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Saturday, April 11, 2015

Un día como todos

Mi vida tenía una rutina que se repetía con una cadencia pasmosa. Todos los días era lo mismo. Despertarme, vestirme, desayunar y salir para el trabajo. El baño lo realizaba en la noche así que tenía una tarea menos durante la mañana. Pero era siempre lo mismo de lunes a viernes, por suerte para mí el sábado no trabajaba. Claro empezaba la rutina del fin de semana. Que ir al club, visitar amigos y el almuerzo dominical en casa de mis padres. Siempre lo mismo hasta que sucedió lo que ahora trataré de contarles. Espero estar a la altura de los hechos.



Por aquellos años tenía un buen trabajo que me permitió comprarme un Peugeot 504 cero kilómetro. Era la envidia de todo el barrio. De un hermoso color celeste metalizado. El que quiere celeste que le cueste, decía mi abuelita. Y vaya si me costó ese 504. No solo me costó sino que me llevó por caminos que nunca imaginé que transitaría.

Todas las mañanas me subía a mi querido, y envidiado, Peugeot y partía para mi trabajo. No estaba muy lejos pero iba en el auto porque mi trabajo era de corretaje y usaba el 504 para visitar los clientes. Ese trabajo además pagaba la mantención del auto. No solo me pagaban un viático sino que se hacían cargo de las reparaciones. Cosas del pasado glorioso y las abultadas ventas de la empresa.

¿Qué vendían se preguntarán? Y la respuesta es vino de mesa. Sí, vino de mesa. Eran años que en las mesas de casi todas las casas había una botella de vino de litro junto al inefable sifón, para asustar al vino, como decía el General. La soda y el vino eran dos compañeros de los almuerzos y cenas de mis clientes. Es decir los clientes de la empresa. Mi tarea no era venderles vino a los consumidores, sino que trabajaba con bocas de expendio y repartidores a domicilio. Eran épocas donde no solo llegaban el lechero y el sodero a las casas de los clientes, sino que pasaba una vez por semana, o más dependiendo de los usos y costumbres, el vinero.

Así que mi 504 tenía muchos litros de alcohol en su haber, sino no lo hubiera podido comprar. Por eso me podía dar el lujo de subirme a mi auto en la puerta de mi casa y marchar hacia mi sustento diario. La empresa tenía una generosa playa de estacionamiento para, nosotros, los vendedores de vino, que todos teníamos autos propios y que la empresa bodeguera se hacía cargo de los gastos.

Eran años donde el tren traía el vino desde Mendoza y se lo embotellaba en las cercanías del Albergue Warnes. Años idos de trenes funcionando a pleno y de una industria vitivinícola que no conocía de cepas o vinos Premium. Era el de mesa o fino y se acabó. Pero las cosas cambian y los noventa nos harían especialistas en vinos. Que esta cepa no, que aquella me gusta más y que se yo cuantas otras cosas.

Una vez que llegaba a la oficina me daban los clientes que tenía que visitar y salía para mi recorrido diario. Esa era la parte algo diferente del día, no todos los días rumbeaba para el mismo lugar, aunque siempre me tocaban los mismos partidos del Gran Buenos Aires. Algunos clientes hasta me daban de almorzar si caía justo a la hora del morfi. Más de una vez comí asado gratis. Todo lo pagaba el vino que vendía.

Era recorrer y vender. Traer las listas de los pedidos, a la oficina, para que las chicas, las empleadas administrativas, fueran las encargadas de armar los pedidos que más tarde saldrían a repartir los camiones y las camionetas que tenía la empresa. Así que a la tardecita volvía a la playa de estacionamiento junto con mi 504. Todos los días lo mismo por varios años.

Pero ese día algo sucedió y no fue ni rutinario, ni normal. Un cambio para la organización semanal que padecía. Como siempre una vez que tuve el listado con los clientes a visitar, saludé a las chicas, con “hasta la tarde” y me dirigí al 504. Subí, como cada mañana, le di arranque y encendí la radio. Mi eterno copiloto en todos esos años que trabajé en la bodega.

Escuchaba el “Fontana Show” algo novedoso en radio por aquellos años. Me hacía compañía mientras manejaba. Después solía escuchar tangos o jazz. Algo que me mantuviera despierto y acompañado. Así estaba cuando sucedió aquello que me cuesta recordar. Han pasado algunos años y me he ido olvidando de algunos detalles, pero no afectan al resto de la historia.

Ese barrio que me tocó aquel viernes era nuevo. Un nuevo cliente al que no conocía y que se estaba incorporando a mi lista compradores de vino de mesa. Iba buscando las calles, eran épocas donde nuestro GPS era la vieja y querida Guía Filcar. Era mirar la calle y mirar de reojo el plano de la guía en el asiento del acompañante. No te podías distraer mucho porque le podías pegar a cualquier auto o peor llevarte puesto un peatón.

En eso estaba cuando apareció el cartelito salvador indicándome que tenía que doblar justo en la esquina para la izquierda. Esa calle me sacaría de ese barrio hacia un lugar más apartado por un camino más desolado. El nuevo cliente quedaba al fondo de las casas de esa localidad, que prefiero no mencionar por los malos recuerdos.

En ese momento por la radio sonaba el tango “Yira-yira” le seguí la letra, que la sabía de memoria, y hasta algún silbido se me escapó por lo bajo. La verdad que el camino hacia mi nuevo cliente se puso desolado en serio. Ni una casa por los alrededores. Solo campo, pero tampoco estaba en medio de la nada. Eran terrenos que por aquellos años estaban baldíos. Ahora son lujosos barrios privados.

Delante de mí el camino hacía una curva de 90º hacia la derecha, con lo cual no tenía visión de lo que me encontraría al salir de la curva. Bajé la velocidad, igual no venía a más de 60 kilómetros por hora, el camino estaba bastante poceado para circular más rápido. Al salir de la curva era de noche. Claro debo decirles que antes de la curva eran las 12 del mediodía y al doblar era de noche cerrada.

No podía creer lo que veía. Por el parabrisas noche cerrada y por el espejo retrovisor el sol del mediodía. “Estoy soñando”, pensé y me encajé una linda cachetada que me dolió como la puta madre. No estaba soñado y en la radio el locutor anunciaba que el tango era “Yira-yira”. Acto seguido presentó el panorama informativo del mediodía.

No podía dar crédito a lo que mis ojos veían por delante: noche cerrada que me obligó a encender los faros del 504. En mi mente una pregunta resonaba: “¿qué hago?”. Todavía hasta el día de hoy no se porque puse primera y avancé. Debería haber hecho lo contrario y salir marcha atrás como si nada hubiera pasado. Pero había pasado y quería saber que era lo que estaba sucediendo. Seguro que ustedes habrán escuchado el refrán: “la curiosidad mató al gato”. Estaba a punto de pasarme.

Pero claro no me mató sino estas líneas las estaría escribiendo desde la computadora de San Pedro, ese señor que tiene las llaves de esa puerta grande, que en estos tiempos que corren tiene de portero a un tal Sueiro. Bromas aparte pensé que la noche no traería nada bueno, al menos esa vez. Pero algo dentro de mí necesitaba conocer que diablos pasaba.

Lo primero fue ponerle los seguros a las puertas. No había cierre centralizado en aquellos años. Había que subir, en el caso del Peugeot, los seguros de las puertas. Lo hice como para darme algo de tranquilidad que no sería nada comparada con la que iba a necesitar de ahora en más.

Comencé a avanzar lentamente como esperando la aparición de un fantasma, un monstruo o el mismísimo demonio. Está de más de decir que nada de eso ocurrió. Mi camino por aquella desolada ruta-camino fue normal. Algún perro suelto olfateando algo y nada más. Una noche serena de otoño. Eso era lo que creía.

Seguí mi camino en busca del nuevo cliente que a esta altura del partido poco importaba llegar temprano, porque ya era de noche. Mi reloj seguía marcando las 12, pero la radio enmudeció de golpe y solo se escuchaba estática. La señal de la radio murió y seguí mi camino despacio pero firme dentro de las circunstancias.

El camino parecía no tener fin y las casas eran muy pocas las que podía ver. A lo lejos divisé una luz azulada. Pensé que era otro auto que venía de frente pero no sería así. Era otra cosa completamente diferente. La luz azul se hizo más intensa hasta que se detuvo, pero yo seguía mi camino y tarde o temprano me enfrentaría a esa luz, fuera lo que fuera.

Y qué fue. Eso es algo que me costó muchos años desentrañar. Todavía suelo despertarme en la noche con esa luz azul en el camino, que no es un programa de radio para camioneros. Nada que ver. Esa luz azul era una especie de nave que flotaba a casi un metro del suelo. Sí, señores como un pequeño plato volador. No había tomado el vino que vendía. Quiero aclararles que soy abstemio, el mejor empleado que una bodega puede tener, seguro que no se chupa lo que vende.

Ahí estaba esa especie de nave flotando en el aire. Por un momento me hizo acordar a los dibujos animados “Los Supersónicos”. Todavía estaba tratando de recuperarme del impacto de ver “eso” flotando cuando salió una persona de adentro y bajó al suelo. Estaba paralizado dentro de mi auto. Ese humano se encaminó hacia el 504. No podía hacer nada del cagazo que tenía.

Lentamente la persona se acercó hasta la ventanilla de mi auto y me hizo señas para que bajara la ventanilla. Mientras se abría el casco que le cubría la cara. Otra sorpresa más. No era él, era ella. Pelirroja y llena de rulos y con unos enormes ojos verdes que dulcemente me preguntaron: “¿Qué carajos haces acá?”. Sabía que todo no podía salir bien era demasiado bueno para ser realidad.

Que esa fémina me trata con el léxico de un camionero me sacó del sopor. Y tartamudeando le expliqué cómo había llegado hasta donde me encontró y trató con esa cortesía que parecía emanar de su ser. Comenzó a decirme una serie de cosas que no lograba entender. Pero una palabra me devolvió un rapto de cordura. Esa palabra fue “portal”. “Pará, ¿qué dijiste?”, le pregunté a la pelirroja.

Como no entendía que era lo que le preguntaba le dije que había dicho “portal”. “Claro. El que atravesaste. No deberías estar en este lugar. Ni siquiera me tendrías que haber visto”, dijo la pelirroja un tanto enojada. Lo cual le quedaba perfecto. Salvo que podía putear como un camionero del Dock.
Sin muchas más explicaciones me dijo que no podía quedarme en ese lugar. “Perfecto. ¿Cómo hago para volver a mi recorrido que tenía antes de atravesar ‘eso’?”, le pregunté con cierto fastidio. “Ahora no se puede. Tendrás que esperar una semana. Hasta que se vuelvan a dar las condiciones”, me dijo muy seria.

“Ahora me seguís que te voy a llevar a un lugar seguro”, me ordenó. Así fue como el 504 y yo seguimos a una nave que flotaba hasta lo que parecía ser una base de operaciones de tipo militar. La cara de los tipos que estaban ahí cuando llegué con el 504. No los podía sacar de encima del auto. Preguntaban de todo. “Es un Peugeot 504 modelo 1971 de lujo de color celeste metalizado con un motor de ciclo Otto de cuatro cilindros en línea con una cilindrada menor a los dos litros”, escupió la pelirroja para mi total asombro.

Se dio vuelta y me miró desafiante y dijo, “¿No es cierto”? “Cada palabra”, le dije. Un aire triunfante se dibujó en su cara y dejó a todos sus compañeros con la boca abierta. “Seguime”, me volvió a ordenar. Le dice caso, era de temer la pelirroja. Aunque debo reconocer que su retaguardia estaba muy bien, al igual que su delantera. Pero no eran momentos de piropos, estaba en territorio hostil.

Me llevó a una oficina donde todo lo que podía reconocer estaba suspendido del suelo. Parecía como si la ley de gravedad no se cumpliera en ese lugar. “Ponete cómodo que ahora te traigo un café”, dijo y se perdió en una de las puertas. Las primeras palabras amables de la colorada. Trajo el café, que entre paréntesis estaba exquisito.

Se sentó delante de mí y con sus enormes ojos verdes y sus rulos saltarines me puso al tanto de mi situación. Al cruzar del mediodía a la noche había atravesado un portal del tiempo. Ahora estaba en el año 2473, es decir tan solo había saltado 500 años. Me quise morir. ¡Qué iba a decir mi jefe cuando no llegara al laburo a la tarde!

Ella era la encargada de custodiar ese portal del tiempo que les estaba dando problemas y no era el primer visitante inesperado del pasado. Su principal pasatiempo era conocer los viejos vehículos que se habían utilizado en la antigüedad, por eso que conocía tan bien al 504. No solo de ese auto sabía, conocía todos los autos de mi época presente, claro que ahora eran del pasado remoto.

Su nombre era Alba y ella se encargaría de devolverme a mi tiempo real. Mientras tanto me haría conocer algo del futuro, no mucho para no alterar mi tiempo. Pero las cosas nunca salen como uno espera y esa semana en el futuro cambiaría para siempre nuestras vidas.

Alba no era para nada dura. Esa noche que nos topamos, más que nos conocimos, estaba muy presionada por sus superiores. Ese portal del tiempo les estaba trayendo muchos problemas y había que resolverlo pronto. Durante la semana me mostró algunos avances que eran incomprensibles para mí y que nunca vería por más que viviera 100 años.

Pero lo que sí que entre nosotros se formó un fuerte vínculo. No precisamente amor, como un enamoramiento. Sino que Alba quería conocer el pasado, es decir mi presente. Hablamos mucho de costumbres, comidas, cultura y autos. Sobre todo de autos. Alba era una apasionada por los autos viejos. Ahora le dicen clásicos, pero cuando yo era joven eran cero kilómetro.

La semana pasó rápido y después de todo no la pasé nada mal, menos en compañía de Alba. Una hermosa mujer que muchos, en mi presente, darían lo que no tienen por conocer. Una noche justo a la semana que sucedió mi pasaje al futuro volvimos al mismo lugar para que pudiera regresar a mi tiempo. La despedida fue con abrazos y llantos de parte de Alba, parece que terminé de caerle bien pese al encuentro accidentado una semana antes.

Me subí al 504 y marché por el mismo lugar que vine. Alba se quedó en medio del camino agitando su mano. Era una lástima no la volvería a ver nunca. ¡Con lo que me gustan las pelirrojas! Pero debía regresar a mi tiempo y ella a seguir con su tarea de cuidar ese portal del tiempo. Nuevamente de este lado la noche y del otro, sin más trámite, las 12 del mediodía.

¿Quién me va a creer esta historia? Pensaba mientras trataba de encontrar ese maldito nuevo cliente, aunque ya había pasado una semana y seguro que me habían despedido del laburo. Pero las sorpresas nunca se acaban, como la cosecha de las mujeres, en especial las pelirrojas. Volví al mismo lugar de donde había partido y lo que me lo confirmó fue la radio que nuevamente anunciaba el panorama informativo luego del tango “Yira-yira”.

No lo podía creer había estado una semana en el futuro, y había sido una semana porque me había afeitado y el pelo me había crecido, pero para mi presente no había pasado ni un minuto. Muchos años pensé en contar lo que me había sucedido, pero nunca me animé para que no me tomaran por loco. Cómo habría explicado lo del portal del tiempo y de naves, o autos, que flotan en el aire y demás adelantos tecnológicos de 500 años para adelante en el tiempo.

Volví a mi rutina diaria y por mucho tiempo no pensé en nada más que mi trabajo. Pero vieron como es la vida, nos lleva por caminos que no elegimos, ni siquiera pensamos en transitar. Seguí mi vida y cada tanto me acordaba de Alba de sus rulos saltarines y esos enormes y bellos ojos verdes. Eso era el mejor recuerdo que podía albergar en mi mente y solo para mí.

Un día como todos estando en la cola del banco escucho una voz, que me resultó conocida. “¿Todavía tenes el 504?”, dijo esa voz de mujer a mis espaldas. Habían pasado más de 40 años y el 504 todavía estaba conmigo. Al darme vuelta para ver quién me preguntaba me topé con unos ojos verdes y unos rulos saltarines.

Si, era Alba. “¿Qué carajos haces acá?”, le dije. “Así no se trata a una dama”, me respondió. “Bueno vos me trataste así la primera vez que nos vimos”, le dije. “Estaba muy presionada”, me contestó Alba. “Nunca te olvidé”, me dijo con esos ojos verdes que eran un remanso en medio del banco. “Yo tampoco”, le dije. Al verla bien noté que estaba con ropa del presente. Así que deduje que no había llegado de improviso o había conseguido la ropa en el futuro.

Efectivamente la ropa la había tomado “prestada” de un museo de su presente allá 500 años más adelante. “Vine a verte”, me dijo con una sonrisa que hubiera derretido el témpano con el que chocó el Titanic. Yo también me derretí por dentro y la invité a tomar un café en el bar de la esquina. “Y tu trámite en el banco”, me dijo Alba. “Puede esperar, no 500 años, pero puede esperar”, le respondí.

Alba se había quedado enganchada con mi visita al futuro y no había podido olvidarme. Tanto que violó algunas leyes para poder llegar hasta mi presente. Lo tenían prohibido en su rango. Otros si nos visitaban pero de incógnitos sin nunca darse a conocer. Eran los que mejor conocían el pasado y venían a estudiarlo. Para eso se aprovechaban de los portales del tiempo. En su presente había logrado ubicar a esos portales y podían conocer de antemano cuando se abrirían, incluso a que hora.

“Yo ya soy un viejo”, le dije a Alba. “Y eso que importa”, me respondió. Alba parecía ser la misma joven mujer que había conocido en aquella noche de 1973. “El tiempo pasa diferente de donde vengo. Además vivimos muchos años más que en este tiempo”, me respondió. “Soy más vieja que vos, aunque no lo parezca”, me dijo Alba. Estaba por cumplir los 90 y parecía una mujer de 30.

Cada vez entendía menos. “No solo volví para verte”, me dijo Alba. “Vine también para que me enseñes a manejar el 504”, me soltó. Me puse a reír. “¿Qué te causa gracia?”, me preguntó. Entonces le dije que pase el tiempo que pase el encanto de manejar un clásico nunca desaparece. Se rió conmigo y esa mañana de otoño se iluminó para siempre.

Ahora una vez por semana Alba se escapa de su tiempo y viene al mío para que le enseñe a manejar el Yeyo. Así que si ven a un viejo al lado de una pelirroja despampanante en un Peugeot 504 celeste metalizado no digan nada. Saluden si quieren. Somos Alba y yo en el Yeyo con las clases de manejo del presente para alguien que vive en el futuro. Simplemente un día como todos o al menos eso aparenta.

Mauricio Uldane

Pueden leer todos los relatos publicados en el blog de Archivo de autos en este enlace: http://archivodeautos.blogspot.com.ar/p/relatos.html


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Friday, March 13, 2015

El Peugeot 504 del año 1969

Durante el año 1969la empresa SAFRAR (Sociedad Anónima Franco Argentina de Automotores) presenta, en el mercado argentino, el Peugeot 504. Pronto se convertiría en un automóvil muy apreciado por su andar y el confort de su habitáculo. Sería por muchos años un auto muy valorado por todos aquellos que tuvieron la suerte de manejarlo.

Peugeot 504 de 1969 fabricado en Argentina por SAFRAR.


Tanto éxito tuvo el Peugeot 504 en Argentina que se lo fabricó durante 30 años, entre 1969 y 1999. La gran cantidad de unidades fabricadas lo llevaron a posicionarse en segundo lugar, detrás del Ford Falcon, en el mercado argentino.

Varias fueron las versiones que se construyeron, hasta una versión diésel, muy apreciada por los taxistas de todo el país. También tuvo sus triunfos en el ámbito deportivo en especial el 504 TN que logró muchas victorias en las diferentes competencias que se desarrollaron en el país.

Pero hoy vemos la transparencia del primer modelo fabricado en la planta de la localidad de Berazategui que tenía la empresa SAFRAR. Aquel primer 504 con los dobles faros delanteros, en cambio de usar los faros trapezoidales que luego le conoceríamos. Los argentinos tuvimos la suerte de conocerlo a tan solo un año de lanzado en su país de origen: Francia.

El motor que tuvo aquella primera versión era de 1.657 centímetros cúbicos con una potencia de 87 HP a 5.600 revoluciones por minuto. Al igual que sus hermanos 403 y 404 también tenía el techo corredizo. El detalle que distinguía a los automóviles Peugeot del resto de los modelos y marcas fabricados en Argentina.

Mucho se puede decir de este auto que se ganó el corazón de muchos argentinos y todavía hoy, en pleno siglo XXI, podemos verlos circular por las calles y rutas del país como si los años no le hubieran pasado. Incluso con rediseños en la cola y la trompa que fueron aprobados por la misma casa Pininfarina que lo viera nacer en sus tableros de dibujo, faltaban años para el uso de la computadora.

El dibujo con la transparencia del Peugeot 504se lo debemos en una parte a un viejo folleto de la empresa SAFRAR, que se ofrecían en las concesionarias de la marca, y por otro lado a que mi padre los rescatara del olvido, y del encierro de un viejo maletín que estuvo guardado por unos cuantos años. Hoy podemos disfrutar de aquel viejo y querido Peugeot 504, el Yeyo para los íntimos.

Para los que estén interesados en conocer más datos técnicos del Peugeot 504 del año 1969les dejo el enlace de una nota, ya publicada, de Archivo de autos:

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Sunday, January 4, 2015

Peugeot 504, otro león en la calle

SAFRAR (Sociedad Anónima Franco Argentina de Automotores) presentó a mediados del año 1969su nuevo modelo: el Peugeot 504 que fuera diseñado por Pininfarina. Así se sumaba al conocido 404 que hacia nueve años que se lo fabricaba en el país. Este auto era moderno para el mercado local, solo había pasado un año de su presentación en Europa.

Peugeot 504 presentado por SAFRAR a mediados del año 1969. Fotografía gentileza de Viejas Automundo: http://viejasautomundo.blogspot.com.ar.

El Peugeot 504 tal vez fue uno de los autos argentinos con mejor andar y comodidad interior que se fabricó localmente. Muchos usuarios recuerdan su 504, o todavía lo tienen y no lo cambian por nada. Fue uno de los autos argentinos más vendidos, para ser exacto el segundo más vendido, detrás del Ford Falcon con 491.961 unidades, según ADEFA(Asociación de Fábricas de Automotores), entre los años 1969 y 1999.

Muchas versiones tuvo el Peugeot 504, pero hoy veremos la primera que se lanzara al mercado argentino con los dos faros delanteros redondos con lámparas de iodo. Ese primer modelo se ganaría rápidamente la atención de los argentinos y se lo consideraría como un excelente automóvil.

Vista del ¾ de perfil trasero izquierdo del Peugeot 504 presentado por SAFRAR a mediados
del año 1969. Fotografía gentileza de Viejas Automundo: http://viejasautomundo.blogspot.com.ar.

El motor era de cuatro cilindros en línea, inclinado 45º hacia la derecha, con una cilindrada de 1.657 centímetros cúbicos con una potencia de 87 HP a 5.600 revoluciones por minuto. El diámetro de los cilindros era de 85 milímetros y la carrera de los pistones de 73 milímetros. El cigüeñal tenía 5 bancadas y la relación de compresión era de 7,85:1. En líneas generales el motor era similar, en este caso, al del Peugeot 404.

La caja de velocidades era de cuatro marchas hacia adelante y marcha atrás con la palanca ubicada en la columna de dirección. Habría que esperar la palanca al piso en las versiones más deportivas. El embrague era del tipo monodisco seco y el diferencial era del tipo sin fin y corona, similar al del 404.

Baúl del Peugeot 504 presentado por SAFRAR a mediados del año 1969.
Fotografía gentileza de Viejas Automundo: http://viejasautomundo.blogspot.com.ar.

Los frenos eran hidráulicos de doble circuito con disco en las ruedas delanteras y de tambor en las traseras. La dirección era del tipo de cremallera. Las suspensiones eran similares al Peugeot 404 que era independiente en las ruedas delanteras tipo Mc Pherson y con eje rígidoen las ruedas traseras con resortes helicoidales y amortiguadores hidráulicos.

Las medidas del Peugeot 504 eran las siguientes: largo, 4.490 milímetros; ancho, 1.690 milímetros; alto, 1.460 milímetros; distancia entre ejes, 2.740 milímetros; trocha delantera, 1.420 milímetros y trocha trasera, 1.330 milímetros. El peso en el orden de marcha era de 1.134 kilogramos.

SAFRAR probó por más de 60.000 kilómetros unidades del Peugeot 504 antes de lanzarla al mercado argentino con el fin de adaptarlo a los caminos y las condiciones climáticas del país. Muchas veces estos autos europeos eran mejorados con respecto a su país de origen. Lo que pasa que las condiciones de los caminos eran malas y muchos autos fabricados bajo licencia eran más reforzados que sus lugares de origen, como que solían llevar motorizaciones más potentes por una cuestión del mercado interno. Alguna vez tendré que escribir una nota al respecto y contar cómo la industria automotriz argentina de antaño era de mayor calidad de lo que pensamos.

Motor del Peugeot 504 presentado por SAFRAR a mediados del año 1969.
Fotografía gentileza de Viejas Automundo: http://viejasautomundo.blogspot.com.ar.

El nuevo Peugeot 504 fue lanzado en el año 1969en dos versiones: de lujo y de súper lujo. La primera a un valor de 1.682.000 pesos moneda nacional y la segunda versión a 1.822.000 pesos moneda nacional. El de lujo se ofrecía en los colores blanco Bariloche, azul Caribe y rojo amarante. Los 504 pintados de este último color venía tapizado en cuero pain doré, mientras que los otros dos colores se ofrecían en cuero rojo o pain doré. Por su parte la versión de súper lujo venían pintados de color blanco Bariloche, beige Tobago y celeste sideral. Los pintados en el último color solo traían tapizado de cuero negro, en cambio los otros dos colores su tapizado podía ser de cuero negro o blanco.

El baúl era bastante grande para un auto del segmento mediano y esto se notaba por tener la rueda de auxilio por debajo del piso, del lado externo. A diferencia del Peugeot 404 que la tenía en forma vertical del lado derecho. También las butacas delanteras anatómicas eran un avance con respecto a los modelos de la competencia. Durante muchos años el 504 no fue un automóvil barato y se encontraba en una gama media con respecto a su precio de venta. Incluso eso se notará en el futuro con la demás versiones, y motorizaciones, que se ofrecerán en el mercado argentino. No fueron 30 años de fabricación en vano. Caló muy hondo en el sentir de muchos argentinos, pero como siempre, habrá personas que no les guste su línea de la carrocería, como si el valor final de un automóvil solo sea la parte estética. Hemos conocimos, en todo el mundo autos feos, pero de una noble que muchos lindos envidiarían por décadas de fabricación.

Hoy vimos la primera versión del Peugeot 504, pero no será la última con transcurrir de los meses, y las notas publicadas, en esta sección: “Auto argentino”, conoceremos, o recordaremos, otras versiones del 504 que trajeron tantas satisfacciones a sus propietarios. Las fotografías que ilustran esta nota del Peugeot 504 son una gentileza del sitio Viejas Automundo que pueden leer en el siguiente sitio: viejasautomundo.blogspot.com.ar.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Thursday, August 21, 2014

Un auto francés muy recordado

El Peugeot 504 ha sido a lo largo de los años, que se lo fabricó en Argentina, un automóvil muy apreciado por sus bondades mecánicas. Durante muchas décadas fue considerado como de lo mejor que se fabricó en el país. Hoy veremos una vieja publicidad que nos trae la primera versión argentina.

Publicidad de la revista Autoclub de octubre de 1970.


SAFRAR (Sociedad Anónima Franco Argentina de Automotores) lanza al mercado argentino el Peugeot 504 en el año 1969. Desde un comienzo el auto de origen francés logró cautivar a una parte de público comprador. Si bien en los primeros años fue un automóvil caro para el bolsillo de muchos argentinos, también fue el desvelo de varios.

Muchos soñaban con tener uno y algunos lo consiguieron. El andar y la comodidad del 504 eran envidiables, incluso para autos más grandes que este mediano francés. Pero supo ganarse el corazón de muchos argentinos a fuerza de confiabilidad mecánica y sereno andar.

Cuando muchos años más adelante en el tiempo salió la versión diésel, algunos estaban horrorizados, y decían cómo un auto del prestigio del Peugeot 504 tenía un motor diésel como corazón. Claro eran los comienzos de los gasoleros de alta gama y eso producía algunos rechazos.

Quienes nunca rechazaron la versión diésel del 504 fueron los taxistas que le sacaron el jugo a este noble automóvil. Se lo mantuvo muchos años en producción y todavía algunos lo extrañan en el mercado local.

Recuerdo que un compañero de trabajo me contó que su cuñado, que era taxista, quería comprar un cero kilómetro en los años noventa y tuvo que comprar un Peugeot 504 porque era el único en el cual no tocaba el techo con su cabeza. Eso se llamaba habitabilidad, cosa que el 504 siempre sacó felicitado.

Hoy recordamos el viejo 504 a través de una publicidad publicada en la revista Autoclub del mes de octubre de 1970 y es otra de las piezas que integran el archivo personal de datos e imágenes que nutre diariamente a Archivo de autos, ese sitio que se dedica a rescatar los viejos autos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Sunday, April 27, 2014

La primera pick-up 504

A principios del año 1981, más precisamente en el mes de abril, la empresa Sevel Argentina SA (Sociedad Europea de Vehículos para Latinoamérica) lanzó la primera versión de la camionetao pick-up del Peugeot 504 en respuesta a la invasión de utilitarios importados que ingresaron a Argentina cuando se abrió la importación de automóviles en 1979.

La Peugeot 504 pick-up de 1981 presentaba en abril de ese año.
La fotografía es de la revista Su Auto número 17 del mes de  mayo de 1981.


La respuesta de Sevel Argentina fue esta primera versión de la camioneta del 504 con faros convencionales en la trompa y con dos versiones de motores: naftero y gasolero. El motor impulsado por nafta era el mismo que equipaba al sedán de cuatro puertas y el gasolero también era el que montaba la versión diésel del 504.

Ambos motores eran de cuatro cilindros en línea. La versión de lujo venía con aire acondicionado, radio estéreo AM/FM, calefactor, pintura metalizada, alfombras moquete y cinturones de seguridad inerciales. Lo que si la palanca de cambios estaba al volante como en las versiones más estándar del Peugeot 504.

Perfil de Peugeot 504 pick-up de 1981 presentaba en abril de ese año.
La fotografía es de la revista Su Auto número 17 del mes de  mayo de 1981.

Las versiones que Sevel Argentina disponía en el mercado local eran las siguientes: una de casa rodante, dos de furgonetas, una de ambulancia y hasta diseñaron un microómnibus de 14 plazas Todas las versiones montadas sobre la caja de carga. Por supuesto que estaba la versión normal de cabina simple y caja de carga con una capacidad de carga de 920 kilogramos. Una diferencia a simple vista era que las ruedas presentaban cinco tornillosa diferencia del automóvil que todavía traía tres tornillos.

La versión casa rodante de la Peugeot 504 pick-up de 1981 presentaba en abril de
ese año. La fotografía es de la revista Su Auto número 17 del mes de  mayo de 1981.

El motor naftero era el Peugeot XM-7 de 1.796 centímetroscúbicos de cilindrada y una potencia de 77 CV DIN a 5.100 revoluciones por minuto. Mientras que el motor diésel era el Indenor XD-2 con una cilindrada de 2.304 centímetroscúbicos con una potencia de 70 CV DIN a 4.500 revoluciones por minuto. La bomba mecánica que alimentaba este motor era de inyección indirecta.

La caja de cuatro velocidades hacia delante era la conocida BA-7, que también usaba el 504 berlina. El diferencial era hipoidal con la posibilidad de pedir el diferencial autoblocante como opcional.

La versión ambulancia Peugeot 504 pick-up de 1981 presentaba en abril de ese año.
La fotografía es de la revista Su Auto número 17 del mes de  mayo de 1981.

Las dimensiones de la pick-up 504 eran las siguientes: largo, 4.778 milímetros; ancho, 1.710 milímetros; alto, 1.540 milímetros; distancia entre ejes, 3.000 milímetros; despeje, 230 milímetros. El peso en la versión naftera era de 1.175 kilogramos y en la diésel de 1.235 kilogramos.
Las diferentes versiones de carrocerías eran entregadas directamentepor la empresa Sevel Argentina, sin intermediarios de terceros carroceros. Así el potencial cliente se llevaba una camioneta de fábrica. En el lanzamiento en abril de 1981 las autoridades de Sevel Argentina mencionaron que en un futuro existiría una versión 4 x 4 de la pick-up 504. Pero no recuerdo que hubiera tal producto en el mercado argentino. Tal vez la hubo solo por pedido y para empresas privadas o estatales, como ocurrió con algunos vehículos de la empresa IKA (Industrias Kaiser Argentina SA).

El interior de la Peugeot 504 pick-up de 1981 presentaba en abril de ese año.
La fotografía es de la revista Su Auto número 17 del mes de  mayo de 1981.

La camioneta Peugeot 504 fue la respuesta de Sevel Argentina a la oleada de vehículos similares que se importaron al país, en especial desde Japón. Si bien fue presentada en abril de 1981 no entró en producción hasta mayo del mismo año. Las cifras, de ADEFA (Asociación de Fábricas de Automotores), nos cuentan que en el año 1981 se fabricaron 490 unidades de la versión nafteray 172 de la versión diésel. Ese mismo año, en junio, se dejó de producir la pick-up Peugeot 404en su versión diésel, que fue reemplazada por la 504.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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