Showing posts with label Renault 12. Show all posts
Showing posts with label Renault 12. Show all posts

Sunday, May 10, 2015

TL para el Renault 12

Varios fueron las versiones que existieron del Renault 12. Desde su lanzamiento en el año 1971 por parte de IKA-Renault y más tarde como Renault Argentina. A partir del año 1976 apareció la versión TL con un poco menos de lujo y menos potencia que la versión TS. Se fabricó, la versión TL hasta el año 1994cuando cesa la producción del Renault 12.

Renault 12 TL que fabricaba la empresa Renault Argentina. Fotografía
de un folleto de Renault Argentina de mediados de los años ochenta.


Incluso en los últimos años de fabricación del Renault 12 TL se ofrecía al mercado argentino con faros dobles redondos en cambio de los tradicionales cuadrados. El TL era la versión de menos potencia, que funcionaba a nafta común, y con menos equipamiento y lujo. Comparado con la versión TS, tanto de la berlina como de la rural, conocida como Break.

El motor del Renault 12 TL era el conocido M 1400 de cuatro cilindros en línea con una cilindrada de 1.397 centímetros cúbicos con una potencia de 57 CV a 5.000 revoluciones por minuto, según un folleto de la empresa Renault Argentina. Estimo que el folleto es del año 1981, o a lo sumo 1982. Es una constante en la industria automotriz argentina no fechar los folletos que imprimía.

Esto lo aclaro porque la versión TL tuvo diferentes potencias a lo largo de 18 años que se mantuvo en producción. También tuvo diferente relaciones de compresión. En el caso de este modelo, que nos muestra el folleto, era de 8:1. En contra de 9,5:1que ofrecía el Renault 12 TS. El TL se alimentaba con un carburador de una boca mientras que el TS venía con un carburador de doble boca.

El diámetro de los cilindros era de 76 milímetros y la carrera de los pistones era de 77 milímetros. La particularidad de este motor era que usaba camisas húmedas desmontables. Esto es un gran beneficio para el usuario que ante la necesidad de rectificar el motor cambiando las camisas y los pistones, con sus respectivos aros, nos queda un motor casi nuevo. Lo cual el costo de una mejora del motor era mucho más bajo que los competidores.

Vista trasera del Renault 12 TL que fabricaba la empresa Renault Argentina.
Fotografía de un folleto de Renault Argentina de mediados de los años ochenta.
Además, los dueños de Renault 12 lo saben de sobra, el mantenimiento siempre fue baratoy el motor de una nobleza increíble. Sigue funcionando en las peores condiciones mecánicas. La otra gran ventaja es su bajo consumo de combustible, sobre todo en esta versión con un carburador chico.

El sistema de enfriamiento era cerrado con vaso de recuperación. Con un pequeño defecto: muy difícil de purgar cuando tenemos que cambiar la bomba de agua por ejemplo. Se tarda mucho tiempo en lograr extraer todo el aire del circuito. Por eso cuenta con válvulas de escape de aire en diferentes partes para lograr purgarlo. Alguna mala tenía que tener.

La tracción era delantera. El motor estaba colocado por delante del eje delantero y detrás venía la caja puente, el conjunto de caja de velocidades y diferencial. De donde salían los dos semiejes que transmitían la potencia a las ruedas delanteras.

La caja de velocidades era de cuatro velocidades sincronizadas y marcha atrás con la palanca de cambios ubicada en el piso. En donde en algunas versiones había montada una consola. Los frenos eran a disco en las ruedas delanteras y en las traseras de tambor con válvula antibloqueo que era sensible a la carga. Esta válvula era similar a las que usaban los modelos 4 y 6. Que ambos, en algún momento de su producción, montaron el motor M 1400.

El interior del habitáculo del Renault 12 TL de Renault Argentina.
Fotografía de un folleto de Renault Argentina de mediados de los años ochenta.
La suspensión delantera era independiente con trapecio articulado con resortes helicoidales con amortiguadores hidráulicos de doble efecto y barra antirrolido. La suspensión trasera era mediante eje rígido de baja inercia con auto corrector con barras reactoras longitudinales con triángulo reactor central más resortes helicoidales con amortiguadores hidráulicos de doble efecto y barra antirrolido.

La dirección era del tipo piñón y cremallera con una relación de 20:1. Mientras su radio de giro era de 5 metros. El sistema eléctrico era de 12 volts con 40 amperes por hora. El alternador era de 38 amperes con regulador electrónico incorporado.

Las medidas del Renault 12 TL eran: largo, 4.387 milímetros; ancho, 1.635 milímetros; alto, 1.435 milímetros; distancia entre ejes, 2.441 milímetros; trocha delantera, 1.312 milímetros y trocha trasera 1.312 milímetros.

En el exterior esta versión del Renault 12 TL tenía una nueva parrilla de color gris oscuro mate, nuevos paragolpes envolventescon una banda de goma y un nuevo espejo retrovisor exterior. En el interior las novedades estaban en los nuevos apoyabrazos y el comando interno de apertura de las puertas. Nuevas viseras parasol y un nuevo plafonnier para iluminar el habitáculo.

Tablero del Renault 12 TL de Renault Argentina. Fotografía de un folleto
de Renault Argentina de mediados de los años ochenta.
En el tablero se había agrupado todos los controles del climatizador. Los demás interruptores se ubicaron del lado izquierdo. Una nueva radio con pasacasete autorreverse venía incorporada en una consola cerca de la palanca de cambios.

El instrumental del tablero era de tres relojes. De los cuales el central era el velocímetro con odómetro parcial y total. El de la derecha tenía los medidores de combustible y carga de batería. El indicador de temperatura estaba ubicado en el reloj de la izquierda. El resto eran luces testigo para la presión de aceite, luces de giro, luz alta y demás.

Un vuelo sobre el Renault 12 TL de principios de la década del ochenta que se fabricaba bajo licencia por Renault Argentina y gracias a un folletode la empresa argentina pudimos adentrarnos un poco en cómo era este automóvil. Ese folleto es otra pieza más del archivo de imágenes y datos que proporciona información a las notas diarias que aparecen en Archivo de autos, el sitio de los autos viejos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Tuesday, February 10, 2015

Renault 12 TS Break 1980

La empresa Renault Argentina lanzó en el año 1971 el famoso Renault 12. Dos años más tarde ingresaba al mercado argentino la Renault 12 Break, que en el año 1976 aparecería la versión TS. Que es la que veremos en el modelo para el año 1980. Esta rural estaba equipada con el mismo motor que la berlina de cuatro puertas, el ya conocido M 1400, motor que usarían varios modelos de la empresa Renault Argentina. El volumen trasero de carga era de hasta 1.650 decímetros cúbicos con los asientos traseros rebatidos. Este volumen era mayor que su hermana más grande la Renault 18 Break. Fue una rural muy apreciada por los usuarios y lo sigue siendo pese al paso de las décadas. La mecánica noble y confiable siempre ha sido uno de sus mejores cualidades. En forma opcional se podía pedir un equipo de aire acondicionado. Una de sus particularidades a simple vista era el portaequipajes cromado que traía en la parte trasera de su techo. De esta forma se podía ampliar la capacidad de carga o transportar objetos voluminosos de poco peso. Para los que estén interesados en tener más detalles de la Renault 12 TS Break les dejo el enlace con la nota ya publicada en el blog de Archivo de autos:



Marca: Renault  Modelo: TS Break  Año: 1980
Motor: naftero  Ubicación: delantero  Marca: Renault M 1400
Cilindros: 4 en línea  Cilindrada: 1.397 cm3
Diámetro: 76 mmCarrera: 77 mm.
Potencia: 74 CV DIN  RPM: 5.500  Compresión: 9,5:1
Tracción: delantera Caja de velocidades: cuatro marchas sincronizadas más marcha atrás con palanca al piso
Suspensión delantera: independiente con trapecio articulado con resortes helicoidales con amortiguadores hidráulicos de doble efecto y barra antirrolido
Suspensión trasera: eje rígido de baja inercia auto corrector con barras reactoras longitudinales y triángulo reactor central con resortes helicoidales con amortiguadores hidráulicos de doble efecto y barra antirrolido
Frenos delanteros: a disco con servo freno  Frenos traseros: a tambor con válvula antibloqueo sensible a la carga
Dirección: de piñón y cremallera
Neumáticos: 165 SR x 13 pulgadas
Dimensiones: Largo: 4.481 mm.  Ancho: 1.635 mm.  Alto: 1.514 mm.
Distancia entre ejes: 2.441 mm.  Trocha delantera: 1.312 mm.
Trocha trasera: 1.312 mm.  Plazas: 5

Autor: Mauricio Uldane
Escaneo: Mauricio Uldane
Fuente: folleto de Renault Argentina



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Saturday, January 31, 2015

Unas vacaciones calientes

Aquellas vacaciones no serían para nada fáciles de olvidar. No solo por el calor calcinante sino por otras circunstancias que me tocó vivir y por suerte las superé para, ahora, contárselas a ustedes. Todo empezó con un viaje al sur del país para pasar el mes de enero recorriendo una ruta, que habíamos planeado en familia por mucho tiempo.



Durante muchos meses pensamos cómo disfrutar de un mes entero en el verano paseando por caminos de la Patagonia. Fueron largos meses de ver dónde parar, qué ruta seguir y demás etapas a cumplir de un largo recorrido que nos llevaría más de 9.000 kilómetros. Eso era lo que pensábamos.

La alegría de planificar con los chicos y mi mujer cómo haríamos las distintas etapas del camino. Hasta los sitios, museos y parques nacionales que recorríamos era todo un entretenimiento. Todo el tiempo estábamos pensando cómo haríamos ese ansiado viaje que nos llevó dos años planificarlo.

Todo estaba listo, los chicos sin llevarse materias, mi mujer coordinando sus vacaciones para que encajaran justo con las mías. Yo que conseguí que me dejaran salir un mes completo del laburo. Que fue una tarea titánica con mi jefe. Meses de pelear y casi hasta último momento me hizo padecer con la angustia de “no le doy las vacaciones en enero”, “no se las puede tomar”, “todos esos días son mucho tiempo”. Hasta que un día firmó la licencia y ya no hubo vuelta atrás. El papel lo tenía la Dirección de Personal y era un hecho.

En casa todos saltaron hasta el techo cuando llegué y les largué, “el turro de Pérez me dio las vacaciones”. La alegría fue enorme y hasta hubo festejo y todo. Para esa época los chicos estaban un poco desanimados, en especial Carla, la más chica. Veía que el ansiado viaje por las rutas patagónicas se iba al diablo. Pero no fue así. Aunque todavía estábamos a principios de noviembre y faltaban dos meses largos de preparativos.

Preparativos que incluían al Renault 12 que era el que nos llevaría, a todos, los cuatro, a recorrer esos caminos patagónicos. El 12, o mejor dicho, el Colorado, como lo llamábamos los íntimos, porque de color rojo era la pintura de su carrocería. Como el de las primeras publicidades que lo anunciaban en las revistas en el año 1971. Había que acondicionar al Colorado. Necesitaba blindar el tanque de nafta porque muchos de los caminos eran de ripio.

Incluso buena parte de la Ruta 3 era de ripio y no era cosa que una piedra volara y nos dejara a la vera del camino a leguas de la próxima estación de servicio. En aquellos años las distancias parecían mucho más lejanas que ahora y los servicios en la ruta iban de escasos a nulos. Lo otro era proteger el parabrisas y hasta los faros delanteros.

La cosa que el Colorado quedó listo en poco más de un mes y parecía un auto de rally. Alguno que otro amigo, y pariente, me dijo que exageraba con las protecciones. Pero les decía que íbamos de vacaciones con toda la familia y no era cosa de pasar malos tragos. No sabía la bebida que tomaríamos todos en ese caliente enero.

Los días pasaban en forma lenta para todos nosotros. Ni siquiera la proximidad de las fiestas de fin de año aceleró el tiempo. Vieron que todo se desboca cuando se acerca el 31 de diciembre. Las corridas y la locura van de la mano mezcladas con altas dosis de alcohol. No es nuevo y parece que pasan las décadas, y eso, sigue igual. Luego llega enero y todo se frena. Aunque eso ya no pasa tanto. Ahora en enero pasan cosas para que no nos aburramos los que nos quedamos en la ciudad.

Pero en aquellos años luego del 31 de diciembre el país entraba en un letargo, largo letargo, hasta principios de marzo cuando parecía que comenzaba a despabilarse. La vida se aceleró y esos tiempos no son iguales. Ahora el ritmo es mucho más vertiginoso. Como aquellas calientes vacaciones en el sur argentino.

La idea era partir el 1 de enero muy temprano por la mañana. “No va haber nadie en las calles y en la ruta”, sentencié frente a toda la familia cuando decidimos a que hora y día partir a nuestras ansiadas vacaciones en la Patagonia. Establecimos acostarnos temprano el 31 y no festejar a las doce de la noche, para poder levantarnos a las 6 de mañana y salir una hora después luego de desayunar.

Todo salió como estaba programado. El equipaje listo y cargado, parte en el baúl y la otra repartida en el portaequipajes adosado al techo del Colorado para poder llevar lo necesario para nuestra aventura por el sur argentino. Incluso llevamos una carpa para que pudiéramos pernoctar los cuatro a la vera de alguna ruta aislada o en un parque nacional.

Llevamos la ropa adecuada para soportar las bajas temperaturas que suele hacer por las noches. Pero el verano sería caluroso en todos los sentidos. Algo para nada habitual en aquellas latitudes, pero sucedió. Lo que siempre pensé era por qué nos tenía que pasar a nosotros en nuestro viaje por los caminos de la Patagonia.

La primera parte de la ruta fue como un violín. Pocos autos a ninguno. En las calles del barrio, cuando salimos a las 7 de la mañana, el desierto se había hecho presente. Ni siquiera había perros husmeando los tachos de la basura. Ni un alma. Todo el camino libre para nosotros. Lo mismo cuando tomamos la Ruta 3 en el suroeste del Gran Buenos Aires.

Tranquilos y cantando. Amenizando el viaje con mates y contando chistes. Todo muy relajado porque ya estábamos de vacaciones. En realidad habían comenzado cuando subimos al Colorado. Cada tanto parábamos a hacer el pis de rigor y estirar las piernas. El viaje estaba relajado gracias a que nos turnábamos con mi mujer, Clara, en el manejo del Colorado. Pedro y Carla seguían cantando todas las canciones que se sabían desde chiquitos. Pasamos por “El elefante Trompita” hasta “El auto de papá”. No quedó un clásico infantil sin cantar a lo largo del extenso viaje.

A medida que seguíamos bajando hacia el sur del país comenzamos a escuchar, en la radio del Colorado, noticias un tanto alarmantes sobre incendios forestales. La gran sequía y el intenso calor eran un lindo cóctel caliente. Pero por ahora no afectaba nuestro viaje. Aunque cierta zozobra nos embargó porque ese incendio estaba muy cerca de nuestro camino a recorrer. Esa ruta que habíamos prefijado con tanta anticipación.

Seguimos avanzando hacia nuestro recorrido tan esperado por nosotros cuatro pero nada sería, de ahora en más como lo habíamos soñado. Diría que de sueño pasó a pesadilla en un abrir y cerrar de ojos. Como en una película de acción con un ritmo vertiginoso. Pero después de todo tendríamos algo para contarles hasta nuestros nietos, incluso los nietos de mis hijos.

Ya cuando tomamos la recta más larga del mundo, eso dicen algunos, que atraviesa una parte del sur de la provincia de La Pampa en una zona árida. Las cosas pasaron de claras a oscuras. Ahí el fuego había atravesado la ruta y esta estaba bloqueada. En la desesperación de salvar a la familia hice una mala maniobra con el Colorado y una de las parrillas de la suspensión delantera se rompió. “Sonamos”, pensé para mis adentros. Cómo haría con el fuego a menos de 10 kilómetros y que seguía avanzando hasta donde estábamos varados por un cambio en la dirección del viento.

En eso que estábamos tirados a la vera de la ruta veo a lo lejos algo aparatoso que venía de la zona del incendio. Era una caravana de un equipo de cosecha que también los había corrido el incendio forestal. No hubo necesidad de hacerles señas para que se detuvieran solos lo hicieron al ver el Colorado parado en la banquina.

“¿Qué les pasó?”, preguntó alguien que parecía ser el capataz del equipo. Le conté lo que me había pasado y le pregunté si me podían alcanzar hasta algún sitio fuera de peligro. “Mejor que eso”, me respondió y me llevó para atrás de la caravana donde venía el soldador del equipo. Resulta que un equipo de cosecha no se puede dar el lujo de ir hasta un lugar poblado en busca de un repuesto determinado. Así que suelen repararlos con soldadura hasta encontrar el repuesto determinado y seguir con la tarea de cosechar.

La parrilla delantera del Colorado quedó como nueva, pero soldada. Eso nos salvó del incendio. Al menos en esa oportunidad. No quisieron por ninguna forma que les pagara por la soldadura. “Es una gauchada. Nosotros sabemos lo que significa quedar tirado al lado de la ruta”, me dijo Don Ramón el capataz del equipo.

Saludamos y partimos, la caravana se movía más lenta, pero no por eso menos a salvo del incendio que ya se veía claramente en el horizonte. Según la radio estaba descontrolado y no lo podían apagar. La sequía era grande y el calor reinante peor. Encima el pronóstico del tiempo no anunciaba ningún tipo de lluvia.

Desandamos varios kilómetros en busca de una ruta alternativa que nos llevara, nuevamente, al ansiado sur argentino. Tuvimos que recorrer más de 200 kilómetros para rumbear para el sur. Atravesamos más provincias que las programadas, pero el frente del incendio era de muchos kilómetros. Pero por suerte ya estábamos entrando a la Patagonia, pese al fuego y la rotura de la suspensión.

Todo había vuelto a la normalidad, por ahora. Los paisajes sureños pronto nos hicieron olvidar la situación anterior. Los chicos estaban felices y habían renovado su repertorio de canciones. Ahora ya estábamos en el rock nacional y la consigna era “canten una que sepamos todos”. Algo que nunca se ha escuchado…

Ya estando en la provincia de Neuquén nos enteramos que habían existido algunos incendios forestales, casi en simultáneo, con el que nos tocó vivir en La Pampa. Pero nada grave y todo estaba controlado. Al menos hasta ese momento. Los días posteriores serían muy diferentes. El calor iba en aumento y no por el fuego del bosque, sino por los casi 36 grados que hacía en la ruta. Por momentos parecía que las nieves eternas de las montañas comenzarían a derretirse en cualquier momento. Por supuesto que era una noción que teníamos nosotros y nunca ocurrió.

En una de las rutas neuquinas comenzamos a notar que el tránsito se ponía lento y lo adjudicamos a la gran cantidad de turistas en la zona de los lagos, pero no era eso. La verdad de la milanesa era que un camión cisterna, con acoplado como se usaba en aquellos años, había volcado y derramado todo el combustible. Acto seguido se produjo un incendio forestal. Eso nos enteramos por las personas que estaban varadas en la ruta lo mismo que nosotros.

Más de ocho horas estuvimos arriba de la ruta sin poder movernos. En un momento dado el tránsito se comenzó a mover en ambos sentidos. El fuego había sido extinguido y nos permitían seguir nuestra marcha hacia el sur. Cuando llegamos al lugar del accidente el panorama era desolador todo estaba quemado, con el camión cisterna incluido. Pero noté en el horizonte que el fuego se había expandido hacia la zona de boscosa. No dije nada a la familia para no intranquilizarlos.

Tal vez en ese momento deberíamos haber pegado la vuelta a casa. Eran dos oportunidades cerca del fuego. Esta vez había sido mucho más cerca. Como dice un refrán que repetía mi abuelita: “no hay dos sin tres”. Sabia, la abuelita Marta. Pero no estaba arriba del Colorado para darnos sus consejos de vieja sabia.

Salimos de la ruta principal adentrándonos en el bosque que era parte de nuestro diagramado recorrido. Los chicos y Clara estaban contentos con el paisaje que nos regalaba la naturaleza. Los pájaros, los animales y los árboles nos daban un festín para los ojos. Todo era bello y alegre. Menos las nubes de humo que seguía viendo en el horizonte que se alzaban como una mala señal del destino. El destino suele ser una mala ruta en nuestras vidas, en algunas ocasiones. Esta iba a ser una de esas ocasiones.

Nos seguimos adentrando en el bosque y ya comenzamos a pensar en un lugar donde acampar, ya que era una zona permitida para hacerlo. La noche pronto se haría presente y no era buena idea armar la carpa sin luz natural. En un santiamén bajamos y armamos la carpa en el mejor lugar que encontramos. Parecíamos expertos montañistas en busca de su ansiado trofeo, hacer cumbre en una alta montaña. Pero nosotros éramos pájaros de bajo vuelo, casi al ras del piso.

Una vez instalados Clara nos preparó una deliciosa comida de lata. Recuerden que estábamos de campamento y no había una pizzería cerca. El “delivery” no se inventaba en aquellos años en Argentina. Si lo había era “envío a domicilio”. ¿Por qué todo debe traducirse al inglés? ¿Acaso no tenemos uno de los más bellos y complejos idiomas del mundo? Nunca terminaré de entender eso de querer imponer una lengua extranjera a fuerza de inundar publicidades.

Volvamos al campamento en la Patagonia y nuestro ansiado recorrido por las rutas del sur argentino. La noche fue apacible escuchando los sonidos del bosque. Era un concierto con momentos de un profundo silencio. Con esos sonidos y silencios nos encontró la mañana del nuevo día. Día que nos depararía muchas más aventuras y humo, mucho humo. Eso fue lo primero que noté al salir de la carpa y mientras hacía el primer pis mañanero.

“Esto se está poniendo muy feo”, pensé mirando al cielo y notando cómo el humo cada vez estaba más cerca de nuestro campamento. En ese veo una camioneta de doble tracción que se acerca. Era el guardaparque. Nos venía a alertar del incendio forestal que se estaba acercando muy rápido y que en una o dos horas llegaría a este lugar.

Nos iba a acompañar a un lugar seguro. Los demás acampantes ya estaban en un refugio seguro a unos diez kilómetros al norte. Hacia ese lugar deberíamos partir. Convidamos con nuestro desayuno al guardaparque y una vez listos nos enfilamos detrás de la camioneta hacia el refugio. Pero las cosas no saldrían tan fáciles. Era como si alguien se opusiera a nuestro recorrido en la Patagonia.

En un momento la camioneta del guardaparque se detiene. Se baja y viene hacia el Colorado. “Me acaban de avisar por radio que el camino está atravesado por el fuego”, nos dijo el guardaparque que se llamaba Horacio. “No podemos dar la vuelta”, pregunté. “No. Hacia el sur el camino se bloqueó por el mismo incendio”, respondió Horacio. Ahí nos contó que nos encontrábamos en una especie de ojo, como dentro de un huracán. En dos palabras: estábamos rodeados.

“Lo único que nos queda es seguir hasta donde podamos y avisar por radio para que manden un avión hidrante que nos haga un pasadizo entre medio del fuego”, nos relató Horacio. La opción no era la mejor de todas, pero antes de quedarnos sentamos y rostizarnos le hicimos caso a Horacio.

Marchamos a toda velocidad para ganarle tiempo al frente del incendio que avanzaba sobre nuestra ruta de escape. La adrenalina comenzó a correr por mis venas y la de toda la familia. Los chicos comenzaron a asustarse y las canciones ya no servían para calmarlos. Menos viendo como las llamas se acercaban y comenzaban a rodearlo todo. El Colorado parecía más rojo que de costumbre.

Paramos. Horacio al trote nos avisa que desde el puesto de control del incendio le avisaron que el avión hidrante está en vuelo hacia nuestra posición. Nos cuenta que solo vamos a disponer de unos minutos para atravesar el pasadizo que nos va abrir el agua que descargue en la zona. Solo será un breve tiempo, lo necesario para cruzarlo a toda velocidad sin pensar mucho lo que vamos a hacer.

Horacio se encargó de dejarnos muy en claro que no tendríamos otra oportunidad y lo mejor que nos podía pasar era que el agua nos cayera encima cuando pasara el avión hidrante, eso nos enfriaría por unos instantes. Así que todas las ventanillas cerradas y a poner en funcionamiento el limpiaparabrisas porque sería como una lluvia torrencial.

Cuando terminó de darnos las instrucciones oímos los motores del avión que se aproximaba. “¡En marcha!”, gritó Horacio y salió a la carrera para la camioneta. Efectivamente en dos minutos nos caía una lluvia torrencial. En realidad agua del lago más cercano que había tomado el avión hidrante. Salimos despedidos nuevamente en el camino hacia el refugio.

Humo, mucho humo producto del agua llovida del cielo. Aceleré a fondo al Colorado y lo mismo hizo Horacio con la camioneta. El espectáculo era increíble. Ver cómo ardían los árboles a ambos lados del camino y que el fuego se reanimaba como si nada. Los dos vehículos volaban por el camino. Comencé a notar como se evaporaba el agua sobre el capot y no era por el calor del motor.

Parecía que ese pasadizo que nos había abierto el avión no se acaba nunca. Aunque en realidad no llegaba a un kilómetro de distancia, como nos dijo más tarde Horacio. Pero en ese momento era como si fuese el camino al mismísimo infierno. El calor se hacía sentir en los vidrios y mi temor era que se rompiera el parabrisas. Pero Horacio nos había dicho muy claro, “no abran las ventanillas aunque el calor sea agobiante”. Comenzamos a transpirar como testigos falsos en un juicio. Y eso parecía la situación: el juicio final.

Pero no lo era y por eso les estoy contando esta historia de este lado del túnel, ese que veía Víctor Sueiro. Túnel que se había convertido el pasadizo porque el fuego comenzaba a cruzar lenguas por encima de nuestras cabezas. Detrás el fuego había invadido el camino como si el agua desde el avión no le hubiera hecho nada.

Delante de nosotros la camioneta de Horacio se comenzaba a detener unos cuantos metros por delante. Había salido del infierno del incendio en el bosque y nosotros estábamos en eso. Llegamos unos segundos más tarde. Horacio nos esperó y nos hizo seña para que siguiéramos un poco más adelante para estar totalmente a salvo del fuego. El incendio forestal seguía camino al sur y a esta altura de las circunstancias ya estaba en nuestro campamento nocturno. Si Horacio no hubiera llegado en esos momentos hubiéramos estado al spiedo…

Horacio detuvo la marcha en la banquina del camino y yo hice lo mismo. Paramos justo detrás de la camioneta cuando Horacio se apeaba y venía en busca nuestra. Todos nos bajamos y nos fuimos abrazarnos con Horacio. Los chicos lloraban, en realidad había llorado todo el camino entre el fuego y creo que Clara también lo hizo, pero no podía apartar la vista del camino y de la cola de la camioneta de Horacio.

Todos tomamos una buena cantidad de agua, en parte para festejar que estábamos vivos y en parte para saciar la sed producto del intenso calor que habíamos sufrido en el pasadizo ardiente. Algunas lenguas de fuego había acariciado la cola del Colorado. Sobretodo cerca de la caída del baúl. Se notaban las ampollas en la pintura, nada grave, pero eran marcas de la catástrofe que habíamos dejado atrás.

Nos dimos vuelta, mientras saciábamos nuestra sed hacia el inmenso fuego que ahora estaba totalmente desbocado. “Pensar que esto lo ocasionó un camión cisterna hace dos días atrás”, dijo Horacio. “Es cierto”, le contesté. Y le conté que habíamos estado en el lugar del accidente. “¿Y por qué no dieron la vuelta?”, nos preguntó. “Por qué mi abuelita decía que no hay dos sin tres”, le respondí. Ante la cara de intriga le conté nuestra experiencia en La Pampa. A lo que Horacio acotó “ahora el fuego no los va a molestar más”.

Los chicos y Clara había perdido las ganas de seguir por las rutas patagónicas y a decir verdad el sur de la provincia estaba en alerta roja por el fuego. Así que luego de dos días de descanso en el refugio emprendimos el regreso a casa. Con menos de 3.000 kilómetros recorridos. Pero con vida para contarlo.

Nos tomamos el tiempo del mundo para regresar y volvimos por Mendoza y San Luis. Algo que estaba fuera de programa, pero decidimos improvisar. Igual la pasamos bárbaro y los chicos volvieron a las canciones y el fuego era tiempo pasado.

Al volver a casa nos topamos con Don Francisco el chusma de la cuadra. “¿Qué tal el viaje por el sur?”, nos dijo con una sonrisa socarrona ante el conocimiento de lo sucedido con el incendio forestal. “De diez. Un infierno”, le respondí y me dispuse a entrar el Colorado al garaje.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Sunday, December 28, 2014

La Break del Renault 12

Renault Argentina lanzó, en 1973, al mercado local la versión rural del Renault 12, llamada Break. Así la berlina de cuatro puertas contaba con una versión rural con portón trasero. Hoy diríamos que es un auto de cinco puertas. En el año 1976 se incorpora a la gama de los Renault 12 los modelos TS. Veremos cómo era la Renault 12 Break TS de principios de los años ochenta, a través de un folleto de la empresa francesa radicada en Argentina.

Renault 12 Break TS de los años ochenta vista de frente.
Fotografía tomada de un folleto de la empresa Renault Argentina.


Desde su lanzamiento en el año 1973 la Break del 12 fue muy apreciada por los usuarios argentinos. Incluso tenía mayor capacidad de cargaque su hermano de la marca francesa: la Break 18. También de la mano de VEFRA (Vehículos Especiales de Fabricación Renault Argentina) se construyó una versión ambulancia del Renault 12 Break. Si les interesa conocer cómo era la ambulancia del Renault 12 les dejo el enlace con la nota que habla de los Renault especiales que desarrolló VEFRA para diferentes actividades en Argentina:

El motor que equipaba a la Renault 12 Break TS era el conocido M 1400 de cuatro cilindros en línea, de 5 bancadas, 1.397 centímetros cúbicos de cilindrada con una potencia de 74 CV DIN a 5.500 revoluciones por minuto con una compresión de 9,5:1.

Renault 12 Break TS de los años ochenta vista de ¾ de perfil trasero derecho.
Fotografía tomada de un folleto de la empresa Renault Argentina.

El carburador que alimentaba al motor, con nafta especial, era un Solex de doble bocay el sistema de enfriamiento, por agua, era forzado a presión con vaso de recuperación. El sistema eléctrico era de 12 volts con una batería de 40 amperes por hora con alternador, para la carga, con regulador electrónico incorporado de 38 amperes.

La caja de velocidades era de cuatro marchas sincronizadas más marcha atrás. Las relaciones de las distintas velocidades eran las siguientes: primera, 3,615:1; segunda, 2,263:1; tercera, 1,480:1; cuarta, 1,032:1 y marcha atrás, 3,076:1. El diferencial hipoidal delantero tenía una relación de 3,77:1. El embrague era del tipo monodisco secoa diafragma de accionamiento mecánico.

Detalle de los faros delanteros y traseros de la Renault 12 Break TS
de los años ochenta. Fotografía tomada de un folleto de la empresa Renault Argentina.

Los frenos eran hidráulicos de doble circuito servo asistido con luz testigo, de funcionamiento en el tablero. Las ruedas delanteras tenían freno a disco y las traseras a tambor con válvula antibloqueo sensible a la carga. La dirección era del tipo de piñón y cremallera con una relación de 20:1 y un radio de giro de 5 metros. La columna de la dirección era de seguridad en caso de colisión.

La suspensión delantera era independiente con trapecio articulado con resortes helicoidales con amortiguadores hidráulicos de doble efecto y barra antirrolido. La suspensión trasera era mediante eje rígido de baja inercia auto corrector con barras reactoras longitudinales y triángulo reactor central con resortes helicoidales más amortiguadores hidráulicos de doble efecto con barra antirrolido.

Las medidas de la Break 12 TS eran las siguientes: largo, 4.481 milímetros; ancho, 1.635 milímetros; alto, 1.514 milímetros; distancia entre ejes, 2.441 milímetros, trocha delantera y trasera 1.312 milímetros. El volumen para la carga era de 910 decímetros cúbicos con los asientos en posición normal y de 1.650 decímetros cúbicos con los asientos rebatidos. Los neumáticos radiales eran de la medida 165 SR x 13 pulgadas.

Comparación del espacio de carga de la Renault 12 Break TS de los años ochenta.
Fotografía tomada de un folleto de la empresa Renault Argentina.

Esta versión de Break 12 TS tenía limpia y lava luneta trasera en el portón trasero. Los tapizados podían ser de los colores gris, azul o arena y que se presentaban engamados con las alfombras, paneles laterales, portón trasero, tablero, consola central, cobertura de la rueda de auxilio y recipiente del lava-luneta. Los asientos delanteros presentaban apoyacabezas con cinturones de seguridad y eran reclinables. Los asientos traseros también tenían cinturones de seguridad reglamentarios.

La radio era AM/FM estéreo Multiplex con reproductor de casetes y opcionalmente se podía pedir el aire acondicionado integral. El espejo retrovisor izquierdo, los limpiaparabrisas y el limpia luneta venían pintados de color negro mate. A su vez los marcos de las puertas, el pilar central y los esquineros de las puertas traseras estaban pintados de color gris oscuro.

El tablero, la consola central, el aire acondicionado integral (opcional) y parte de los asientos delanteros de la Renault 12 Break TS de los años ochenta. Fotografía tomada de un folleto de la empresa Renault Argentina.

Otra de las características de la Renault Break 12 TS era su portaequipajes cromadoubicado en la parte trasera del techo, que además contaba con enganches también cromados y barras antideslizamiento pegadas a la superficie del techo. Esto era ideal para llevar bultos no pesados y aumentar la capacidad del equipaje en la parte trasera de la Break 12 TS. El portón trasero venía con dos amortiguadores hidroneumáticos que compensaban el peso para facilitar la apertura y cierre del acceso a la zona de carga de la Renault 12 Break TS.

Como su hermano, el sedan de cuatro puertas, la confiabilidad de su mecánica era su mejor carta de presentación. No en vano fue uno de los autos argentinos mejor vendidos por años en el mercado local. Todavía hoy es posible ver muchas rurales en los caminos de Argentina en sus diversas versiones que se fabricaron en la planta de Santa Isabel en la provincia de Córdoba.

Gracias a un viejo folleto que me enviara la empresa Renault Argentina, en el año 1982, pudimos conocer algunos detalles de la Renault 12 Break TS, de donde tomé las fotografías que ilustran esta nota. Este folleto es una pieza más que integra el archivo de datos e imágenes que alimenta las notas diarias que salen publicadas en Archivo de autos, el sitio de los viejos autos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Thursday, November 13, 2014

El poder del diseño, Renault 12

IKA-Renault presenta en el año 1971 su nuevo modelo: el Renault 12. El año anterior había sido descubierto en las rutas de la Patagonia, al sur de Argentina. En realidad se sabía del automóvil francés mucho antes de su aparición en el mercado argentino.

Publicidad de la revista Panorama de mayo de 1971.


Hoy veremos una publicidad de mayo de 1971 cuando comenzó la campaña de lanzamiento de este nuevo auto que se fabricaba en Argentina. La fotografía de la vieja publicidadfue tomada en una de las salinas que hay en el país. Lo que no recuerdo si era en la provincia de Santiago del Estero o en otro lugar del país.

Hace tiempo que tengo en carpeta esta publicidad doble para compartirla con todos los seguidores de Archivo de autos. Lo que motivó hacerlo ahora fue el comentario de un seguidor, Daniel Perona, que en la última nota sobre el Renault 12 TS hizo mención del micro giro de las ruedas traseras.

Recordé que tenía la publicidad y le dije que cuando pudiera la publicaba. Ahora llegó ese momento y podrán acceder a la publicidad completa donde no solo se habla del micro giro del eje trasero, sino de otras cualidades del Renault 12.

El tema a discutir era si realmente las ruedas traseras tenían algún radio de giro en determinadas curvas y a determinada velocidad. Los seguidores de Archivo de autos tienen los suficientes conocimientos para decirnos si eso era realidad o solo marketing de venta.

Aquel primer modelo de Renault 12 venía con el motor de 1.289 centímetros cúbicos con una potencia de 60 HP y una velocidad máxima de 140 kilómetrospor hora. El consumo, según la fábrica, era de 12 kilómetrospor litro circulando en ruta a 80 kilómetros por hora. Según la publicidad de IKA-Renault el 12 tenía una autonomía de 500 kilómetros, como para ir a Mar de Plata sin cargar nafta.

La vieja publicidad doble apareció publicada en la revista Panorama número 211 del 11 al 17 de mayo de 1971 y corresponde al archivo que diariamente nutre de imágenes, publicidades, folletos y datos técnicos a este sitio dedicado a los viejos autos que supimos conseguir que se llama Archivo de autos. El fin fundamental es dar a conocer a las nuevas generaciones esos autos que tuvieron historia en Argentina y en el resto del planeta.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Popular Posts