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Saturday, June 21, 2014

El viaje del Hupmobile

Los caminos no eran lo que son, en especial, en la década del veinte. Viajar de la ciudad de Mendoza a la ciudad de Buenos Aires era toda una travesía que demandaba días de dura marcha. Hoy veremos cómo un Hupmobile lo hizo en el año 1923.

El Hupmobile en una de las etapas de la travesía de Mendoza a Buenos Aires el año 1923. 
La fotografía apareció publicada en la revista Autoclub del mes de febrero de 1976.


Un 25 de noviembre de 1923 un Hupmobile al mando de Romeo Maestri salía de la ciudad de Mendoza con rumbo final hacia la ciudad de Buenos Aires. Como copiloto fue Alfonso Thomé, mecánico de profesión, que era el encargado de mantener en condiciones operativas al Hupmobile.

El Hupmobile era un modelo con capota que realizaría el trayecto de más de 1.000 kilómetrosde huellas, porque de caminos ni hablar en aquellos años de una insipiente red caminera. Muchos de estos osados pilotos fueron los que marcaron el camino para que se trazaran futuras rutas.

El comienzo del raid se realizó a la una de la madrugada de ese 25 de noviembre y el primer objetivo era alcanzar San Luis de la Punta de los Venados, primera etapa del largo camino que emprendió la dupla Maestri-Thomé. El primero de la dupla se había asociado al Automóvil Club Argentino (ACA) en mismo año de 1923 y ostentaba el número de socio 359.

La meta no solo era llegar a la ciudad de Buenos Aires sino del VI Salón del Automóvil que se realizaba por aquel momento. Volvamos con los viajeros que estaban a punto de atravesar el río Desaguadero. Un incendio había destruido el puente sobre el río así que una yunta de caballos fueron los encargados de cruzar al Hupmobile hacia la capital puntana.

Luego de pasar por la ciudad de San Luis, capital de la misma provincia, las etapas fueron las siguientes: Justo Daract, Laboulaye, en la provincia de Córdoba, Colón, ya en la provincia de Buenos Aires, Pergamino, San Andrés de Giles y para finalizar en la ciudad de Buenos Aires.

Los arenales en la provincia de San Luis obligaron a la dupla Maestri-Thomé a usar la pala y ramas de jarilla. La fotografía apareció publicada en la revista Autoclub del mes de febrero de 1976.

Para el año 1976 Romeo Maestri contaba con 82 años de edad y tenía una pila de anécdotas sobre lo ocurrido en este arriesgado viaje de Mendoza a Buenos Aires. Pero, según palabras de Maestri, lo que les pasó en Colón superó todos los sucesos del viaje.

“Pero nada superó a lo que nos pasó en Colón. Cenábamos con Thomé cuando se acercó a nuestra mesa un hombre que nos ofreció sus servicios como conocedor de la zona; nosotros, con el apuro de llegar a Buenos Aires, dispusimos partir una hora después. Eran una noche de tormenta y los faros de carburo no alcanzaban a horadar la oscuridad. Marchábamos entre barro y cortinas de agua, subiendo y bajando terraplenes, como podíamos. Así anduvimos toda la noche, hasta que con las primeras luces del alba aparecimos cerca de un pueblo importante. Nos cruzamos con una vecina y le hicimos la pregunta de rigor: ¿en qué pueblo estamos? Entonces, la increíble respuesta: Colón. En ese momento mi mecánico agitó la manija del auto y la emprendió a golpes contra el despistado guía”, contaba en el año 1976, Romeo Maestri.

En la tercera etapa, en Justo Daract y Laboulaye, el mal estado del camino, que es la actual ruta nacional 7, los obligó a demorarse mucho más de lo previsto en sus cálculos. Pero debieron esforzarse mucho más para llegar hasta Colón en medio de una tormenta. Luego vendría la cena y viajar en círculos, con el “baqueano”, para retornar a Colón.

Luego de enfilar hacia Pergamino, la próxima etapa del viaje, siguieron por caminos que no eran nada transitables. Como cuando, por el barro reinante, no lograron acertar con el puente del río Arrefices y fueron a dar a su cauce. Se salvaron de milagro lo mismo que el Hupmobile. Reacondicionaron el auto y siguieron raudos hacia San Andrés de Giles.

Allí pusieron al Hupmobile en condiciones para que luciera bien a su llegada a la ciudad de Buenos Aires. Un mediodía, para ser exactos a las 13 horas, del día 10 de diciembre de 1923 arribaron al VI Salón del Automóvil que se celebraba en la ciudad de Buenos Aires. Los visitantes no daban crédito al Hupmobile, que cubierto de polvo y barro había realizado la hazaña de unir a Mendoza con Buenos Aires en 14 días de duro trayecto.

En Luján, provincia de Buenos Aires, el Hupmobile, se topó con un pantano que estaba seco por suerte para los tripulantes. La fotografía apareció publicada en la revista Autoclub del mes de febrero de 1976.

Romeo Maestri y Alfonso Thomé fueron recibidos como héroes en el VI Salón del Automóvil junto al ya legendario Hupmobile. Descansaron y se recuperaron de la dura prueba que habían realizado en el viaje. Una vez repuestos, ambos hombres, regresaron a Mendoza. Una vez de vuelta en los pagos pusieron a punto el Hupmobile para realizar un nuevo viaje.

Esta vez el objetivo era ir y volver a la provincia de San Juan. Lo lograron y se convirtió en el primer viaje en automóvil en unir las ciudades de Mendoza y San Juan. El Hupmobile y su tripulación pasaron a la historia del automovilismo argentino. Un lugar para unos pocos aventureros por aquellos primeros años.

Pero la actividad de Romeo Maestri no concluyó en estos viajes sino que fue uno de los pioneros en señalizar los caminos de la cordillera a Chile y a Calingasta en la provincia de San Juan. También, esos pioneros, hacían nivelar los caminos de Mendoza con aportes propios para que estuvieran en condiciones de transitabilidad. Además Maestri fue miembro de la delegación del ACA en Mendoza por varios años y hasta que en 1930 recibió una medalla de oro por su dedicación a incorporar nuevos socios a la entidad.

Las fotografías del Hupmobile fueron tomadas de la revista Autoclub número 83 del mes de febrero de 1976, publicación que es el órgano de prensa del ACA y que se les envía a cada uno de los socios de la institución.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Thursday, June 19, 2014

Las Bolitas de carrera

Una publicidadque no tenía en cuenta y que me encontré revisando viejas revistas del pasado. Lo que parece ser el parque cerrado de una competencia de la categoría Turismo Mejorado (TM) de Fiat 600 R, justo al modelo que hace mención la publicidad.

Publicidad publicada en la revista Auto Club número 63.

Nunca había visto esa publicidad hasta ahora y trajo a mi memoria el primer relatoque publiqué en Archivo de autos con las andazas del Tío Pedro a bordo de su Bolita de color verde claro, el mismo tono en que están pintados los camiones de la empresa láctea La Serenísima.

Por supuesto que el Tío Pedro no usaba su Fiat 600 R modelo 1970 para correr carreras pero sus anécdotas podrían ingresar en un libro de rally o raids. Las cosas que le hizo el tío de mi papá a ese auto ni los más afiebrados ingenieros italianos lo imaginaron nunca.

Pero volviendo a ese parque cerrado, que vaya uno a saber donde fue, es notable la cantidad de unidades 600 que hay en la foto. Algo impensado hoy en día. Lo que sucede es que el Fiat 600 supo ser líder en ventas por años en Argentina. No por nada la cantidad que actualmente se puede encontrar en las calles del país.

Me pareció una foto rara, dentro de una publicidad que casi no tiene texto, solo una frase a modo de eslogan. Por eso quise compartirla con los seguidores de Archivo de autos para rememorar viejas épocas, para los que tenemos algunas canas, y para que las nuevas generaciones vean como era un parque cerrado de una categoría de autos de carrera, casi de calle.

Si alguno está interesado en conocer las andanzas del Tío Pedro les dejo el enlace con el relato: http://archivodeautos.blogspot.com.ar/2011/11/la-bolita-del-tio-pedro.html

La publicidad apareció publicada en la contratapa de la revista Auto Club, órgano de prensa del ACA (Automóvil Club Argentino) para sus socios, en el número 63del bimestre marzo-abril de 1972.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Saturday, June 7, 2014

Una prueba de consumo con el Fiat 147 TR5

Hoy viajaremos hasta principios del año 1983 cuando la empresa Sevel (Sociedad Europea de Vehículos para Latinoamérica) Argentina presentó su nuevo modelo de Fiat 147, el TR5. Pero no veremos su lanzamiento en el país, sino la prueba que organizaron para demostrar las cualidades de su autonomía.

Los ganadores del Gran Premio de Autonomía, los periodistas de la revista Corsa, disputado entre el 3 y 4 de mayo de 1983 abordo de un Fiat 147 TR5. Foto de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.


El martes 3 de mayo de 1983 partieron los 45 automóviles Fiat 147 TR5 desde la sede central del Automóvil Club Argentino (ACA), ubicado en la Avenida del Libertador 1850 en la ciudad de Buenos Aires. Esta entidad fue la encargada de la organización de la prueba y la fiscalización, en conjunto con Sevel Argentina. La idea era demostrar la autonomía del nuevo modelo de auto para unir las ciudades de Buenos Aires y Mar del Plata con el regreso a la primera, el miércoles 4 de mayo.

Así partieron los 45 autos con duplas de periodistas de los diferentes medios de todo el país. A lo que apuntaba Sevel Argentina era a demostrar que el nuevo modelo de motor de 1.301 centímetros de cilindrada con 60 CV DIN de potencia y caja de cinco velocidades se podía ir y volver, desde la ciudad de Buenos Aires y hasta Mar del Plata, con los 52 o 53 litros de su tanque de combustible.

A la izquierda Pedrag Kostic, director de Su Auto y a la derecha Raúl Pellegrino, secretario de redacción de la misma publicación, en el inicio del Gran Premio de Autonomía, disputado entre el 3 y 4 de mayo de 1983 junto al Fiat 147 TR5. Foto de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.

Anteriormente hubo pruebas similares, por ejemplo con el Fiat 128, así que se consideraron algunas “pillerías” que se podrían realizar para ganar la prueba. En reuniones previas a la “competencia” se estableció un reglamento del “Gran Premio de Autonomía”. Algunos de los puntos señalados en ese reglamento era que no se podía introducir nafta por el venteo del tanque, porque tenía una válvula que lo impedía; tampoco se podía introducir combustible por la escotilla del flotante del medidor, porque era de un sistema diferente; no se podía quitar la manguera del servo freno, que iba al carburador, para que este aspirara más aire; ni aplicar un vacuómetro en ese punto, ni cambiar partes del carburador; ni quitar el filtro de aire; porque el capot se sellaría antes de la salida.

Si algunos de los concursantes pinchara un neumático debería esperar el auxilio del ACA, que colaboraría a lo largo de la competencia. Las autoridades del ACA o Sevel Argentina repondrían el sello del capot. Tampoco se podría aumentar la presión de los neumáticos porque se sellarían tapas y válvulas, pero esto no ocurrió al inicio de la competencia hacia Mar del Plata. Las tapas de los tanques de combustibles serían selladas al inicio de la prueba. “Chuparse” detrás de otro vehículo, para aprovechar la succión, también era ilegal.

Raúl Pellegrino, secretario de redacción de Su Auto entrevistado en el inicio del Gran Premio de Autonomía, disputado entre el 3 y 4 de mayo de 1983 a bordo del Fiat 147 TR5. Foto de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.

Pero como dice un viejo refrán: “hecha la ley, hecha la trampa”. No todos acataron las normas y las sospechas sobre los ganadores fueron muchas. Además porque ellos mismos confesaron algunas “tropelías”. La revista “Su Auto” envió a su secretario de redacción, Raúl Pellegrino y su director, Pedrag Kostic como piloto y copiloto, respectivamente, de la prueba con los 147 TR5. Recibieron el auto número 5como se aprecia en las fotos que ilustran esta nota.
En cambio los ganadores Ricardo Delgado y Jorge Fernández Morano, de la revista “Corsa”, llevaron el número 36. Por supuesto que los periodistas de la revista “Su Auto” se declararon ganadores morales de la prueba, pese haber logrado el puesto 41, de 45 autos que participaron.

Raúl Pellegrino, secretario de redacción de Su Auto recibe su recuerdo del Gran Premio de Autonomía, disputado entre el 3 y 4 de mayo de 1983 de manos de Carlo Capella y Gastón Perkins. Foto de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.

La largada fue en la sede central del ACA, la ciudad de Buenos Aires, hasta el Hotel Provincial, en la ciudad de Mar del Plata. A la noche se ofreció una cena en el Hotel Hermitage de la ciudad balnearia donde Edmundo Santandreu, Subgerente Administrativo del ACA hizo una crónica del viaje de ida, que según los testigos, parecía un monólogo cómico.

Quien más y quien menos habían violado el reglamento establecido para la prueba. Algunos confesaron que sobre inflaron los neumáticos, otros que se “chuparon” detrás de un camión militar, porque no estaba indicado en el reglamento, otros que abrieron las puertas para aprovechar el viento de cola…, los que apagaron el motor en las bajadas, los que violaron los semáforos en rojo, un clásico argentino, o hasta los que “enderezaron” curvas. Nadie se salvó de las violaciones a las reglas establecidas.

Para que puedan comparar los desenvolvimientos de los 45 participantes les incluyo un cuadro con todos los datos. La posición obtenida, el número de auto, el medio al que pertenecían, el tiempo empleado, el consumo y el promedio. No quien fue más lento consumió menos y viceversa.

El Fiat 147 TR5 de 1983 que fuera el protagonista del Gran Premio de Autonomía, disputado entre el 3 y 4 de mayo de 1983. Foto de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.

Lo cierto de todo esto es que la gente de Sevel Argentina demostró que su nuevo modelo podía ir de Buenos Aires a Mar del Plata y regresar sin cargar combustible con lo cual se podían recorrer unos 1.000 kilómetros y se mantenía un promedio de 55 a 60 kilómetros por hora esta autonomía aumentaba hasta 1.200 kilómetros. El objetivo inicial de la empresa automotriz se había logrado más allá de las trampas de varios de los competidores.

Al finalizar la prueba se sorteó uno de los 45 autos entre los competidores y lo ganó Jorge Rech del diario La Nueva Provincia de la ciudad de Bahía Blanca en la provincia de Buenos Aires. Los autos habían sido entregados a los concursantes con 3 kilómetros recorridos, aunque hubo uno con 6 kilómetrosandados.

Cuadro de posiciones del Gran Premio de Autonomía, disputado entre el 3 y 4 de mayo de 1983. Foto de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.

Las fotografías, como el cuadro de datos, fueron tomados de la revista Su Auto número 38 del mes de mayo de 1983.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


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Saturday, May 31, 2014

Yruam, un auto argentino

Emmanuel J. Maury fabricó en el año 1927 un automóvil desde cero. Hizo todas sus partes en el país. Un automóvil totalmente artesanal y argentino. Hoy conoceremos algunos detalles de ese auto y adonde fue a parar.

Yruam de 1927. Foto de la revista Automundo 
número 60 del 29 junio de 1966.


El Yruam, Maury al revés, fue la creación de Emmanuel J. Maury francés de nacimiento que arribó a Argentina en el año 1910. Su profesión era mecánico de aviación y arribó al país un año antes que llegara el primer avión. En un principio se dedicó a ejercer su profesión, junto a compatriotas, que llegaron a Argentina para desarrollar la aviación.

Más tarde pasó a ser jefe de los talleres de la firma Fevre que años más tarde se convertiría en Fevre y Basset con larga trayectoria junto a la empresa Chrysler en el país. Luego Maury se independizaría con su propia industria que atendía a motores de aviación o de automóviles en forma indistinta. El taller estaba ubicado en la calle Jujuy al 300 de la ciudad de Buenos Aires.

Ahí tal vez nació su deseo de realizar un automóvil totalmente artesanal. Lo lograría en el año 1927 y llevaría por nombre Yruam. Un automóvil que presentaba muchas soluciones modernas o de avanzadas para finales de la década del veinte.

Tablero del Yruam de 1927. Foto de la revista 
Automundo número 60 del 29 junio de 1966.

Maury tuvo claro que su automóvil no sería un prototipo, ni para ser realizado en serie. No aspiraba a eso. Pero si a patentarlo como de producción nacional que recién lograría en el año 1936, 9 años más tarde y tras sortear una montaña de dificultades de todo tipo.

Maury había sido representante de la marca francesa Rolland-Pillain para Argentina hasta el año 1926 cuando cerró sus puertas, tras la producción del modelo Grand Prix 8 cilindros. Tal vez esto inspiró a Maury para desarrollar su propio automóvil de gran turismo, que era en definitiva el Yruam. Ya que su motor era de 8 cilindros en línea con una cilindrada de dos litros.

Un motor de 8 cilindros en línea no nos parece moderno pero para cuando Maury lo desarrolló era habitual ese tipo de disposición de los cilindros en varias marcas europeas y estadounidenses. El motor V8 recién terminaría de imponerse unos 10 años más adelante.

Motor del Yruam de 1927. Foto de la revista 
Automundo número 60 del 29 junio de 1966.
Pero lo que tenía de avanzada el Yruam eran sus frenos mecánicos de accionamiento en las cuatro ruedas. No todos los automóviles de su época tenían frenos en las cuatro ruedas. Lo normal, en muchas marcas, era frenos solo en las ruedas traseras. Lo más novedoso para un automóvil de calle era su caja de velocidades de cinco marchas hacia delante.

Volvamos al motor de 8 cilindros en línea que tenía árbol de levas a la cabeza. Esto era casi exclusivo de los autos de carrera. Como las válvulas en la cabeza, en esos años la mayoría de los motores presentaban válvulas laterales. Otro alarde de lo avanzado del Yruam. Los pistones eran de cabeza hemisférica con calce para las válvulas, tanto la de admisión como la de escape.

El encendido era por doble magneto como se usaba en los autos de carrera y gran turismo de los años veinte. Esto permitía un mejor encendido que el sistema por bobina que usaban los autos de calle. Aunque todavía no estaba extendido este tipo de encendido.

El Yruam en la donación al Museo del Automóvil Club Argentino.
Foto de la revista
Auto Club número 30 del 
bimestre agosto-septiembre de 1966.

El cigüeñal fue torneado integralmente por Maury partiendo de un trozo cuadrangular de acero y el árbol de levas también fue una realización propia con las muescas hechas a fuerza de usar la lima. Los engranajes del diferencial fueron realizados con una máquina que el propio Maury desarrollara.

Así los engranajes helicoidales fueron de la inventiva de este emprendedor francés que llegara al país como un técnico dedicado a los novedosos aviones. Esto demuestra que este hombre estaba en la ola de lo que vendría en el futuro cercano. La aviación estaba en completa expansión en todo el mundo y marcaba, a veces, el rumbo a seguir en la industria automotriz.

Cuando contaba con 81 años, para el año 1966, Maury donó su Yruam al Museo del Automóvil Club Argentino, que está ubicado en la ciudad de Luján en la provincia de Buenos Aires. Allí permanece para que las nuevas generaciones puedan apreciar lo que se realizó en Argentina con esfuerzo, dedicación y pasión.

De izquierda a derecha: Raúl Riganti, Federico Monjardin, el ingeniero 
Mario L. Negri y Emmanuel J. Maury en el acto de donación del Yruam en 1966. 
Foto de la revista Auto Club número 30 del bimestre agosto-septiembre de 1966.

Luego viene la discusión si el Anasagasti fue el primer automóvil argentino, o el realizado en la ciudad de Campana, o el Yruam de Maury. Particularmente creo que son cosas diferentes. Anasagasti sin tener un vehículo 100 por ciento argentino logró concretar una escueta producción. A diferencia de los únicos ejemplares de los otros dos autos. De todas formas el inicio de la verdadera industria argentina se sitúa a finales de la década del cuarenta con el nacimiento de Automóviles Argentinos SA (Autoar).

Para el desarrollo de la industria automotriz estatal, con IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado), tendremos que esperar hasta 1951. Pero eso es otra historia que tendrá diferentes consecuencias para la economía de Argentina.

Un acercamiento a ese auto de gran turismo que desarrolló un técnico francés, radicado en Argentina, con muchas ganas de hacer algo productivo en el país. La pregunta final es: ¿qué hubiera pasado si el Yruam lograba entrar en producción seriada en el país? La incógnita queda en el aire y tal vez nunca tengamos una respuesta adecuada para resolver una compleja situación económica e industrial.

Las fotografías que acompañan esta nota histórica fueron tomadas de las revistas Automundo número 60 del 29 junio de 1966 y de Auto Club número 30 del bimestre agosto-septiembre de 1966.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Thursday, April 3, 2014

Los ángeles amarillos del ACA

¿Se acuerdan del los Ángeles Amarillos del ACA (Automóvil Club Argentino)? Aquellas rurales Dodge 1500 que prestaban un servicio de auxilio en diferentes rutas y en especial en la Ruta 2 a Mar del Plata.

Publicidad publicada en el diario Clarín del 8 de noviembre de 1978.


El servicio con las Dodge 1500 Rural fue puesto en marcha en noviembre de 1978, seguro que con vistas a la cercana temporada de verano. A partir de diciembre se solía prestar un servicio de ayuda a los socios del ACA. Que en temporada estival se podía extender a no socios para ayudarlos en su camino a la ciudad de Mar del Plata.

Muchas temporadas, entre diciembre y marzo, se prestaba este servicio de ayuda en la famosa Ruta 2, cuando solo era mano y contramano. No como ahora que es una autovía muy transitada en época de vacaciones en Argentina.

Me encontré, en mi archivo de datos, este aviso olvidado sobre la adopción, por parte del ACA, de las rural Dodge 1500 para ayudar con mecánica ligera a sus socios con problemas mecánicos. Lo novedoso era que si no se podía reparar el automóvil trasladaban a todos los pasajeros del auto hasta el destino prefijado por ese grupo familiar.

Todavía faltaban unas décadas para que los camiones con plancha de transporte se convirtieran en cosa común. Más aún, ahora, que existen los doble cabina para transportar a todos los pasajeros del automóvil averiado. Así no solo viaja la familia sino, que atrás, va el auto lesionado.

Hubo terminales automotrices que también brindaron auxilio en la Ruta 2 en tiempo de vacaciones, incluso para propietarios de autos que no eran de la marca.

La vieja publicidad a pareció publicada en el diario Clarín el 8 de noviembre de 1978 es una pieza que integra mi archivo de datos sobre el mundo del automóvil.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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