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Tuesday, April 28, 2015

Un día de caravana y encuentro

El domingo 26 de abril de 2015 se celebró el 5º Tour de Clásicos por Hurlingham y la posterior muestra estática en el Polideportivo Municipal de la ciudad de Hurlingham, en la provincia de Buenos Aires, organizado por La Barra de los Clásicos Automoto Club.

Los autos esperando el inicio del 5º Tour de Clásicos por Hurlingham.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.


Arrancó temprano a las 9:30 horas cuando los autos y las motos de todos los tiempos se reunieron en la Plaza Ravenscroft de la ciudad de Hurlingham para prepararse para la caravana que comenzaría a las 10:15 horas. Casi una hora más tarde los automóviles arribaban al Polideportivo Municipal.

Muchos se sumaron para dar la vuelta por las calles de la ciudad de Hurlingham por quinta vez y para celebrar los primeros 15 años de la fundación de La Barra de los Clásicos Automoto Club.

Rodolfo Mombelli con los afiches que les dieron a los participantes del
encuentro en Hurlingham. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Como siempre se recibe a los participantes con un cafecito y alguna medialuna. Ahí estaba Rodolfo Mombelli vestido de gaucho para darnos la bienvenida a todos los participantes. El día desde el comienzo fue espectacular en materia de clima. Tuve la suerte de participar nuevamente, por quinta vez, de esta reunión fierrera.

La primera vez fui por invitación de mi amigo Víctor Caputo junto a su Chevrolet Champion modelo 1928 de color amarillo. Este año también estuvo presente. Haciendo cuentas Archivo de autos, de una forma u otra, está presente desde el principio en los Tours de Hurlingham. Así que ahí estaba de nuevo para ver, y ahora, contarles lo que vi y viví ese domingo otoñal con categoría de verano.

Los amigos fierreros de San Miguel. En primer plano el Chevrolet Champion 1928,
detrás el Messerschmitt 1958 y al fondo la rural Mercedes-Benz 170 SD 1955.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Se tardó en llegar al Polideportivo Municipal, y eso que no había tantos autos y motos como en otras ocasiones. Eso fue en la caravana, tal vez, las elecciones primarias en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires les restara vehículos a la caravana. Lo que no fue así en el predio. Pero ya vamos a llegar a eso.

Igual el 5º Tour por Hurlingham fue colorido y vistoso, como siempre. Con vecinos que se paran para apreciar el paso de los autos y las motos. Siempre le digo a todo el mundo que si no fue participante de una caravana de autos antiguos y clásicos no sabe de qué hablo. Lo digo por experiencia.

El público en el Polideportivo Municipal de Hurlingham por la mañana. En la
tarde se hacía difícil caminar por el lugar. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Esta vez estuve a bordo de la rural Mercedes-Benz 170 SD modelo 1955 de color celeste que es propiedad de mi padre José Lorenzo Uldane y que estaba a su mando. Yo solo era el copiloto y veedor de todas las cosas que pasan en el entorno de un espectáculo de estas características.

¿Cuándo algunos municipios del conurbano bonaerense tomarán conciencia de este tipo de atracción para los vecinos y los sentimientos que provocan? Creo sinceramente que son parte de la cultura de los argentinos. Quien más, o quién menos, tiene un contacto con los autos, en especial los viejos. Aquellos viejos autos que supimos conseguir, como pregona Archivo de autos. Y dentro de esa categoría están los que llamo "autos vivos".


El Messerschmitt de San Miguel elegido entre los mejores autos para ser expuesto.
Está al lado de un BMW Isetta, detrás el Chevrolet Sedan dos puertas 1938.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Como el caso de un Messerschmitt modelo 1958 armado por la empresa Panambí en Argentina que llegó en caravana desde la ciudad de San Miguel para participar del 5º Tour de Clásicos por Hurlingham. Un amigo fierrero, Jorge, que usa a diario su moto cabina, tal la denominación. En San Miguel es conocido y el chiste es que parece escapado de la calesita de la plaza.

Dentro de esos "autos vivos" encuadra la rural Mercedes de mi padre que la usa, no todos los días, pero si sale periódicamente. Y al igual que el Messerschmitt ya es conocida de la zona. Eso es un auto antiguo o clásico en funcionamiento con un uso cotidiano. Menciono esto porque durante el desarrollo de la caravana vi varios autos con problemas o fallas. Y eso es por no usarlos. 

Más autos antiguos en la cancha de básquet del Polideportivo
Municipal de Hurlingham. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Volviendo a la caravana y al llegar al predio la marcha se hizo más lenta por la cantidad de autos, que incluso era menor a otros años. Pero en el predio del Polideportivo Municipal las cosas eran bien distintas. Muchos autos, pero muchos, en especial después del mediodía seguían arribando autos de todo tipo. Algunos dicen que se llegaron a 400 autos. Creo tal vez eran un poco menos, pero no mucho menos.

En la puerta y organizando la entrada estaba Christian Grillo un integrante de La Barra de los Clásicos Automoto Club, y seguidor de Archivo de autos. A quien conozco de antes gracias a las gestiones de Guillermo Piano. Nos guiaba para que nos ubicáramos correctamente. Fue él quien eligió a un Chevrolet Sedan dos puertas del año 1938 de color verde en un estado inmaculado para estar en un lugar preferencial en la cancha de básquet del predio. Ese auto es de un seguidor de Archivo de autos y vino por la convocatoria de la página en Facebook. Jorge su propietario era la primera vez que estaba en un encuentro de autos. Me dijo que fue una experiencia magnífica para él.

El Chevrolet Sedan dos puertas 1938 del seguidor de Archivo de autos.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Una vez que se acomodaron los autos del grupo de amigos fierreros que fuimos desde San Miguel salí a visitar el sitio. Pronto me topé con Guillermo Piano socio fundador de La Barra de los Clásicos Automoto Club. Hablar con Guillermo de autos es un placer. Pero no solo es de autos sino de sentimientos que van más allá de los fierros mismos. Lo conozco de hace años y gracias a mi amigo Víctor, el del Champion amarillo.

Fotos saqué en cantidad pero en esta nota solo publico algunas a modo de crónica de lo que pasó ese domingo 26 de abril. Como para que tengan una idea de los vehículos expuestos y la calidad de los mismos.

Las motos a la sombra mezcladas las antiguas con las clásicas.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

Un párrafo a parte fue la presencia de Luis Giribone, de José C. Paz, con sus esculturas realizadas con partes mecánicas que normalmente van a parar al desarmadero. Fue su primera vez en Hurlingham gracias a Guillermo Piano que le permitió asistir y exponer sus obras. Un éxito total se pasó todo el día hablando con el público que se acercaba a su stand. Giribone vino con la barra de amigos fierreros que partimos desde San Miguel.

En la tarde fue un constante encuentro con amigos y conocidos fierreros. En especial dos. Christian Bottiggi que se encontró con mi padre en la planta de la VTV (Verificación Técnica Vehicular) de Malvinas Argentinas, en el control anual de la rural Mercedes de su propiedad, y quería conocerme por ser seguidor de la página de Archivo de autos en Facebook. Un verdadero tipazo que hasta me presentó a su esposa. Poseedor de un DKW que está aprontando para unirse al grupo de amigos de San Miguel.

Dos alemanes: la rural Mercedes-Benz 170 SD 1955 de mi padre José Lorenzo
Uldane al lado de un Escarabajo. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

El otro encuentro fierrero fue con F62 un viejo seguidor del blog de Archivo de autos. Son cuatro años de intercambiar mails y participar en "La Preguntita del Domingo" o de aportar datos. Además fuimos a la misma escuela primaria pero en distintas épocas. Puse una cara y una calidez a un seudónimo de un entusiasta de los autos viejos. Otro fierrero que me presentó a su esposa. Ahora ya es otra la relación: más humana con el cara a cara.

A la tarde el Polideportivo Municipal explotó de concurrencia de público se habla de cifras cercanas a las 3.000 personas. El día contribuyó mucho para la masiva asistencia del público al predio. Más que una tarde de otoño era de verano. En otras ocasiones me ha tocado días fríos y nublados. Cerca de la finalización del encuentro, 18 horas, el público seguía siendo numeroso.

Un auto de cien años: un Dodge de 1915, que vino andando como
en sus mejores épocas. Una joya. Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

El Messerschmitt de Jorge tuvo el honor de ser seleccionado para ser expuesto en el playón, o cancha de básquet, para que el público lo pudiera admirar. Ahí estuvo junto a otros dos micro autos: un BMW Isetta y Minicar De Carlo. Junto con el Messerschmitt, la rural Mercedes, emprendió el regreso a San Miguel y el día había terminado con mucha satisfacción.

Como editor de Archivo de autos no tuve muchos momentos de descanso. Me la pasé de un lado a otro saludando seguidores y amigos. Así es como en la tarde hablé con Gustavo Feder, de Autohistoria, Fernando Gómez, Juan Pablo Arrighi y Alberto, de quien no conozco su apellido, todos seguidores de Archivo de autos. Terminé ese domingo algo disfónico de tanta charla fierrera. Otro que llegó tarde, pero su Kaiser Carabela estuvo temprano al mando de su hijo, fue Jorge Navill otro amigo de Hurlingham.

Las esculturas de Luis Giribone que están realizadas con partes mecánicas
de diferentes marcas y modelos. Un artista de José C. Paz y un amigo fierrero.
Foto tomada el día 26 de abril de 2015.

El balance fue muy positivo máxime si tomo las palabras de agradecimiento que Guillermo Piano publicó en Facebook, tanto en mi cuenta personal, como en la página de Archivo de autos. Solo se me ocurre una palabra: gracias.

Será hasta el año que viene con el 6º Tour de Clásicos por Hurlingham, si todo va bien estaremos nuevamente para luego contarles a los seguidores de Archivo de autos, que no pudieron asistir al encuentro, lo que pasó ese domingo fierrero. 

Hasta el 2016.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Saturday, December 6, 2014

Un Chivo azul

Mi relación con el Chevrolet Super del año 1969 comenzó hace más de 10 años. Lo rescaté de la ruina, casi total, y luego de más de 3 años logré que luciera como salido de fábrica. Estaba tan original, fue un intenso trabajo, que le agregué algún que otro toque para que no pareciera tan frío, sin vida. Porque esos autos que uno se encuentra en algunos encuentros son tan perfectos, tan lindos, tan originales, que parecen no tener vida.



Uno admira y reconoce el trabajo de rescate y restauración que le dedicó su dueño. Pero es como hacerlos tan perfectos, como recién salidos de la concesionaria, que les quita vida. Desearía un rayoncito, o una calcomanía, o algo que me dijera que el auto está vivo y no embalsamado.

Hasta a veces pienso que los trajeron en helicóptero, porque ni siquiera tienen la tierra, o polvo, que se puede acumular al circular por una ruta o camino, aunque sea sobre un tráiler. Lo interesante de tener un automóvil clásico es que uno pueda usarlo. Sin maltratarlo, claro, pero poder salir a dar una vuelta cada fin de semana. Cosa que muchos amantes de los fierros viejos hacen. Lo veo en la ciudad donde vivo, a unos pocos kilómetros de esa inmensa ciudad llamada Buenos Aires.

Conozco algunas personas que se cansaron de los nuevos autos de este siglo y cambiaron su cero kilómetro, con todas las ventajas que estos tienen, por un auto clásico. Sin levanta vidrios eléctricos, sin aire acondicionado y menos aún con dirección hidráulica. Y son inmensamente felices yendo todos los días a trabajar en su clásico. Muchos lo miran por detrás de sus vidrios polarizados con envidia. Ese clásico muchas veces cuesta como un cero kilómetro, pero la prestancia es infinitamente superior a manos, o ruedas en este caso, del veterano automóvil.

Esos autos recuperados del óxido y la destrucción son los que más admiro: sus dueños o dueñas, porque hay una legión de mujeres fierreras, que va en aumento, que usan sus autos, cuidándolos, pero los disfrutan. No entran en pánico por dos gotas de lluvia que moja sus parabrisas. Hace cosa de un año atrás en un encuentro de autos, con un día que amenazaba con llover desde media mañana, en un predio alejado de los centros urbanos escuché decir a uno de los dueños de los autos expuestos: “mi auto hace tres años que no conoce la lluvia”. Uno de mis amigos por lo bajo me dijo, “hoy la va a conocer”. Y así fue. Llovió para hacer dulce y guardar para tiempo de seca.

Pero este relato no es un tratado de cómo cuidar tu auto clásico sino contar un suceso que tiene que ver con automóviles de ese tipo y no me refiero a mi Chivo azul. Sino qué nos pasó a un amigo y a mí arriba de ese auto.

Todo comenzó una mañana de primavera esas que son fresquitas y luego se ponen cálidas sin fanatizarse. Un saquito de lana o chalequito alcanza para soportar el frío. Poco abrigo, pero del tipo ropa de cebolla, esa que nos vamos sacando por capas, sin llegar al striptease, se entiende.

Ese día de primavera me iba a encontrar con un amigo fierrero, que se encuentra en proceso de restauración de su auto, y no quería perderse la caravana y encuentro al que asistiría ese domingo. Como iba solo la compañía no me vendría nada mal. Y lo bueno que fue tener un amigo donde apoyarse en los sucesos que nos tocó vivir.

Arranqué el Chivo en el garaje de casa y esperé a que se templara un poco su ronroneante motor y salí rumbo al encuentro de mi amigo Lucas, tal su nombre. Quedamos que lo pasaría a buscar por su casa. Le tuve que insistir en eso, quería venir a mi casa. “Pero si para el punto de encuentro de la caravana paso por tu casa”, le dije. Eso lo convenció que hasta podría dormir unos minutos más ese domingo. Lucas es de trasnochar los sábados y le cuesta horrores levantarse temprano.

“Cuando tengas listo el Torino, cómo vas hacer para ir a los encuentros”, le pregunté. “Eso es otra cosa. Por el Toro me levanto a las 6 de mañana”, dijo Lucas. Para mis adentros pensé que no se iba a dormir si se queda de joda hasta tarde, o muy temprano, como las 6 de la mañana.

Ahí estaba Lucas preparado en la puerta de su casa mirando el reloj. Pero yo estaba llegando puntual. Solo era para molestarme. Hasta se había traído una heladerita y todo. Por suerte el baúl del Chivo es amplio para meter bártulos de todo tipo. Heladera portátil, mesa de camping, sillas y reposeras entran con suma comodidad.

Recuerdo que mi viejo tuvo un 400 al que le metió en el baúl una puerta completa de un Fiat 600, que estaba reparando. Me quieren decir en que auto nuevo se puede hacer esto, sin irnos a automóviles de altísima gama y altísimo precio. Pero no es tema nuestro discutir si los baúles de los nuevos autos que nos supieron conseguir son amplios o no. El tema nuestro es los raros sucesos que vivimos ese domingo de primavera.

Luego de los saludos y las chanzas de Lucas arrancamos hacia el punto de reunión donde nos concentraríamos los automóviles antiguos y clásicos que partiríamos en caravana y el posterior encuentro con la muestra estática en un predio parquizado, que por suerte estaba plagado de árboles. Sabía que el lugar era bueno, por eso era que invité a Lucas. No soporta estar mucho tiempo al sol. Necesita la sombra de un viejo y querido árbol. Como los autos clásicos.

Una interesante cantidad de autos se comenzaron a sumar alrededor de la plaza que era el punto de salida de la caravana. Autos de todas las épocas se comenzaron a dar cita. Hasta aparecieron motos antiguas y clásicas, una verdadera belleza. La gente que paseaba a sus perros o los que caminaban por el lugar se acercaron  a los autos estacionados como moscas a la miel.

Lo de siempre: fotos con el celular y exclamaciones ante cada nuevo descubrimiento de un auto antiguo o clásico. Luego empiezan a aparecer los gustos personales, pero eso cuando se disipa la sorpresa de encontrarse en un lugar habitual con semejante espectáculo matutino.

Luego de unos 40 minutos avisaron que en unos 5 minutos más partiríamos en caravana. Por delante iría un patrullero municipal abriendo el camino de los casi 100 autos y motos que se habían sumado. “Vamos a hacer un lindo despelote”, le dije a Lucas que era debutante en esto de las caravanas de autos clásicos. La verdad que estaba contento como chico con juguete nuevo. No paraba de sacar fotos de todas las formas posibles.

“Vas a acabar la batería de la cámara antes que lleguemos al predio”, le dije. “Traje otra batería de repuesto”, fue su respuesta. Así que pensé que no solo serían fotos sino que también tomaría más de un video para luego subirlo a su muro en Facebook. Cosas de la modernidad y de los más jóvenes, como Lucas. Que en realidad es hijo de un amigo, pero a esta altura del partido es un amigo más aunque le lleve más de 30 años de edad.

Nos aprestamos a partir. Todos los autos y motos pusieron sus motores en marcha y arrancó la caravana. Lentamente los vehículos fuimos dejando la plaza para adentrarnos en las diferentes calles de la ciudad. En ese preciso instante Lucas comenzó con su filmación. Creo que estaba esperando ese momento desde el día que lo invité a la caravana y posterior encuentro. Lo que no esperaba es lo que sucedió más tarde.

Delante nuestro iba un Ford Falcon modelo 1965 de color rojo que estaba impecable. A esta altura del relato debo confesarles que no tengo fanatismo de marcas. Así que me da lo mismo estar arriba de un Chevrolet como de un Ford. Pienso que es una estupidez soberana ese tipo de fanatismo. Como siempre digo con un fanático no se puede ni dialogar, ni razonar. Y eso se aplica a cualquier orden de la vida.

Esta aclaración la hago porque con Lucas habíamos estado admirando el Falcon y el dedicado trabajo de restauración que le habían realizado al auto. Hablé con su dueño y lo felicité por el trabajo que había hecho. Se sorprendió un poco que se lo dijera el dueño de un Chivo azul. Pero se sintió halagado por el cumplido merecido.

Lucas comenzó a filmar al Falcon que iba por delante y giró la cámara y enfocó a los autos que nos seguían. También hizo un paneo por la gente que en las veredas saludaba el paso de los autos y las motos. Para mí, que ya tengo alguna experiencia en las caravanas, es un clásico la reacción del público. Por eso siempre recomiendo con énfasis que este tipo de actividad debe contar con el apoyo de las autoridades municipales para su realización. Todos, o casi todos, se ponen contentos ante el paso de los autos.

Como un chico se puso a ver lo que había filmado con su cámara de alta definición. “¡No puede ser!”, exclamó casi en un grito. “¿Qué es lo que no puede ser?”, pregunté con algunos años más de vida. Justo se produjo una parada y me pasó la cámara para que lo viera con mis propios ojos. En el Ford Falcon rojo aparecían dos personas sentadas en el asiento trasero. Pero el dueño del Falcon estaba solo. Lo estábamos viendo ahora mismo detenido delante de nosotros.

Un escalofrío recorrió mi espalda, aunque la mañana comenzaba a entibiarse notablemente. Qué carajo había pasado. Porque los dos pasajeros traseros no existían. De eso estábamos segurísimos. Teníamos el auto delante de nuestras narices. “Prepará la cámara para filmar”, le dije a Lucas. “¿Qué vas hacer?”, me preguntó. Le dije mi sencillo plan. Cuando arrancáramos de nuevo me pondría a la par del Ford Falcon rojo, del lado derecho.

Lucas entendió mi maniobra. Lo hicimos y al ponernos al lado del Falcon le toqué bocina y su dueño agitó su mano. Mientras tanto Lucas no se perdía detalle con su cámara. “¿Los ves en la pantalla?”, pregunté. Temía la respuesta de Lucas. Un no rotundo retumbó en mi cabeza. Imaginaba que las personas estarían en el video. Lo que no esperaba era que fueran más.

Así fue. En otra parada vimos los dos que en el Falcon iban más personas parecían tres adultos más un pequeño que apenas se asomaba. Un nuevo frío recorrió mi espalda y llegó a mis manos. Nuestro silencio por el resto de la caravana fue sepulcral. Qué eran esos pasajeros invisibles para nuestros ojos, pero no para la cámara. Muertos. Eso era seguro. Pero qué hacían en nuestra caravana.

Lucas seguía impresionado por esos seres que había visto en el Falcon rojo. Tomó la cámara, que había dejado abandonada, y disparó varias veces, a través del parabrisas hacia adelante. “No aparecen en las fotos”, dijo en tono pensativo. Era verdad los acompañantes del más allá no se veían en las fotos de la cámara, solo aparecían en los videos. Cosa de mandinga o de otro lado.

Llegamos al predio parquizado y el lugar era tan espectacular que nos hizo olvidar de los espectros del Falcon rojo. Como íbamos por nuestra cuenta sin pertenecer a ningún club adivinen a dónde nos ubicaron, exacto al lado del Falcon rojo.

Lucas estaba como paralizado cuando se dio cuenta que el Falcon con su carga de seres etéreos sería nuestro compañero en el encuentro por todo el resto del día. “Vamos que tenemos que disfrutar del encuentro. Para eso vinimos”, le dije a modo de arenga para sacarlo del trance que parecía estar teniendo. Acató la orden y salió del Chivo. Siempre con la mirada clavada en el Falcon, ahora vecino.

“Parece que vamos a estar juntos en el encuentro”, comentó el dueño del Falcon rojo mientras se bajaba. Claro lo tendríamos de vecino, pero el tipo no parecía nada raro y encima era muy simpático. “Tengo una mesa de camping en el baúl. Claro si quieren compartirla conmigo. Total estoy solo”, nos dijo a Lucas y a mí. De reojo miré a Lucas que se puso pálido. “Está bien”, le contesté ante la mirada inquisitoria de Lucas.

Pensé que hablando con el tipo del Falcon, Marcos, así se llamaba, lograría indagar sobre sus fantasmales compañeros de ruta. Marcos era muy extrovertido así que me imaginé que no sería nada difícil escrudiñar un poco con cierto tacto.

“Nos vamos a recorrer un rato. ¿Vos te quedas?”, le dije como para ganarme la confianza de Marcos. “Vayan tranquilos que yo me quedo cuidando los autos”, me respondió. En la recorrida por el predio Lucas me preguntó porqué había aceptado compartir la mesa con él si nosotros habíamos traído la nuestra. “Quiero saber quiénes son los pasajeros del Falcon”, le contesté. Lucas me miró entre asombrado y asustado. Le dije que de última eran almas, espectros o fantasmas que estaban dentro del Falcon por algo.

Imaginaba que por un accidente o algo parecido. Por una situación traumática no resuelta o algo por el estilo. Pero era evidente que no querían molestar, solo viajaban con Marcos y este parecía contento y acompañado. Al menos eso me parecía a mí. Pero Lucas no lograba reponerse de la impresión de lo visto a través de las imágenes del video de la mañana durante la caravana.

Marcos resultó ser un tipo muy entrador y charlatán. Agradable y de buen trato. Destilaba algo de buena persona. Como con brillo especial. Y eso lo terminaría de confirmar en el transcurso del día durante ese encuentro en un parque hermoso y debajo de una refrescante sombra de los árboles que rodeaban el predio.

En un momento de la tarde, luego que almorzáramos los tres juntos, Lucas se había relajado y no estaba tan tenso como al principio. Ahí me dije que era la oportunidad de indagar un poco. Justo por los altoparlantes anunciaron que tocaría una banda de blues que le gustaba mucho a Lucas. “Andá más cerca del escenario. Yo me quedo con Marcos”, le dije. No lo dudó un instante y marchó a la carrera para donde comenzaba a tocar la banda.

Ese era el momento a solas para encarar a Marcos. Pero creo que Marcos leía la mente o era un tipo muy intuitivo. “Los vieron en el video. ¿No?”, me soltó sin anestesia. “¿A quienes?”, le respondí haciéndome el soberano boludo. “A mis acompañantes”, me contestó. Listo no tengo escapatoria, el tipo está al tanto de todo. Y era cierto sabía mucho más de lo que creía.

Marcos compró el Ford Falcon rojo en un estado lamentable. Había sido abandonado en una casa luego que casi toda una familia muriera en un accidente de tránsito en la vieja Ruta 2 camino a unas vacaciones en Mar del Plata en el año 1966. No tenía un año de uso y apenas unos 15.000 kilómetros recorridos cuando chocó de frente con un camión que circulaba de contramano. El chófer del camión estaba totalmente borracho en tal grado que su recorrido original era hacia Mar del Plata y no a Buenos Aires, como estaba circulando.

Una historia repetida en las rutas argentinas por décadas, pero en este caso con seres que habían quedado atrapados por algún motivo entre nosotros los seres vivos. El único que se salvó, vaya paradoja, fue el chófer. Un joven de 18 años que era el hijo mayor de la familia y que ese viaje a la Costa Atlántica era un primer viaje en ruta y el estreno de su registro de conductor. Todo terminó en tragedia y con él como único testigo vivo del accidente. La carga para ese joven fue demoledora.

Se pasó mucho tiempo en un estado catatónico culpándose de la muerte de toda su familia, pero él no era el culpable. A su padre, un piloto de competición experimentado le hubiera pasado lo mismo. El camionero iba tan borracho que chocó al Falcon rojo del lado del acompañante y lo hizo volcar dentro de la zanja. Los que no murieron por el impacto se ahogaron. Un verdadero siniestro que Marcos se encargó de rastrear y encontrar en los diarios de la época.

“Toda una familia muere en la Ruta 2”, fue el título catástrofe del diario Crónica. Marcos no puede determinar si este accidente no fue uno de los que le puso el mote de “Ruta de la Muerte” a la vieja Ruta 2, hoy devenida en autovía. El joven de 1966 se llamaba Jorge y fue a él al que le compró el Falcon rojo. El auto estaba a su nombre, su padre se lo había prometido para cuando tuviera su licencia de conductor. Era una familia muy acomodada.

Después de años de internaciones psiquiátricas y visitas al psicólogo, Jorge, logró reponerse del trágico accidente. Pero para eso había pasado unos 40 años y ya estábamos en el siglo XXI. Se decidió a vender esa chatarra que estaba en su casa y Marcos, que conocía el auto, porque vivía cerca lo compró para restaurarlo. Tardó más de cinco años para dejarlo impecable, casi como estaba antes del fatal accidente.

Un día le dijo a Jorge si se animaba a dar una vuelta en el Falcon. Jorge lo pensó un tiempo y un día lo llamó y le dijo que estaba listo. Marcos lo pasó a buscar y juntos salieron a dar una vuelta. Jorge lloró una parte del camino. Imagino lo que volvía a sentir un hombre de casi 60 años. En eso le preguntó a Marcos “¿puedo manejarlo?”. “Claro era tuyo como no lo vas a poder manejar”, le contestó.

Jorge se puso al volante y en forma temblorosa empuñó el volante. Era parte de un exorcismo, por decirlo de una forma. Era como volver a 1966 antes del choque. Lo hizo, manejó el Falcon y una alegría inmensa se le pintó en el rostro. Se había curado luego de 40 años de angustias, sufrimiento y largos tratamientos. Ahora está en pareja, cosa que no había podido realizar durante todos esos años, y tiene una vida feliz y normal. Hasta lo acompaña a Marcos en algunos encuentros. Hoy no había venido porque era el cumpleaños de Marta su pareja.

Mi duda era porqué la familia de Jorge se aparecía dentro del Falcon de Marcos. Se lo hice saber. “Me acompañan cuando estoy solo sin Jorge”, me respondió de la forma más natural. Para una situación de lo más sobrenatural. Me contó que la primera vez que vio a los familiares de Jorge fue cuando su novia le tomó un video desde otro automóvil cuando salía a dar una vuelta con algunos amigos.

No se dieron cuenta hasta que a la noche, de regreso en casa, vieron el video. Marcos pensó inmediatamente en la familia muerta en el choque, sabía del accidente desde hacia muchos años antes de comprarlo. Se lo contó a Jorge. Este no se impresionó, al contrario le dijo “te están cuidando. Se alegraron que me volvieras a la vida. Yo era un muerto de este lado.” Ahí le contó que más de una vez sus padres y hermanos se le habían aparecido diciendo que no era el culpable y que tenía que superar la situación. Pero a Jorge le llevó cuatro décadas hacerlo y en parte el artífice de eso era Marcos, que le compró el auto, luego de insistir por años. Esa venta produjo un quiebre que logró que Jorge se recuperara y tuviera un vida como la gente.

Así que ahora la familia de Jorge, los García, lo cuidan a Marcos. Y no es chiste. Un día el Falcon no arrancó. No hubo forma de ponerlo en marcha. Luego de una hora de intentar por todos los medios, y viendo que llegaba tarde a un encuentro en Lobos, puteó y giró la llave de contacto. Como si nada hubiera pasado por una hora el Ford Falcon rojo ronroneó como siempre.

Marcos no entendía que había pasado hasta que llegó a la Ruta 205 y se enteró del choque y vuelco de dos camiones justo a la hora que tendría que haber pasado él, con su novia, por ese lugar. Ahí se dio cuenta que estaba protegido, más si viajaba solo.

Había terminado de contarme la historia de su Falcon rojo cuando apareció Lucas eufórico por el recital de su amada banda de blues. Estábamos tomando gaseosa con Marcos y propuse un brindis por los García. “¿Quiénes son los García?”, preguntó inocentemente Lucas y añadió “¿son una banda?”. Reímos a carcajadas con Marcos. Ya habría tiempo de explicarle a Lucas quiénes eran los García.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Tuesday, September 30, 2014

Caravana de San Miguel

El sábado 27 de septiembre de 2014 se realizó la 1ª Caravana de Autos Históricos en la ciudad de San Miguel, en el marco de las Fiestas Patronales,  que fue organizada por Donato Cicchini integrante de la Junta de Estudios Históricos de San Miguel(JEHSM) que contó con la colaboración de la Municipalidad de San Miguel. Jorge Calabresi tuvo a su cargo la organización de las cupecitas del TC (Turismo Carretera) y Víctor Caputo la de los autos antiguos.

Los autos antiguos en la Plaza de San Miguel. En primer
plano el Messerschmitt que abría la caravana.



Los autos se comenzaron a concentrar a partir de las 9 horas en la Plaza de San Miguel, frente al Palacio Municipal. Más tarde arribarían las cupecitas del TC que se estaban abasteciendo de combustible, que aportó el municipio de San Miguel. Luego los autos antiguos harían lo mismo en tandas de 4 autos.

Una vez congregados los 32 autos que participaron de la caravana, 19 cupecitas del TC y 13 autos antiguos, y luego de unas palabras de Donato Cicchini, con el sonido de la bocina de un viejo Chevrolet Campeón de 1928 se dio inicio a la caravana por las calles del partido de San Miguel a las 11:30 horas.

La invalorable colaboración de los agentes del cuerpo de Tránsito de San Miguel posibilitó la aceitada circulación de los autos históricos en esta 1ª Caravana. Abriendo la marcha una camioneta de Tránsito alertaba de los autos históricos, detrás un patrullero de la Policía Municipal, y las motos que cortaban el tránsito para que la caravana avanzara sin inconvenientes.

Las queridas cupecitas del TC.

Los vecinos de San Miguel se cansaron de sacar fotos a los autos que pasaban por las diferentes calles del partido. Uno de los autos que se llevó las exclamaciones mayores fue un Messerschmitt modelo 1957, que es un auto de San Miguel, que su dueño usa a diario. Pero como siempre su paso llama la atención de todos.

Está demás decir que las cupecitas del TCdespertaron el asombro de muchos y el recuerdo de los que peinan canas, o los que no tiene que peinar. Ver la alegría de la gente al paso de los viejos autos que supimos conseguir fue una de las cosas más gratificantes que se puedan vivir. Gritos, saludos, exclamaciones y hasta aplausos, de los más entusiastas, fue lo que vivieron los que participaron de esta 1ª Caravana de Autos Históricos.

La primera parada, a las 12:15 horas, fue en la plazoleta circular a la entrada del Barrio Trujui, en la calle Isabel La Católicay La Niña. De inmediato los vecinos del barrio se congregaron a apreciar los autos antiguos y las cupecitas de TC que se estacionaron alrededor de la plazoleta. Unos 15 minutos estuvieron detenidos los autos para luego emprender la marcha al Club Indios, en la calle Pardo, donde se serviría un asado a todos los invitados a participar de la caravana de autos históricos.

Autos antiguos pasando frente a la Plaza de las Carretas
por la mañana del sábado 27 de septiembre de 2014.

Una vez dentro del predio del Club Indioslos autos fueron estacionados en el parque para degustar un rico asado y compartir anécdotas de esos viejos autos que supimos conseguir. Los autos quedaron al resguardo de los agentes de la Policía Municipal, mientras sus dueños reponían fuerzas, en el almuerzo, para luego reiniciar la marcha con destino a la Plaza de las Carretas.

Pasadas las 15:30 horas los autos se agruparon para iniciar el último tramo de la caravana. Primero los autos antiguos, como cuando arrancaron desde la Plaza San Miguel, y detrás las queridas cupecitas del TC. Nuevamente la sorpresa de muchos vecinos ante el paso de los autos.

Los autos estacionados en el parque del Club Indios.

Una vez que los autos de la caravana llegaron a la Plaza de las Carretas se estacionaron a 45º sobre la calle Conesa, entre Sarmiento y la Avenida Presidente Perón. Nuevamente la reacción del público que vinieron a ver los autos como las moscas sobre la miel. La alegría de muchos al contemplar esos autos viejos que no se ven todos los días en la calle, aunque alguno siempre estuvo en San Miguel desde cero kilómetro, como un Jeep Pick-up, rojo y blanco, que estaba al mando de su dueño.

Así con muestra estática se dio por finalizada la 1ª Caravana de Autos Históricos de San Miguel. Todo salió de maravillas, desde el tiempo que ayudó a que la gente estuviera en la calle, hasta el personal de Tránsito que trabajó de manera espectacular, acompañando todo el tiempo a los autos antiguos. También el reconocido esfuerzo a los organizadores, Cicchini, Calabresi y Caputo, que pusieron sus conocimientos para que fuera una fiesta y un espectáculo digno de ver.

Panorámica de las cupecitas del TC con la casa del Club Indios de fondo.

Archivo de autos fue partícipe invitado de esta 1ª Caravana de Autos Históricos y por eso quise hacer una reseña de todo, o casi todo, lo vivido ese sábado 27 de septiembre de 2014. No se puede contar en palabras las emociones de muchos de los que participaron, como de los espectadores que contemplaban los autos en movimiento, o cuando estaban detenidos en algunas de las tres plazas de San Miguel.

Ahora queda flotando una pregunta, muchas veces oída a lo largo de ese maravilloso sábado, ¿para cuándo la próxima caravana en San Miguel? Dejemos a los organizadores que se repongan y veremos si los vecinos de San Miguel podemos contar con una segunda edición de autos antiguos y cupecitas de TC recorriendo las calles de nuestro partido.

¡Gracias por el espectáculo que nos brindaron a todos y vamos por la 2ª Caravana de Autos Históricos!

Pueden ver más fotos de los autos que intervinieron en este álbum públicoen la página de Archivo de autos en Facebook:

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Wednesday, September 24, 2014

1ª Caravana de Autos Históricos de San Miguel

El próximo sábado 27 de septiembre de 2014 se realizará por las calles del Partido de San Miguel la 1ª Caravana de Autos Históricos que contará con el auspicio de la Municipalidad de San Miguel, y la colaboración de la Dirección de Tránsito que aportará personal y vehículos. La caravana es una de las actividades que se realiza en el cronograma de las Fiestas Patronales de San Miguel.



La concentración de los autos históricos, compuestos por cupecitas del TC del Ayer y autos antiguos se realizará en la Plaza de San Miguel frente al Palacio Municipal, sobre la calle Sarmiento. De ahí partirán los 30 vehículos a las 11 horas por la calle Sarmiento hasta llegar a la Plaza de las Carretas, donde tomarán por la calle Conesa para buscar la Avenida PresidentePerón. De ahí marcharán en caravana hasta la calle Roca, Sarmiento, España, para pasar por el bajo nivel de las vías del ferrocarril San Martín. Los autos históricos llegarán hasta Gaspar Campos, Avenida Ricardo Balbín para llegar a la primera parada de la caravana: el Colegio Máximo. Se espera arribar alrededor de las 12 horas.

Luego de un descanso los autos retomarán la marcha por la Avenida Ricardo Balbín hasta la calle Isabel La Católica, donde doblarán en la calle Pardo en busca del Club Indios. En ese lugar los autos históricos harán una parada, alrededor de las 13 horas, para degustar de un almuerzo que se servirá a los pilotos y acompañantes de los integrantes de la caravana histórica.

Una vez repuestas las fuerzas los autos históricos emprenderán el viaje hacia la Plaza de las Carretas, alrededor de las 15 horas, saldrán por la calle Pardo, Sebastián Gaboto, Mayor Irusta, Senador Morón, Piñero, Avenida San Martín, Richieri, Obligado, Aconquija y finalmente Avenida Presidente Perón para finalizar en la Plazade las Carretas. Donde se estima que los autos históricos estarán llegando aproximadamente a las 16 horas.

Permanecerán hasta las 17 horas expuestos en la Plaza de las Carretas y luego se desconcentrarán dando por finalizada la 1ª Caravana de Autos Históricos de San Miguel de 2014.


Invitamos a los vecinos de San Miguel a contemplar el paso de los autos que formaron parte de la historia automotriz del país por las distintas calles del partido, por donde pasará la caravana histórica.


ACLARACIÓN:el recorrido de la 1ª Caravana de Autos Históricos de San Miguel puede sufrir modificaciones de último momento dadas las condiciones del tránsito de la ciudad de San Miguel. Gracias por su compresión.

Thursday, April 24, 2014

Se viene el 4º Tour por Hurlingham

El próximo domingo 27 de abril se realizará el 4º Tour de Clásicos por Hurlingham organizado por La Barra de los Clásicos de la ciudad de Hurlingham en la provincia de Buenos Aires. La convocatoria es para las 9:30 horas en la Plaza Ravenscroft, Avenida Julio A. Roca y General O. Brien, de ahí se marchará en caravana por las calles de Hurlingham hasta el Polideportivo Municipal sito en la Avenida Vergaray Paso Morales. La muestra estará abierta al público hasta las 18 horas.



Una vez más Archivo de autos estará presente a bordo de la rural Mercedes-Benz 170 SD modelo 1955, propiedad de mi padre José Lorenzo Uldane. En la ocasión La Barra de los Clásicos Automoto Clubcelebrará sus 14 años de vida como club. Una ocasión  para ver autos antiguos en perfecto estado de conservación.

¡Nos vemos el domingo 27 de abril!

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

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