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Sunday, January 18, 2015

Rambler en versión taxi

Varias empresas automotrices argentinas ofrecieron a los taxistas porteños versiones de los automóviles que fabricaban localmente. En modelos más estándar y con menos oropeles que sus hermanos más lujosos. Hoy veremos la versión del Rambler Classic Taxi que la empresa IKA(Industrias Kaiser Argentina SA) lanzara al mercado en junio del año 1966.

Rambler Classic de Luxe Taxi del año 1966 fabricado por IKA.


La primera unidad del Rambler Classic de Luxe Taxi se presentó el 10 de junio de 1966 en la sede de la Asociación de Propietarios de Taxis en la Dársena “D”, Sección “B”del puerto de la ciudad de Buenos Aires. La presentación la organizó la concesionaria Plaza de Mayo Automotores SA de la empresa IKA.

La versión Taxi del Rambler presentaba algunas diferencias con sus hermanos de gama. Para empezar tenía un diferencial semiflotante hipoidal con una relación 4,09:1. Además el embrague era de trabajo pesadoy el radiador era extra dimensionadocon una mayor capacidad de enfriamiento. Para ello contaba con ventilador tipo tropical de 7 palas. Se completaba con frenos de potencia.

El motor era el Tornado OHC (Over Head Camshaft, árbol de levas a la cabeza), 230 por las pulgadas cúbicas, con una cilindrada de 3.770 centímetros cúbicos con una relación de compresión de 7,5:1. El filtro de aire era especial con elemento de nylon.

La recarga de la batería se hacía por un alternador y estaba provisto de lavaparabrisas. En el tablero tenía indicador de freno de estacionamiento y en el interior del habitáculo había luces de cortesía. También se proveía de cenicero y encendedor. Era años donde el fumar todavía no estaba mal visto como en este siglo XXI.

El tapizado era de tela vinílica lavable símil cuero en colores gris y negro. Los asientos eran reforzados para poder aguantar los constantes pasajeros transportados. En la parte trasera se podían apreciar dos agarraderas longitudinales ubicadas en el techo para comodidad de los pasajeros. En la puerta del conductor, del lado interno, había un bolsillo porta documentos.

Los amortiguadores hidráulicos eran de acción directa y doble efecto. También tenía revestimiento asfáltico y los neumáticos eran de la marca Goodyearmodelo Cushion. Por último la carrocería venía pintada en color negro embajada. Eso para los elementos estándar que traía de fábrica.

Pero había opcionales que eran frenos a disco en las ruedas delanteras, calefactor y desempañador, radio con parlante de ubicación delantera, imagino que estaría ubicada sobre el tablero y antena, luces de marcha atrás, cristales marca Solex y por último un lujo asiático para mediados de los setenta en Argentina: aire acondicionado.

Quisiera saber cuántos porteños tomaron un taxi en la ciudad de Buenos Aires, en el año 1966, con equipo de aire acondicionado. Creo que si hubo circulando unidades con los dedos de una mano alcanzaba para la cuenta total. Recuerdo cuando era muy chico haber visto alguno que otro taxi, en el barrio de Recoleta, con la leyenda “aire acondicionado”. Pero eran moscas blancas en el tránsito porteño.

IKA ofrecía un sistema de venta financiado del Rambler Classic de Luxe Taxi que constaba de pagar el 30% del automóvil y financiar el resto en 30 cuotas mensuales. Además la garantía era de 30.000 kilómetros. Creo que en menos de un año se iba al diablo esa garantía.

Vimos una versión de taxi de un automóvil no tan habitual de encontrar en las calles porteñas, pero existió, como otras marcas y modelos que se ofrecieron, desde fábrica, para ser adquiridos por los taxistas de la ciudad de Buenos Aires. La fotografía fue tomada de la revista Coche a la Vista! del mes de julio del año 1966 y que integra el archivo de datos e imágenes de Archivo de autos, el sitio de los viejos autos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación o publicidad de ningún tipo.

Friday, October 10, 2014

La Respuestita del Sábado

El auto de Volkswagen para el año 2000


El auto de la incógnita semanal era de la marca Volkswagen y esta semana no hubo ganadores.

Volkswagen Auto 2000 presentado en el año 1983 en Buenos Aires.


En el marco de la Feria de Cooperación Técnica Argentino-Alemana, llamada Ferial ’83, se presentó el Auto 2000 de la empresa Volkswagen. Eso fue en marzo del año 1983 y la muestra se realizó en el Centro Municipal de Exposiciones, que estaba al lado de la Facultad de Derecho sobre la Avenida Figueroa Alcorta en la ciudad de Buenos Aires.

Este concept car era un desarrollo de los alemanespara experimentar con diferentes materiales y nuevas tecnologías que se aplicaban a los automóviles. La idea no era producir en serie este auto sino probar algunos de sus componentes para aplicarlos en los autos de serie en un futuro mediato.

Muchos de los adelantos tecnológicos los veríamos en los automóviles de los años venideros, pero para el año 1983, cuando se realizó la muestra, sonaban a película de ciencia ficción. Dado el material que tengo sobre el Auto 2000 de Volkswagen merece que le dedique una nota completa. Así que el próximo martes 21 de octubre saldrá una nota sobre los adelantos tecnológicos que tenía este concept car, como sus características técnicas del modelo que llegó a ser exhibido en la ciudad de Buenos Aires.

La fotografía que nos sirvió para jugar fue publicada en la revista Su Autonúmero 36 del mes de abril de 1983.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Friday, September 12, 2014

Un auto chico para el amor

Los más viejos, o más usados, como decía alguien que conocí, recodarán Villa Cariño. Ya veo una sonrisa dibujada en sus caras. ¡Picarones! Lo recuerdan bien al barrio en esa zona boscosa de Palermo en la ciudad de Buenos Aires. Muchos tuvieron sus primeros escarceos amorosos en esa zona de la ciudad allá por los sesenta. Esta semana, el chiste, hace referencia a ese lugar.

Chiste de Góngora publicado en la revista Parabrisas número 81.


Villa Cariño fue el nombre popular que recibió una parte de los bosques de Palermo en la ciudad de Buenos Aires donde los jóvenes, y no tanto, llevaban a sus respectivas parejas para pasar un “buen rato”. Esto lo aclaro para las nuevas generaciones, que tal vez, no conocieron Villa Cariño. Las costumbres cambian y las sociedades siguen su curso.

Tal vez algunos fueron engendrados en Villa Cariño y no lo saben. Esas personas tienen una comunión con los autos muy grande. No cualquiera fue concebido por sus padres en la parte trasera, o delantera, del habitáculo de un automóvil.

Pero los protagonistas de nuestro chiste semanal parece que no tuvieron suerte en las lides amatorias, más si iban a bordo de un estrecho Messerschmitt, como le reclama la señorita, a su novio, desde el asiento trasero de la moto cabina.

Un chiste que trajo a mi memoria, y a la de ustedes también, esa zona amatoria, por excelencia, de Buenos Aires por muchos años. Muchos pibes conociendo que pasaba en el lugar iban para molestar a las parejas entregadas en las manos de la diosa Venus. Que no por nada un canal de cable lleva su nombre.

Espero que el recuerdo, a través, de un inocente chiste les trajera momentos de juventud allá en el fondo de las décadas pasadas. Además de estar muy vinculado a los viejos autos que supimos conseguir.

El chiste de Góngorafue publicado en la revista Parabrisasnúmero 81 del mes de septiembre de 1967.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Saturday, June 21, 2014

El viaje del Hupmobile

Los caminos no eran lo que son, en especial, en la década del veinte. Viajar de la ciudad de Mendoza a la ciudad de Buenos Aires era toda una travesía que demandaba días de dura marcha. Hoy veremos cómo un Hupmobile lo hizo en el año 1923.

El Hupmobile en una de las etapas de la travesía de Mendoza a Buenos Aires el año 1923. 
La fotografía apareció publicada en la revista Autoclub del mes de febrero de 1976.


Un 25 de noviembre de 1923 un Hupmobile al mando de Romeo Maestri salía de la ciudad de Mendoza con rumbo final hacia la ciudad de Buenos Aires. Como copiloto fue Alfonso Thomé, mecánico de profesión, que era el encargado de mantener en condiciones operativas al Hupmobile.

El Hupmobile era un modelo con capota que realizaría el trayecto de más de 1.000 kilómetrosde huellas, porque de caminos ni hablar en aquellos años de una insipiente red caminera. Muchos de estos osados pilotos fueron los que marcaron el camino para que se trazaran futuras rutas.

El comienzo del raid se realizó a la una de la madrugada de ese 25 de noviembre y el primer objetivo era alcanzar San Luis de la Punta de los Venados, primera etapa del largo camino que emprendió la dupla Maestri-Thomé. El primero de la dupla se había asociado al Automóvil Club Argentino (ACA) en mismo año de 1923 y ostentaba el número de socio 359.

La meta no solo era llegar a la ciudad de Buenos Aires sino del VI Salón del Automóvil que se realizaba por aquel momento. Volvamos con los viajeros que estaban a punto de atravesar el río Desaguadero. Un incendio había destruido el puente sobre el río así que una yunta de caballos fueron los encargados de cruzar al Hupmobile hacia la capital puntana.

Luego de pasar por la ciudad de San Luis, capital de la misma provincia, las etapas fueron las siguientes: Justo Daract, Laboulaye, en la provincia de Córdoba, Colón, ya en la provincia de Buenos Aires, Pergamino, San Andrés de Giles y para finalizar en la ciudad de Buenos Aires.

Los arenales en la provincia de San Luis obligaron a la dupla Maestri-Thomé a usar la pala y ramas de jarilla. La fotografía apareció publicada en la revista Autoclub del mes de febrero de 1976.

Para el año 1976 Romeo Maestri contaba con 82 años de edad y tenía una pila de anécdotas sobre lo ocurrido en este arriesgado viaje de Mendoza a Buenos Aires. Pero, según palabras de Maestri, lo que les pasó en Colón superó todos los sucesos del viaje.

“Pero nada superó a lo que nos pasó en Colón. Cenábamos con Thomé cuando se acercó a nuestra mesa un hombre que nos ofreció sus servicios como conocedor de la zona; nosotros, con el apuro de llegar a Buenos Aires, dispusimos partir una hora después. Eran una noche de tormenta y los faros de carburo no alcanzaban a horadar la oscuridad. Marchábamos entre barro y cortinas de agua, subiendo y bajando terraplenes, como podíamos. Así anduvimos toda la noche, hasta que con las primeras luces del alba aparecimos cerca de un pueblo importante. Nos cruzamos con una vecina y le hicimos la pregunta de rigor: ¿en qué pueblo estamos? Entonces, la increíble respuesta: Colón. En ese momento mi mecánico agitó la manija del auto y la emprendió a golpes contra el despistado guía”, contaba en el año 1976, Romeo Maestri.

En la tercera etapa, en Justo Daract y Laboulaye, el mal estado del camino, que es la actual ruta nacional 7, los obligó a demorarse mucho más de lo previsto en sus cálculos. Pero debieron esforzarse mucho más para llegar hasta Colón en medio de una tormenta. Luego vendría la cena y viajar en círculos, con el “baqueano”, para retornar a Colón.

Luego de enfilar hacia Pergamino, la próxima etapa del viaje, siguieron por caminos que no eran nada transitables. Como cuando, por el barro reinante, no lograron acertar con el puente del río Arrefices y fueron a dar a su cauce. Se salvaron de milagro lo mismo que el Hupmobile. Reacondicionaron el auto y siguieron raudos hacia San Andrés de Giles.

Allí pusieron al Hupmobile en condiciones para que luciera bien a su llegada a la ciudad de Buenos Aires. Un mediodía, para ser exactos a las 13 horas, del día 10 de diciembre de 1923 arribaron al VI Salón del Automóvil que se celebraba en la ciudad de Buenos Aires. Los visitantes no daban crédito al Hupmobile, que cubierto de polvo y barro había realizado la hazaña de unir a Mendoza con Buenos Aires en 14 días de duro trayecto.

En Luján, provincia de Buenos Aires, el Hupmobile, se topó con un pantano que estaba seco por suerte para los tripulantes. La fotografía apareció publicada en la revista Autoclub del mes de febrero de 1976.

Romeo Maestri y Alfonso Thomé fueron recibidos como héroes en el VI Salón del Automóvil junto al ya legendario Hupmobile. Descansaron y se recuperaron de la dura prueba que habían realizado en el viaje. Una vez repuestos, ambos hombres, regresaron a Mendoza. Una vez de vuelta en los pagos pusieron a punto el Hupmobile para realizar un nuevo viaje.

Esta vez el objetivo era ir y volver a la provincia de San Juan. Lo lograron y se convirtió en el primer viaje en automóvil en unir las ciudades de Mendoza y San Juan. El Hupmobile y su tripulación pasaron a la historia del automovilismo argentino. Un lugar para unos pocos aventureros por aquellos primeros años.

Pero la actividad de Romeo Maestri no concluyó en estos viajes sino que fue uno de los pioneros en señalizar los caminos de la cordillera a Chile y a Calingasta en la provincia de San Juan. También, esos pioneros, hacían nivelar los caminos de Mendoza con aportes propios para que estuvieran en condiciones de transitabilidad. Además Maestri fue miembro de la delegación del ACA en Mendoza por varios años y hasta que en 1930 recibió una medalla de oro por su dedicación a incorporar nuevos socios a la entidad.

Las fotografías del Hupmobile fueron tomadas de la revista Autoclub número 83 del mes de febrero de 1976, publicación que es el órgano de prensa del ACA y que se les envía a cada uno de los socios de la institución.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Saturday, May 17, 2014

Las balizas de Buenos Aires

Aquellos que tienen más de 50 años recordarán los pilotes que protegían los semáforos de las avenidas de la ciudad de Buenos Aires. Según la Municipalidad de Buenos Aires protegían a los peatones, donde había semáforos puestos en el centro de la calzada. Para la municipalidad porteña eran balizas y para los automovilistas obstáculos que podían causar la muerte.

Uno de los tantos accidentes ocasionados por las balizas de la ciudad de Buenos Aires.
Fotografía de la revista Parabrisas número 65 de mayo de 1966.


La revista Parabrisas desde sus primeros números sostuvo una postura que esos pilotes, o balizas, eran un peligro y solo estaban para proteger los semáforos, nuevos integrantes de las calles porteñas. A su vez los municipales porteños sostenían que esas balizas eran una defensa para los peatones que cruzaban la calzada.

Lo cierto era que la Municipalidad de Buenos Aires comenzó a colocar semáforos en las avenidas de la ciudad en el centro de la calzada. Por aquellos años las avenidas del macro centro de la ciudad de Buenos Aires eran de doble mano. Hoy muchas avenidas porteñas han recuperado ese doble sentido.

Un viejo automóvil dañado por una de las primeras balizas porteñas instaladas sobre
la calzada de la Avenida Santa Fe. Fotografía de la revista Parabrisas número 14 de enero de 1962.

Los primeros semáforos se comenzaron a expandir en el transcurso de la década del sesenta. Pero esos primeros semáforos porteños se colocaban en el centro de las avenidas y no en las esquinas o en forma aérea, como ahora. Según los funcionarios municipales era más costosa la segunda instalación.

Para proteger los semáforos les colocaron pilotes en las avenidas y en un principio ni siquiera tenían luz que indicara su presencia en el medio de la calzada. Esto ocasionó más de un accidente automovilístico y algunos casos produjeron la muerte de los ocupantes del automóvil.

Un Ford Zephyr y un Jeep IKA accidentados en sendas balizas.
Fotografía de la revista Parabrisas número 41 de abril de 1964.

Los funcionarios encargados de la Dirección de Tránsito aseguraban que esas balizas, como las llamaban, era para proteger a los peatones en los cruces donde se habían instalados los respectivos semáforos. Pero resulta que había cruces peatonales que no contaban con estas peligrosas balizas.

Desde un principio la revista Parabrisas hizo una campaña para erradicar estas balizas de la ciudad de Buenos Aires. Peleas mediante con la municipalidad por algunos años la instalación de estas balizas se siguió aplicando en la ciudad de Buenos Aires. Tanto que otras ciudades del país copiaron el sistema. Así las ciudades de Córdoba y Mendoza, por citar dos ejemplos, tuvieron balizas semejantes con accidentes similares.

A la derecha pilote destruido con el que chocó Julio Sosa. A la izquierda el pilote repuesto
al otro día del accidente. Fotografía de la revista Parabrisas número 51 de febrero de 1965.

Los funcionarios municipales defendían su postura manifestando que los automovilistas porteños tenían conductas desaprensivas que terminaban en choques con las balizas. Lo cierto era que las balizas estaban tan solidamente asentadas en el pavimento que podían destruir hasta un colectivo.

Las fotografías que acompañan esta nota histórica son testimonio de cómo quedaron muchos automóviles en accidentes con estas balizas. Hubo una que produjo la muerte del cantor de tangos Julio Sosa. Más allá si Sosa estaba alcoholizado o si conducía con exceso de velocidad, de no existir esa baliza sobre la Avenida Figueroa Alcorta, Sosa, no hubiera muerto.

La Rambler Cross Country chocó en la localidad de San Isidro, provincia de Buenos Aires,
y murieron tres personas. Fotografía de la revista Parabrisas número 45 de agosto de 1964.

La instalación de los semáforos en la ciudad de Buenos Aires trajo sus problemas. Los automovilistas se tuvieron que acostumbrar a su funcionamiento y también los peatones. Pero eso no encausó tan rápido el tránsito porteño. Como peatón sigo sufriendo en carne propia la falta de conocimiento de la ley de tránsito que rige en todo el territorio de la República Argentina.

¿Cuántos automovilistas siguen desconociendo que un peatón tiene prioridad de paso en una esquina, tenga o no semáforo, cuando gira un automóvil? Parece ser que los automovilistas no logran entender que los peatones tienen el paso. Hoy en pleno siglo XXI sigue pasando y es mi pelea personal cuando salgo a caminar por la ciudad de San Miguel. Las puteadas que reciben los automovilistas de mi parte son incontables.

Hasta los colectivos fueron víctimas de las balizas de Buenos Aires como este Bedford de la línea 9 que perdió el tren delantero y su chofer quedó herido. Fotografía de la revista Parabrisas número 45 de agosto de 1964.

También es cierto que muchos peatones no respetan ni cruces, ni semáforos, ni esquinas a la hora de cruzar por los lugares indicados. Pero son los que llevan lo peor en el caso de producirse una colisión entre automóvil y peatón. Amo profundamente a los automóviles, pero hay automovilistas que sacan de mí lo peor que tengo adentro.

Imagino toda esa situación en los inicios de poner en marcha una norma nueva de tránsito con viejas prácticas arraigadas por décadas. Pero han pasado 50 años y los peatones no son respetados, pero tampoco ellos respetan las señales de tránsito o las normas vigentes. Por su parte los automovilistas parecen tener siempre derecho de paso o vivir con un eterno apuro que los lleva a alguna parte.

Una baliza en una avenida de la ciudad de Mendoza. El ejemplo de Buenos Aires 
comenzaba a ser copiado. Fotografía de la revista Parabrisas número 48 de noviembre de 1964.

Creo fervientemente que la única manera de poner algún orden es con educación vial, como me enseñaron en la escuela primaria. Hagan una prueba entre sus allegados y pregunten que significa la señal de PARE. Se pueden llegar a sorprender con las respuestas. Más de una vez he escuchado “reducir la velocidad”. PARE quiere decir detener la marcha total del vehículo que conducimos y además tiene prioridad de paso los vehículos que circulan en forma transversal desde nuestra derecha.

El problema de las balizas de la ciudad de Buenos Aires se resolvió cuando el Concejo Deliberante emitió una ordenanza que prohibió la instalación de los pilotes en las calles de la ciudad. También porque se comenzaron a instalar semáforos en las esquinas y aéreos, ya sea colgados en los cruces de las calles o por medio de columnas.

Un intento de colocar balizas de aluminio y con pintura reflectante.
Fotografía de la revista Parabrisas número 54 de mayo de 1965.

Uno los primeros partidos del Gran Buenos Aires que comenzó a instalar semáforos aéreos fue Lanús en la localidad de Remedios de Escalada sobre la Avenida Pavón. Lo que demostraba que se podía realizar sobre las avenidas de la ciudad de Buenos Aires. También hubo un intento de colocar balizas más blandas realizadas en aluminio y con pintura reflectante.

Porque ese fue uno de los graves problemas de esas balizas y era que muchos automovilistas se topaban con ellas ante una maniobra de sobrepaso o para evitar un accidente. La nula o pobre iluminación hizo el resto. Cuando se las dotó de luz, en algunos casos fue para peor, porque terminaban encandilando a los conductores.

Una toma aérea de la disposición de las balizas en una avenida de la ciudad de
Buenos Aires. Fotografía de la revista Parabrisas número 44 de julio de 1964.

El ordenamiento del tránsito en cualquier país del planeta es una necesidad a la hora de lograr encausar el flujo de los vehículos que circulan por las calles, avenidas, autopistas, autovías o rutas. Máxime cuando la producción de automóviles en Argentina puso en la calle durante el año 2013 casi un millón de nuevos vehículos.

El tránsito en todo el mundo se ha vuelto un problema y es hora de comprender que paulatinamente comenzarán las restricciones en las grandes ciudades a la hora de transitar con automóviles, en especial los de tamaño mediano a grande. Será hora que los habitantes de esas grandes ciudades nos volquemos al transporte público, a andar en bicicleta o simplemente a caminar. Lo que refleja claramente que el tema es complejo y no tiene una solución mágica y menos aún aislada en una región metropolitana.

El semáforo de la fotografía estaba ubicado enfrente del estadio River Plate sobre la Avenida Figueroa Alcorta. Cuando se optó por colocar un semáforo aéreo los accidentes desaparecieron. Fotografía de la revista Parabrisas número 65 de mayo de 1966.

Tal vez lleve tiempo pero será algo a resolver por varias vías de lo contrario sacar el automóvil a la calle, en un día laboral, será una tortura o un embotellamiento permanente. De alguna forma se tendrá que regular el tránsito en las grandes ciudades. Pero insisto que son soluciones en conjunto y no fórmulas mágicas.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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