated fuel economy stands at 14 mpg city/22 mpg highway and 17 mpg combined.
The Mercedes-Benz SL63 AMG gets a 6.2-liter V8 that produces 518 hp and 465 lb-ft of torque. It's all managed via a seven-speed automated manual transmission with shift paddles. In Edmunds performance testing, it went from zero to 60 in 4.6 seconds. Its estimated fuel economy is 12/19/14.

Safety

The 2012 Mercedes-Benz SL-Class comes standard with stability and traction control, antilock brakes with brake assist, side head/thorax airbags, a driver knee airbag and a pop-up rollbar that deploys automatically in the event of a rollover (it also can be raised by the driver at the touch of a button). Also standard is Mercedes mbrace emergency telematics service.
In Edmunds brake testing, the SL63 AMG came to a stop from 60 mph in a very short 108 feet.

Interior Design and Special Features

In the realm of two-seat roadsters, it doesn't get more spacious or more luxurious than the 2012 Mercedes-Benz SL-Class. With the hardtop raised, even our tallest editor (6-foot-3) had enough headroom, while legroom was also pretty good. The eight-way power seats offer a generous range of adjustment and feature a lengthy list of other features to keep you coddled and comfortable. These include heating, cooling, adjustable bolsters and the AirScarf system that gently blows warm air on your neck. There aren't too many cabins better suited to top-down motoring.
If there's one area where the SL shows its advanced age, this would be its older COMAND electronics interface, which features a central four-way toggle (not a knob). Newer Mercedes models incorporate a mouselike knob that's much easier to use.

Driving Impressions

How you experience driving a 2012 Mercedes-Benz SL-Class depends entirely on which model you choose. The SL550 is the boulevard cruiser of the two, yet we've found that the steering and Active Body Control systems produce a more satisfying performance car than ever before because the package is more in tune with the driver's intentions. And with 382 hp, you'll never be wanting for power, of course. This same endorsement also applies to the SL63 AMG, although to an even greater degree. It's a snarling beast of a machine, yet it still manages to be both comfortable and capable, showcasing a wider range of abilities than simply going fast in a straight line.

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